Ficha técnica

Título: Envidia| Autor: Yuri Olesha | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 149 | Género: Novela | Fecha de edición: Febrero de 2009 | ISBN: 978-84-96834-93-4|  Formato: 13 x 21 cm | Precio: 17 € | Páginas: 200  | Encuadernación: Rústica cosida

Envidia

ACANTILADO 

 

Andréi Bábichev es un ciudadano ejemplar. Orgulloso director de una fábrica de alimentos que quiere dotar de salchichas a las masas proletarias, ha asumido con entusiasmo la creación del Nuevo Hombre socialista. El azar lo lleva una noche a conocer a Nikolái Kavalérov, borracho y haragán que acaba de ser expulsado de una taberna. Andréi lo invita a vivir en el sofá de su casa, pero su gesto fraterno apenas atemperará el odio teñido de envidia que este refunfuñón y anárquico representante de la libertad siente hacia su benefactor: «Lucho … por la ternura-reprochará más tarde a Bábichev-, por la inspiración, por la personalidad … por todas las cosas que trata de aplastar usted, «hombre admirable»». En apariencia crítica con la vieja mentalidad «burguesa» (recibió en su día los aplausos de una miope crítica oficial), Envidia es una sátira punzante, vertiginosa y magistral en favor de la libertad.

 

I

Por la mañana canta en el baño. Os podéis imaginar la jovialidad de este hombre, la salud de la que goza. El deseo de cantar brota en él de forma involuntaria. Esas canciones suyas, en las que no hay melodía ni palabras, sino sólo un «ta-ra-rá» entonado a voz en grito, en diferentes tonalidades, pueden interpretarse así:

«¡Cómo me gusta vivir…! ¡Ta-rá! ¡Ta-rá! Mi intestino es elástico… Ra-ta-ta-ta-ra-rí… Los jugos fluyen dentro de mí correctamente… Ra-ta-ta-du-ta-tá… Contráete, intestino, contráete… ¡Tram-ba-ba-bum!».

Cuando sale por la mañana de su dormitorio y pasa por delante de mí (yo me hago el dormido) para ir a la puerta que conduce a las entrañas del apartamento, al baño, mi imaginación se va tras él. Oigo el estruendo en el pequeño retrete, demasiado estrecho para su voluminoso cuerpo. Su espalda roza con la parte interior de la puerta después de cerrarse bruscamente, sus codos chocan con las paredes y agita las piernas sin parar. En la puerta del baño está fijado un cristal mate de forma ovalada. Él gira el interruptor, y el óvalo, iluminado por dentro, se convierte en un maravilloso huevo opalescente. Veo, en mi imaginación, ese huevo que cuelga en la oscuridad del pasillo.

Pesa casi cien kilos. Hace poco, mientras bajaba una escalera, se percató de que los pechos le temblaban al ritmo de sus pasos. Por eso ha decidido añadir una nueva serie de ejercicios a su tabla de gimnasia.

Es un magnífico espécimen del género masculino.

Habitualmente no hace gimnasia en su dormitorio, sino en la habitación sin uso específico donde me alojo yo. Es más espaciosa; en ella hay más aire, más luz, más sol. El fresco penetra por la puerta abierta del balcón. Y además hay un lavamanos. Trae una esterilla de su dormitorio. Va desnudo hasta la cintura; lleva unos calzoncillos de punto que se abrochan con un botón en medio del vientre. El mundo azul y rosado de la habitación gira en la lente nácar del botón. Cuando se tiende boca arriba sobre la esterilla y comienza a levantar las piernas por turnos, el botón no resiste. Su ingle queda al descubierto. Una ingle magnífica. Una tierna mancha rojiza. Un rinconcito vedado. La ingle de un industrial. Una vez vi una ingle así, de la misma cualidad mate de la gamuza, en un antílope macho. Una mirada suya, y las corrientes del amor se desatan entre las chicas que trabajan para él, sus secretarias y dependientas.

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