Ficha técnica

Título: Enviada especial | Autor: Jean Echenoz |  Traducción: Javier Albiñana | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativasPáginas: 256 |  ISBN: 9788433979773
| Precio: 19,90 euros  | Código: PN 945 | Fecha: marzo 2017 |

Enviada especial

ANAGRAMA

Por las páginas de esta novela asoman, entre otras muchas cosas, un secuestro, un general conspirador y su secuaz, una moderna Mata Hari, una vieja gloria del pop a la que acecha un pasado oscuro, un atracador vengativo, un hombre misterioso con una mancha en la cara en forma de mapa de Nueva Guinea, un asesinato, un dedo amputado y un complot contra Corea del Norte.

Jean Echenoz, después de su muy singular trilogía biográfica sobre figuras del siglo XX y su incursión en la Guerra del 14, regresa por la puerta grande a aquello que lo consagró como escritor: el juego con los géneros literarios. Y nos regala esta novela de espías que es a la vez un pastiche, una parodia y una deconstrucción de la novela de espías. Y, por encima de todo, una aventura literaria trepidante y muy divertida, con esa ironía de reojo tan característica del autor.

Enviada especial pone en funcionamiento una trama rocambolesca que se desarrolla con la precisión de un mecanismo de relojería y nos lleva de París a Corea de Norte. Echenoz mezcla pop con maquinaciones internacionales, incorpora gotas de pulp y noir, lanza guiños hitchcockianos y referencias al imaginario -pop de nuevo- que crearon las deliciosas películas de agentes secretos de los años sesenta y setenta. Y pone en escena los temas centrales del género: el engaño, la mentira, la manipulación, la simulación, las medias verdades, la suplantación, el doble juego…

«Divertida, amena y sutilmente irónica. Jean Echenoz demuestra estar en plena forma» (Bernard Pivot).

«Echenoz regresa a su territorio original: la trama policiaca con despliegue geográfico, paródica, caótica, cinematográfica, lúdica, irónica y cómica. Retoma el espíritu de La aventura malaya y se nos presenta en plena forma… Príncipe del absurdo, es nuestro novelista más divertido y al mismo tiempo el más inquietante» (Jérôme Garcin, Le Nouvel Observateur).

«Los malvados, la razón de Estado y la geopolítica se mezclan en esta novela con la parodia de las películas de espías… Echenoz se divierte y crea complicidad con el lector» (Véronique Rossignol, Livres Hebdo).

«Reformula con una nueva libertad algunos de los grandes temas que son el eje de su obra… Enviada especial tiene el tempo de una novela de acción» (Florence Bouchy, Le Monde).

«Trabaja con mecanismos de alta precisión, divinamente concebidos, manejados con la minuciosidad de un relojero suizo y engrasados con un humor altamente metafísico de ecos chaplinescos… La «máquina de la ficción» de Echenoz es en esta novela más que nunca una incomparable fábrica de sortilegios» (Nathalie Crom, Télérama).

«Maravillosa parodia de las novelas de espías» (Marianne Payot, L’Express).

«Una cumbre del delirio cómico» (Gérard Lefort, Les Inrockuptibles).

 

I

 

     Quiero una mujer, profirió el general. Lo que necesito es una mujer, desde luego.

     No es usted el único que se halla en esa situación, le sonrió Paul Objat. Ahórreme sus reflexiones, Objat, se crispó el general, no quiero bromas al respecto. Un poco de compostura, santo Dios. La sonrisa de Objat se eclipsó: Le ruego que me disculpe, mi general. No se hable más, dijo el oficial, meditemos.

     Falta poco para el mediodía. Ambos hombres meditan, sentados a una y otra parte del escritorio metálico verde, viejo modelo reglamentario con cajones tras el cual se sienta el general. Tan sólo ocupan el tablero de ese mueble una lámpara apagada, un paquete de puritos Panter Tango, un cenicero vacío y un vade de papel secante muy antiguo, completamente deshilachado, que parece haber absorbido y concluido un sinfín de asuntos desde, digamos, el dosier Ben Barka. El escritorio verde ocupa el fondo de una estancia austera cuya ventana da a una plaza de cuartel pavimentada. Además hay dos sillas tubulares de escay, tres armarios clasificadores con dosieres colgados y una mesilla que soporta un viejo y voluminoso ordenador mugriento. Todo eso no data precisamente de ayer y la butaca del general no parece muy cómoda, los brazos están oxidados, las esquinas resquebrajadas permiten distinguir, ver cómo se desprende a jirones, su infraestructura de poliuretano de primera generación.

     Los toques de mediodía acabaron sonando en el campanario cercano de Notre-Dame-des-Otages. El general cogió un purito, lo observó, masajeó, olfateó y volvió a meterlo en la cajetilla. Una mujer, repitió en voz baja, hablando consigo mismo. Una mujer, dijo subiendo el tono, pero no sólo eso. Desde luego no una en prácticas como hay tantas. Una totalmente ajena a las redes, ¿me explico? No del todo, hubo de admitir Objat. Pues eso, una inocente, resumió el general. Que no sepa nada de nada, que haga lo que se le diga sin hacer preguntas. Tirando a guapa, a poder ser.

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