Ficha técnica

Título: Estética del Polo Norte | Autor: Michel Onfray | Traducción: Delfín G. Marcos  | Editorial: Gallo Nero | Colección: Narrativas | ISBN: 978-84-1652920-9   | Páginas:160 | Formato: 14 x 19 | Precio: 18,00 euros  | 

Estética del Polo Norte

GALLO NERO

«En medio del campo donde plantábamos patatas, con el incesante gorjeo de las alondras de fondo, le pregunté qué lugar elegiría si de repente un genio se cruzase en su camino para hacer realidad el viaje de sus sueños. «El Polo Norte», me respondió. Yo apenas tenía diez años. Debía rondar esa edad cuando, una noche de verano, delante de la puerta de casa, mi padre me señaló la presencia titilante de la estrella polar, que no duerme, que permanece fija en el cielo y sirve al navegante para no perder jamás el rumbo.

Por su ochenta cumpleaños, le regalé un viaje a la Tierra de Baffin, más allá del círculo polar -en el Polo Norte. Estas páginas cuentan la parte visible».

Estética del Polo Norte es un diario de viaje, una filosofía del frío y una meditación sobre los males de la civilización. Onfray reflexiona sobre el espacio, la naturaleza pero también sobre la nostalgia. Un texto denso, lírico e inteligente donde el autor asume su filosofía objetiva y silenciosa.
Homenenaje
Fidelidad
Mi padre nunca ha salido de Chambois, el pueblo normando en el que nació un 29 de enero de 1921; nunca ha manifestado el deseo, las ganas o la intención de hacerlo; nunca le he oído maldecir su suerte o rebelarse contra ella; nunca lo he sorprendido codiciando algo; nunca ha renegado de su condición de jornalero, aunque lo haya condenado a la miseria; nunca lo he visto resentido por cómo funciona el mundo, por el papel modesto, subordinado, sin voz, taciturno, que juega la gente de campo, abocada por su trabajo al agotamiento, al cansancio, a la extenuación.
     En medio del campo donde plantábamos patatas, con el incesante gorjeo de las alondras de fondo, le pregunté qué lugar elegiría si de repente un genio se cruzase en su camino para hacer realidad el viaje de sus sueños. «El Polo Norte», me respondió. Yo apenas tenía diez años. Debía rondar esa edad cuando, una noche de verano, delante de la puerta de casa, mi padre me señaló la presencia titilante de la estrella polar, que no duerme, que permanece fija en el cielo y sirve al navegante para no perder jamás el rumbo. 
     Por su ochenta cumpleaños, le regalé un viaje a la Tierra de Baffin, más allá del círculo polar -en el Polo Norte-. Estas páginas cuentan la parte visible.
     A mi padre, por lo tanto.

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