Ficha técnica

Título: Estética de lo peor | Autor: José Luis Pardo | Editorial: Barataria | Colección: Pasos perdidos | Género: Ensayo | ISBN: 9788492979080 | EAN13: 9788492979080 | Páginas: 384 | Formato:  13 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica |  PVP: 21,00 € | Publicación: 2011

Estética de lo peor

BARATARIA

A lo largo del siglo xx, en el camino iniciado por las vanguardias, la belleza y el arte se convirtieron para sus propios creadores en algo sospechoso. El placer estético no podía responder a la contemplación de la belleza; el arte debía mostrar lo negativo, lo siniestro. Pero en ese intento de superar el divorcio entre el arte y la vida, de responder a lo inhóspito de nuestro mundo, no sólo se ha desterrado la belleza canónica, también se ha institucionalizado el arte como mercancía y espectáculo de masas.

En los últimos treinta años los problemas que habían sido durante siglos objeto de reflexión, que hasta entonces constituían la clave del debate político y de la historia, se han  ido desplazando «desde el terreno del entendimiento hacia el de la sensibilidad […] y la estética se ha convertido en la ideología de una época  que presume de no tener ninguna».

Estética de lo peor es una reflexión que abarca aspectos teóricos -como la aparición del artista moderno o la extensión del tiempo productivo en el capitalismo a la vida privada y al consumo-  y analiza temas tan variados como El amigo americano, Picasso y el arte maorí o la obra de El Roto. Esta pluralidad de enfoques ofrece una visión de conjunto sobre el sentido del arte en un mundo en el que, en lugar de representar un principio de libertad, se va viendo progresivamente reducido a una forma de intercambio más en el mercado.

 

A MANERA DE PRÓLOGO
(o de la controversia mantenida entre dos canes del Hospital de la
Resurrección sobre las relaciones entre el arte y todo lo demás) 

BERGANZA -Existen dos nociones distintas de «arte»: una noción «burguesa» que considera como arte aquello que está institucionalizado como tal en una esfera completamente separada de la vida (los diferentes panteones de las bellas artes); otra es una noción más «popular», que entiende por arte el modo de estilizar la vida y, por tanto, algo realizado en la vida. La prueba de que esta escisión es típicamente burguesa es que, antes de la época de hegemonía de la burguesía, una misma palabra –techné, ars– designaba todas aquellas actividades que los hombres llevan a cabo para hacer habitable la tierra, es decir, para edificar la Ciudad. Lo interesante de un momento como el que vivimos es, a mi modo de ver, que el ostensible desgaste de la Estética (es decir, de las instituciones que mantienen esos panteones de las bellas artes) está conduciendo a un desinterés público por las artes en sentido burgués y a un interés cada vez más marcado por la consecución de estilos de vida propios, incluso aunque este fenómeno esté sometido a todo tipo de perversiones por parte del «mercado», la «moda», etcétera Incluso los propios artistas, desde la época de las vanguardias, no han dejado de rechazar el «arte»…

     CIPIÓN -Es una idea interesante, y sobre todo consolatoria. Si el arte se reduce a la cuestión de los «estilos de vida», entonces cualquiera puede ser artista. No me extraña que sea, como usted dice, algo «popular»…

     BERGANZA -¡No tergiverse mis palabras! Tener un estilo de vida propio nada tiene que ver con ser un gran artista o un genio. Esa idea del «gran artista» y del «genio» es precisamente el corazón de la noción burguesa del arte: todos sometidos al embrujo del «artista», es el procedimiento de sumisión al poder, al líder carismático, el único que puede hacer, mientras los demás se limitan a contemplar.

     CIPIÓN -Efectivamente. Pero hay una diferencia: el líder carismático es justamente el que hace de su vida una obra de arte, el que crea su propio estilo de vida…

     BERGANZA -… al que los demás han de adaptarse por la fuerza. ¿No habría que democratizar ese poder?

     CIPIÓN -Desde luego, pero déjeme seguir: el líder carismático hace de su vida una obra de arte, crea su propio estilo y lo impone a los demás por la fuerza precisamente porque está de acuerdo con usted en que el arte ha de realizarse en la vida y no quedarse en los libros ni en los museos; el artista, por muy genial que sea, no impone a nadie ningún estilo de vida, al contrario, realiza una obra que, precisamente por ser «obra de arte», nadie confundirá jamás con la vida (a no ser los niños…). En cambio, cuando usted habla de democratizar el poder del líder carismático, ¿se refiere también a democratizar el poder de imponer a otros por la fuerza un estilo de vida?

     BERGANZA -Obviamente, no. Me refiero a la libertad de cada cual a elegir -digo más, a crear- su propio estilo de vida.

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