Ficha técnica

Título: Enterradme de pie. La odisea de los | Autor: Isabel Fonseca | ISBN: 978-84-339-2585-5 | Traducción: José Manuel Álvarez Flórez | Editorial: Anagrama | Colección: crónicas | Publicación: 2009 | Precio: 19,5 euros | Páginas: 392 | Ilustración: foto copy Peter Turnley / CCORBIS / Cordon Press

Enterrradme de pie

EDITORIAL ANAGRAMA

 

Entre las minorías demográficas que señalan la contradicción inherente a las sociedades de ideología etnocéntrica, la de los gitanos es la más conocida, a través de los clichés literarios pero también por los prejuicios que se han utilizado para caracterizar a un colectivo que ha sido nómada forzoso y chivo expiatorio de carestías. Isabel Fonseca se dedicó a recorrer entre 1991 y 1995 los países ex comunistas para vivir en diversas comunidades gitanas, conocer sus problemas, su poesía tradicional, su concepción de las cosas, teniendo siempre como referencia las grandes catástrofes, primero el nazismo, luego la dictadura comunista y, en el caso de la ex Yugoslavia, las guerras civiles. Los problemas se repiten en casi todas partes, porque el drama no es la integración forzosa del marginado, sino la zona social en que se quiere que se integre. Como dijo la misma Fonseca en una entrevista: «Los gitanos son los negros de Europa.» «Un mundo oculto, a la vez desdeñado y secreto, perseguido y desconocido» (Salman Rushdie); «En cierto modo habla en nombre de todos los que no se doblegan a los reveses de la fortuna y buscan su propio lugar en la tierra» (Ryszard Kapuscinski).  

 

De la boca de Papusza: un cuento preventivo

Aunque su verdadero nombre era Bronislawa Wajs, se la conoce por su nombre gitano, Papusza: «Muñeca.» Fue una de las cantantes y poetas gitanas más grandes que ha habido y, durante un tiempo, una de las más famosas. Vivió toda su vida en Polonia y cuando murió, en 1987, no se enteró nadie.

La familia de Papusza, como la mayoría de los gitanos polacos, era nómada, parte de un tabor o grupo de familias que viajaban a caballo y en carromatos, con los hombres delante y las mujeres y los niños detrás en carros abiertos. Algunas de las familias más ricas tenían carromatos de cubierta sólida con tallas complejas y ventanas estrechas con cristales, a veces romboidales y con marcos de madera pintados.

Podía haber hasta veinte carromatos en el tabor. Hombres, mujeres, niños, caballos, carros, perros: hasta mediados de la década de 1960 se mantuvieron en marcha, bajaban de Wilno, a través de los bosques orientales de Volhynia (donde esperaron que se acabara la guerra miles de gitanos polacos), hasta las montañas de Tatra, en el sur. En esa ruta a las siluetas de los roma polacos se unían a veces las de los osos, que eran su medio viviente y danzante de ganarse la vida. Pero la gente de Papusza eran arpistas y transportaban sus grandes instrumentos de cuerda derechos sobre los carros como velas desde las poblaciones lituanas del norte hasta las Tatras orientales. 

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