En un principio era el hambre

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

«No parece que quepa, hoy en día, otra poesía que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad».

Se ha dicho de Chantal Maillard que es una de las voces poéticas más intensas, honestas y radicales del panorama actual. Con esta antología se nos ofrece una guía para transitar por una obra que aparte de exorcismo y bálsamo se quiere invitación al viaje. Maillard nos invita a traspasar los límites de lo propio: fronteras territoriales, geográficas (India, Europa) y personales (las creencias, los saberes aprendidos), en busca de esa difícil compasión que pudiera devolvernos, con la conciencia de la común ignorancia, la unidad perdida.  

JAISALMER

Es difícil llegar a uno mismo. Tal vez porque también sea difícil hallarse en situaciones desacostumbradas que nos hagan sentir desamparados. Todo se ha vuelto demasiado habitual, previsible. Las situaciones, llamémoslas «aporéticas», en las que nos encontramos totalmente desprovistos de recursos son las que, al cerrarnos las puertas del mundo exterior, nos obligan a franquear los límites del nuestro, interior.

Nadie penetra en la profunda oscuridad de sí mismo si no es forzado de algún modo por las circunstancias. El abismo atrae, es un tópico, pero para que la atracción sea algo más que una inestable inclinación del ánimo, para que logre su fin y se convierta en caída, es menester que las formas hayan dejado de ser amables.

No mires atrás, le fue dicho a Eurídice -o así podía haberse transmitido el mito-, no mires atrás, sigue la música, sigue al cantor que construye en lo etéreo y te rescata de lo informe. Sigue al poeta que te lleva de vuelta hacia la luz. Pero ella miró atrás -así podía haberse escrito-, miró atrás como la mujer de Lot, tan fuerte es la atracción de lo oscuro en su extrema posibilidad de serlo todo. Miró atrás por cansancio, por nostalgia, porque aún ardía en su tobillo la mordedura de la serpiente. Miró atrás y detuvo su marcha. Se detuvo.

El abismo son las profundidades infernales, los ínferos, los mundos inferiores, el abismo es el jaos, aquella boca siempre abierta de la que los seres emergen tan sólo si la luz roza la materia primordial. Vibrando. La materia informe haciéndose luz al vibrar. Y en la luz, diferenciándose. Nacer es arrancarse al abismo. Conformarse en la luz. La luz del ojo, el ojo-luz: tensión del entre-dos. 

De lo que hablo es de un regreso a la oscuridad. De lo que hablo es de desnacer. El mundo de la existencia se asemeja a una gran llanura de colores.