Ficha técnica

Título: En movimiento | Autor: Oliver Sacks | Traductor: Damià Alou | Editorial: Anagrama | Colección:  Argumentos |  Páginas: 378 | ISBN:  978-84-339-6393 978-84-339-6395-6 978-84-339-6395-6 | Precio: 21,90 euros  | 

En movimiento

ANAGRAMA

Los lectores conocen a Oliver Sacks por sus fascinantes libros sobre los misterios de la mente a partir de asombrosos casos psiquiátricos. Ahora aplica su perspicacia y su humanismo al escrutinio de su propia vida. El autor acomete un ejercicio de introspección que nos permite descubrir una peripecia vital intensa y compleja. Habla en estas páginas de su marcha de Inglaterra dejando atrás a la familia y de su llegada a Estados Unidos; del momento en que le confesó a su madre su homosexualidad y de la airada reacción de ella; de la relación con su hermano esquizofrénico; de su primera experiencia sexual, en Ámsterdam, cuando un hombre lo recogió en la calle completamente borracho y él despertó a la mañana siguiente en la cama de ese desconocido; de su última relación sexual al cumplir los cuarenta y de su posterior celibato voluntario; del sexo y del amor como motores de la vida; de sus inicios como psiquiatra en un hospital en los años sesenta del pasado siglo y de sus cruciales investigaciones sobre una enfermedad olvidada; de las intensas relaciones con sus pacientes; de su abuso de las anfetaminas; de la amistad con los poetas Auden y Thom Gunn, y de su más fugaz relación con personajes como Robert De Niro, Robin Williams y Harold Pinter; de su afición a las motos y sus viajes nocturnos en una de ellas por el desierto de California; de otras aficiones como la halterofilia, el culturismo y la natación; y sobre todo de la aventura intelectual a la que ha dedicado su existencia y que ha divulgado en sus deslumbrantes obras. El resultado: una gran autobiografía, emocionante y desgarradamente honesta.

«Un animal narrativo. El interés mayor de En movimiento estriba en su capacidad para conmover, en su hondura y luminosidad como confesión íntima. Es un honor acceder a los recovecos del alma de un ser humano cuya peripecia vital es tan excepcional como compleja. Son infinitas las facetas de esta narración fascinante» (Eduardo Lago, El País).

«Sacks enfoca su capacidad descriptiva y analítica sobre su propia vida, y el resultado es una mirada reveladora sobre su infancia y adolescencia, sobre el descubrimiento y dedicación a su vocación, y sobre su desarrollo como escritor» (Michiko Kakutani, The New York Times).

«Una autobiografía maravillosa, inusual y singular como su autor» (Colin McGinn, The Wall Street Journal).

«Sacks explora las complejidades de su vida adulta» (Publishers Weekly).

«Un escritor sobresaliente» (James McConnachie, The Sunday Times).

«Una autobiografía espléndida» (Michael Roth, The Atlantic).

 

EN MOVIMIENTO

     Cuando, durante la guerra, siendo aún un niño, me mandaron a un internado, me invadió una sensación de confinamiento e impotencia y lo que más deseaba era movimiento y poder, libertad de movimiento y poderes sobrehumanos. Disfrutaba de ambas cosas, al menos durante un rato, cuando soñaba que volaba, y, de una manera distinta, cuando iba a montar a caballo por el pueblo que había cerca de la escuela. Adoraba el poder y la agilidad de mi montura, y todavía puedo evocar sus movimientos desenvueltos y ufanos, su calor y el dulce olor a heno. Pero, sobre todo, me encantaban las motos. Antes de la guerra, mi padre tenía una: una Scott Flying Squirrel, con un gran motor enfriado por agua y un tubo de escape divertidísimo, y yo también quería una moto poderosa.

     En mi cabeza se mezclaban imágenes de motos, aviones y caballos, y también imágenes de motoristas, vaqueros y pilotos, a los que imaginaba controlando de manera precaria pero jubilosa sus poderosas monturas. Mi imaginación infantil se alimentaba de películas del Oeste y de combates aéreos heroicos: veía cómo los pilotos arriesgaban su vida en sus Hurricanes y Spitfires, protegidos tan sólo por sus  gruesas chaquetas de vuelo, al igual que apenas una chaqueta de cuero y un casco protegían a los motoristas.

     Cuando en 1943 regresé a Londres, ya tenía diez años, y me encantaba sentarme en el asiento de la ventana de nuestra sala que daba a la calle, y observar e intentar identificar las motos que pasaban a toda velocidad (después de la guerra, cuando la gasolina era más fácil de conseguir, se hicieron mucho más frecuentes). Era capaz de identificar una docena de marcas o más: AJS, Triumph, BSA, Norton, Matchless, Vincent, Velocette, Ariel y Sunbeam, así como alguna que otra moto extranjera, como las BMW y las Indians.

     Cuando era adolescente, iba regularmente a Crystal Palace con un primo que compartía mi afición para ver las carreras de motos. A menudo hacía autostop hasta Snowdonia o subía hasta el Distrito de los Lagos para nadar, y a veces alguien me llevaba en moto. Me entusiasmaba ir en el asiento de atrás, y comenzaba a imaginar la moto estilizada y poderosa que me compraría algún día.

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