Ficha técnica

Título: Ensayo, Narración y Teatro |  Autor: Valentín Andrés Álvarez  | Editorial: Fundación Banco Santander  | Colección: Obra Fundamental |  Páginas:  524 |  Precio: 20 € | Fecha de aparición:  2008 | Formato: 24 x 17 cm. | Encuadernación: rústica cosida con hilo | ISBN: 978-84-89913-48-X

Ensayo, Narración y Teatro

FUNDACIÓN BANCO DE SANTANDER

Con este nuevo volumen, «Ensayo, narración y teatro«, de la Colección Obra Fundamental, la Fundación Banco Santander recupera a uno de los ocultos de la llamada «otra generación del 27«, cuya obra hasta ahora se hacía muy difícil de encontrar. José María Martínez Cachero, Catedrático de Literatura española en la Universidad de Oviedo, profesor emérito de la misma y uno de los más afamados estudiosos de la literatura española de finales del XIX y principios del XX, compila y prologa esta edición que rescata lo mejor de su novela, teatro y ensayo. Andrés Álvarez, más conocido por su obra y vocación economista -más prolija que la literaria- adquirida en un viaje a París por casualidad tras la lectura del Cours d’Êconomie Politique del tratadista Pareto, escribió poesía, cuentos, artículos, novela y fundamentalmente, teatro.

Perteneciente a la llamada por José López Rubio, la otra generación del 27, que reunía a Antonio Espina, Benjamín Jarnés, César Arconada, José Díaz Fernández, Antonio Botín Polanco, Gómez de la Serna y el propio Valentín. Colaboró en las revistas literarias e intelectuales más importantes de su tiempo, como el caso de la revista Plural o la Revista de Occidente de la mano de Ortega,  al que admiraría y además le encargaba la labor de selección de los textos que llegaban a la revista. «Es el hombre que siempre está dejando de ser algo», decía el filósofo, aunque fue en esta publicación donde conoció a amigos como Benjamín Jarnés, Mauricio Bacarisse (publicados ambos en esta Colección), aparte de Lorca -que se alojó con La Barraca en su casona de Doriga en 1932-, Azaña, al que apoyó para presidir el Ateneo o Dámaso Alonso, que diría de él «he sido un admirador suyo desde hace muchos años. Trabajó muy activamente en la literatura española de esa época y en aquel ámbito de la Generación del 27. Yo fui uno de los que asistieron al estreno de su Tararí…».

Frecuentaba también mucho la tertulia del Café Pombo, de la que opinaba, «no creo que haya habido nunca una tertulia tan absurda, tan pintoresca y tan divertida como aquélla. Entre los asistentes habían locos pacíficos, inventores, poetas épicos, líricos y entreverados, y por supuesto, ingeniosos reventadores de todo», y donde conoció a Ramón Gómez de la Serna, al que admiraba profundamente y del que dijo «encauzó el humorismo literario y lo sacó de la chabacanería y de lo simplemente festivo».

Sus colaboraciones periodísticas van de la política a la economía o la literatura, recogidas por el profesor Alfonso Sánchez Hormigo y publicadas en su día tanto en el diario La Voz en 1934 como en el diario madrileño Informaciones en 1948. Libros curiosos como La Guía espiritual de Asturias, un manual didáctico muy especial que, como dice Juan Cueto Alas prueba que «es una de esas raras prosas felices que a cada lectura levanta nuevas ideas» donde el autor pone atención no sólo en lo grandioso, sino también en lo «pequeño y vivo»; y tratados como una edición del Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos, cuya introducción de Valentín desborda el tema económico para convertirse en un verdadero ensayo sobre la personalidad del político reformista, del que dice Andrés Álvarez, «consiguió aunar las tradiciones de su patria y las ideas de su tiempo».

Obras teatrales como Pim, pam, pum, estrenada en 1946 en el Teatro Cómico en la compañía de Rivas Cherif y que fue condenada por los críticos por su postura antifranquista dan idea del teatro aperturista y caricaturesco de Andrés Álvarez, muy bien recogido en esta antología por Tararí, «un éxito rotundo» en palabras de Cachero.

Sin embargo, la Guerra Civil truncó este asentamiento en el Parnaso literario. En 1942 entra como Catedrático de Economía Política en la Universidad de Oviedo y en el Instituto de Estudios Políticos con Ramón Carande, ocupando en la Academia de Ciencias Morales y Políticas un sillón en 1952. Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo en 1979, Juan Velarde dijo de él «que no cerró jamás las puertas a nadie…las clases eran realmente prodigiosas».

Martínez Cachero cita en el prólogo que Andrés Álvarez «desplegaba un vivo ingenio que, acá y allá de la conversación, sorprendía al interlocutor con ocurrencias brillantes e inteligentes», algo que demuestra en cada uno de los textos de esta antología.  
 
 

                   ESTA ANTOLOGÍA 

      En palabras de Martínez Cachero el estilo de Andrés Álvarez «es peculiar por sus ingeniosas ocurrencias y por sus nada tópicas comparaciones, matizadas unas y otras por el humor, cuya presencia lleva algunas veces a lo que se llama ruptura de sistema». 

