Ficha técnica

Título: Era cuestión de ser libres. Doscientos años del proyecto liberal en el mundo hispánico | Autores: Xavier Reyes Matheus y Miguel Ángel Cortés || Editorial: Turner | Colección: Noema | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-7506-573-1| Páginas: 122 | Formato:  14 x 22 cm.| Encuadernación:  Rústica con solapas |  PVP: 14,00 €

Era cuestión de ser libres

TURNER

Liberal e hispánico no son términos que suelan ir asociados. Sin embargo, tanto en la América hispanohablante como en España el liberalismo ha sido, al menos desde 1812, un eje de pensamiento político y una asignatura pendiente que quizá haya llegado el momento de aprobar.

¿Doscientos años mas tarde dónde están hoy los liberales españoles? ¿Y los liberales peruanos, o los argentinos o los mexicanos? ¿Se oyen sus propuestas? Poco, porque se sobrepone el griterío de las consignas. De ahí que en este breve tratado sobre el liberalismo se haya optado por alzar la voz, por hablar poco pero hablar claro, y por refutar algunos lugares comunes, ciertos prejuicios y más de una tontería. El resultado es un verdadero manual de uso del pensamiento liberal condensado y una invitación a darle espacio a la libertad y a recuperar un concepto de ciudadanía que dignifica y vincula el espíritu político del mundo hispánico.

 

PREFACIO

En este libro aparecerá muchas veces la palabra con la que se pretendió dar sentido a los fenómenos sociales y políticos que sacudieron Occidente entre los siglos xviii y xix: libertad. Se trata, sin duda, de un concepto problemático, que ante todo aconseja huir de cualquier interpretación fundamentalista. El ser humano está determinado por factores de todo tipo (físicos, psicológicos, geográficos…), y por más que su voluntad pueda empeñarse en vencerlos, lo inexorable de la muerte sigue pendiendo sobre sus proyectos y decisiones como un límite fatal. Atendiendo a esto, solo el discurso religioso está en condiciones de prometer una libertad plena, y nada menos que todo un Dios sería necesario para garantizarla. Libera me, Domine, se pide en las oraciones de la misa de difuntos, y en el canto del Te Deum se dice que Cristo vino al mundo «para liberar al hombre rompiendo las cadenas de la muerte».

    Lo que toca a las doctrinas políticas, en cambio, cae del lado del más acá, en el mundo visible en el que se relacionan las personas vivas. Es allí, y por el hecho mismo de la convivencia, donde se da la tensión entre los deseos de cada individuo y la necesidad que todos tienen de sujetarse a las imposiciones de la vida colectiva, con su diversidad de opiniones, de criterios y de voluntades. Frente a este conflicto de intereses pueden propo nerse distintas soluciones. La más esperable y primaria es seguramente el enfrentamiento dirigido a sojuzgar al otro, salvando así las capacidades de unos a costa de restringir las de todos los demás. Las formas de gobierno que se conocían desde la Antigüedad no eran sino presentaciones de esa relación de fuerzas definidas por la proporción de los que se imponían: monarquía, si era uno; aristocracia, si eran pocos; democracia, si era la mayoría. En cualquier caso, la lógica era la de un poder que se levantaba sobre una porción oprimida de la sociedad.

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