Ficha técnica

Título: Estamos bien en el refugio los 33 | Autor: Francisco Peregil | Prólogo: Javier Pérez de Albéniz | Editorial: Libros del K.O. | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-939336-1-6 | Páginas: 238 |  PVP: 16,20 € | Publicación: 10 de Octubre de 2011

Estamos bien en el refugio los 33

LIBROS DE K.O.

Cuando, por fin, tras 17 días de incomunicación, los 33 mineros chilenos atrapados en el interior de la mina San José lograron mandar un mensaje a la superficie, dieron al mundo un ejemplo de precisión periodística: «Estamos bien en el refugio los 33». Podían haber escrito un mensaje agónico, un grito desesperado, pero eligieron unas palabras cargadas de vitalidad.

En lo hondo de la mina, 700 metros bajo tierra, se fraguó una insólita sociedad de supervivencia. Hubo quien asumió el papel de líder, quien alimentó espiritualmente a sus compañeros y quien se encargó de dosificar la escasa comida que quedaba. Y, mientras, en la superficie, a ritmo de reality, millones de espectadores conocieron los amoríos y las desgracias de cada uno de estos 33 hombres forzados a convertirse en héroes.

«A veces, en medio del flujo de información constante, aparece una historia memorable que exige su tiempo y su espacio para ser narrada. Uno se queda con la impresión de que puede convertirse en mejor persona con solo dedicarle la atención que merece» (Francisco Peregil).

 

INTRODUCCIÓN
Una historia memorable 
 
 Cada mañana nos instruye sobre las novedades del mundo.
A pesar de eso, somos pobres en historias memorables.

Walter Benjamin
 
Entre el 5 de agosto y el 14 de octubre de 2010 se vivió en el desierto chileno de Atacama una historia cuyo relato tal vez perdure a lo largo de varias generaciones. Fue la odisea de 33 mineros por volver a sus hogares durante una pesadilla que se prolongó más de 1.600 horas en la oscuridad, a 700 metros bajo tierra.Era también la carrera agónica de los ingenieros más expertos del país, las compañías mineras públicas y privadas más potentes. los psicólogos y médicos de la zona asesorados por los científicos de la NASA… 700 personas luchando por sacarlos de aquel infierno lo antes posible.
 
   Primero fue preciso que un puñado de hombres arriesgaran sus vidas cuando la mina San José se acababa de derrumbar y era como un volcán echando polvo y humo. Alguien se tuvo que amarrar a una cuerda y meterse doscientos, trescientos, cuatrocientos, quinientos metros bajo tierra. Alguien que conocía ese agujero como si hubiera nacido dentro de él guio a los propios rescatadores o rescatistas, como se les llama en Chile: una, dos, tres y hasta cuatro veces. Hasta que la mina estuvo a punto de tragárselo a él y a los 30 profesionales del salvamento.
 
   Entonces hubo que echar mano a los sondajes: unas inmensas inyecciones rebuscaron en el interior de la montaña como si fueran la prolongación de las uñas de los ingenieros y los familiares de los mineros. Era como lanzar balas de plata de 14 centímetros de diámetro a 700 metros de profundidad. Había que buscar el refugio o el taller, donde se suponía que estaban, pero sin apuntar hacia ellos, porque las sondas se iban desviando cuanto más bajaban. Para llegar a la Puerta del Sol había que disparar hacia la Plaza de Cibeles.

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