Ficha técnica

Título: Entrevistas escogidas – filmografía comentada | Autor: Raúl Ruiz | Editorial: UDP | Selección, edición y prólogo: Bruno Cuneo | Colección: Huellas | Páginas: 346 | Publicación: 2013 | ISBN: 978-956-314-204-4 | Precio de referencia: $11.000 /us$ 22.9

Entrevistas escogidas – filmografía comentada

Ediciones UDP

 

 Raúl Ruiz concedió, entre 1970 y ya bien entrado el siglo XXI, una buena cantidad de entrevistas a periodistas, críticos e intelectuales de primer orden. En ninguna sucumbió a la práctica de ofrecer respuestas formularias ni repetidas sino que, muy por el contrario, utilizó cada una como ocasión para ejercitar el pensamiento crítico, la alta reflexión estética, el sentido del humor y la observación política. Este libro compila las mejores de esas entrevistas, dividiéndolas entre las que concedieron en sus inicios, en Chile, antes del golpe, luego las que le hicieron en el exilio, principalmente en Francia, y, por último, las que dio en sus venidas al país en los últimos años. Además, incluye este libro una larga sección en la cual Bruno Cuneo, su editor, recogió las palabras con que Ruiz se refirió a sus propios filmes en entrevistas, ensayos y documentales, dando cuerpo a una valiosa filmografía comentada de los 120 títulos en los que trabajó durante su vida.

El enorme alcance filosófico de las observaciones del cineasta, su humor fino, el cultivo de las paradojas de que hace gala y su observación agudísima, a ratos genial, del carácter y el habla chilenos hacen de este libro, Ruiz, un material de primera importancia para todo aquel que se interese en el cine, en Chile y, más generalmente, en el pensamiento y la creación humanas.

 

«Su capacidad de invención es infinita. Es una de las cosas que hace que sus películas sean interesantes. No importa cuál sea el tema, siempre capta la esencia genuina del lugar».

Jonas Mekas

 

 

 Algunos encuentros con Raúl Ruiz,

los últimos

Bruno Cuneo

 

Mis primeros encuentros con Raúl Ruiz fueron episódicos, sociales, académicos; los últimos fueron concertados, personales, creativos. A mediados de febrero de 2011, por ejemplo, me reuní por primera vez con él en solitario, aunque no hubiese sido planeado así desde un comienzo. Volvíamos de un restorán a su departamento de Santiago, cuando Ruiz le dio al taxista una instrucción un poco extraña: “Antes de ir hacia la calle Huelén” –le dijo–, “siga al caballero que acaba de bajar (Virgilio Rodríguez, nuestro amigo en común) y dé vueltas por Providencia”, que es lo que siempre hace un taxista santiaguino, incluso si no se lo piden o no se lo descubre en el acto.

Se produjo un largo silencio, de diez minutos al menos, casi un tercio del tiempo que duró la carrera. Ruiz, recuerdo muy nítidamente, miraba la ciudad con una mezcla de fascinación, nostalgia y extrañeza, mientras que a mí me cruzaba el pensamiento de que vagar o derivar sin rumbo fijo había sido una cuestión importante en sus primeras películas, como la melancólica Tres tristes tigres (1968) o la hilarante Nadie dijo nada (1971), dos auténticas joyas de la digresión, la perífrasis y el circunloquio. Pensaba que era muy probable incluso que su sostenida crítica al esquema narrativo basado en el “conflicto central” y la organización en tres actos, cuya dictadura atribuía al cine hollywoodense y al drama burgués moderno (Ibsen, Shaw), pudiese provenir de una experiencia como ésta, tan típica por lo demás de la bohemia chilena de los años sesenta (de ella ha hablado el poeta Waldo Rojas1), de la que Ruiz había sido además un animador inigualable: vagar en grupo de bar en bar, no hablar de nada demasiado rato, cambiar abruptamente de tema, tono y ánimo, y sin demasiada lógica discutir acaloradamente sobre auténticas nimiedades. Una noche larga, una deriva alcohólica, como la de John Cassavetes en Shadows o la que Guy Debord reclamaba para los situacionistas en su Crítica de la separación, un verdadero manifiesto del arte del complot y de la errancia.

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