      Ensayo: «La templanza«, ensayo apadrinado por Gómez de la Serna en 1930 que formó parte de un volumen colectivo de las 7 virtudes en el que a Valentín le tocó «la virtud moderadora de los instintos».

      Narración: «Telarañas en el cielo» (1925), es un relato que vio la luz en Revista de Occidente, creado en pos de su acercamiento a la astronomía y la mecánica celeste durante sus años parisinos. «Sentimental-dancing» (1925) novela basada en las memorias escritas por un joven español muy conocido en todos los dancing del Barrio Latino de París en los comienzos de la posguerra y que tiene tintes autobiográficos. «Naufragio en la sombra» (1930), segunda novela, fue incluida en la Colección Valores actuales (Ediciones Ulises) para revelar «a aquellos escritores de esa generación de 1930 que tienen acento propio y que se han desligado, desprendido de los credos estéticos que formaban el gran tópico literario anterior», o dicho sea de paso, una generación rupturista o de vanguardia.

      Teatro: «Tararí» (1929) fue estrenada en el Teatro Lara de Madrid y llegó a más de cien representaciones, algo inusual para su época, publicándose en la colección Nova novarum que patrocinaba la Revista de Occidente. Decía Valentín que «la comedia se estrenó e hizo reír a todo Madrid primero, y a toda España después». Es famosa la anécdota de Miguel Primo de Rivera cuando fue a su estreno, y acerca de las críticas a la dictadura cuando le preguntaron dijo «no sé si su obra será contra la dictadura o no, lo que sí sé es que me he reído muchísimo». La crítica al estreno fue muy favorable y caracterizada como farsa cómica. Tiene lugar en el jardín de un manicomio por el que van pasando diferentes personajes. «Abelardo y Eloísa, sociedad limitada» fue leída en el Centro Asturiano de Madrid en 1967 y no está estrenada, aunque contenida en un libro homenaje que le hizo la Caja de Ahorros de Asturias en 1980.

JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ CACHERO

INTRODUCCIÓN

Semblanza biográfica de Valentín Andrés Álvarez

Aquella tarde-noche de diciembre de 1965, Valentín Andrés y yo comenzamos la conversación, en su piso madrileño de la «Profesorera», hablando de la llamada generación del 27. Decía no saber a punto fijo qué contenido tenía semejante denominación y tampoco estaba seguro de que, caso de aceptarla, fuera él uno de sus integrantes como algún entrevistador ocasional había dicho; mi embarazo fue grande cuando don Valentín, haciendo el papel de alumno deseoso de saber, me pidió que, como catedrático de la asignatura, le aclarase estos extremos. Convinimos inmediatamente en que una verdadera generación es algo más, en variedad y cantidad, que un grupo de amigos, por lo que resultaba confuso reducir aquella al conjunto de poetas (solamente siete u ocho) siempre mencionados y diríase que excluyentes; hubo más poetas, desde luego menos famosos pero nunca menos dignos, y esta primera ampliación de la nómina generacional tenía que completarse con la relativa a los cultivadores de otros géneros -narrativa, teatro, ensayo, crítica literaria-, ensanchamiento en virtud del cual (e hicimos un recuento de urgencia para comprobarlo) resultaba más del medio centenar de generacionistas, Valentín Andrés entre ellos. De aquí se pasó a examinar los posibles apoyos de una tal adscripción y entonces salieron a plaza dos nombres magistrales, Ortega y Ramón, y una institución cultural: Revista  de Occidente, editorial y revista; a unos y a otra se consideraba vinculado en su etapa de joven escritor. De Ortega decía maravillas, que iban desde la atención a los jóvenes hasta su extensa cultura, su rigor intelectual o su precisa y lujosa retórica, más la creación de una empresa como Revista de Occidente, que había abierto tantas ventanas a Europa y a la modernidad y había ofrecido no pocas oportunidades a quienes comenzaban entonces su aventura profesional -él mismo se benefició más de una vez, publicando en las páginas de la revista o en las colecciones de la editorial-. Al nombre de Ortega, el director, se unía en su recuerdo el de Fernando Vela, inestimable secretario, paisano y querido amigo de don Valentín, que le llamaba el «aduanero Vela» porque Ortega, seguro de su buen criterio, le confiaba la ingrata labor de seleccionar los originales recibidos. Ramón Gómez de la Serna era otro de los grandes maestros de aquella hora distinguida en las artes y en la literatura por la irrupción de la vanguardia o espíritu de novedad y aventura, y (se preguntaba don Valentín) ¿quién más tempranero y arriesgado vanguardista entre nosotros que Ramón, guía y amigo de los jóvenes literatos, el más joven (pese a la edad) de todos ellos? Ramón (proseguía Valentín Andrés) encauzó el humorismo literario y lo sacó de la chabacanería y de lo simplemente festivo; recuerdo que en 1930 apadrinó y colaboró como uno más del grupo en el volumen colectivo Las 7 virtudes, donde me tocó en suerte divagar sobre la Templanza, «virtud moderadora de los instintos». Y don Valentín remataba su evocación de esos maestros lamentando que no hubieran tenido sucesores a su altura.

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