Ficha técnica

Título: En mitad de la noche un canto | Autor: Jiří Kratochvil |  Traducción e introducción: Patricia Gonzalo de Jesús | Editorial: Impedimenta | Género: Novela | ISBN: 978-84-937601-7-5 | Páginas: 304 | Formato:  13 x 21 cm. |  PVP: 21,95 €

En mitad de la noche un canto

IMPEDIMENTA

La crítica considera a J. Kratochvil como uno de los principales representantes del posmodernismo checo, y él mismo no reniega de ello. Ya su debut literario oficial, La novela del oso (1990), se caracteriza por una poética muy particular cuyos rasgos, en mayor o menor medida, se pueden observar también en las demás obras del autor. Representativo de la obra de Kratochvil es, en primer lugar, el peso del narrador (lo cual lo acerca a Milan Kundera), que juega con el lector y con el texto. Sus obras, de carácter reflexivo, se estructuran en torno a la voz de un autor-narrador, irónico y manipulador, que informa continuamente al lector de sus estrategias y motivaciones y que hace patente, de forma explícita o implícita, su poder ilimitado para manejar el texto. La variabilidad, el carácter abierto, múltiple y lúdico de la narración lo relacionan no sólo con el posmodernismo, sino también con la literatura checa de los años 60, especialmente (como él mismo ha reconocido) con la literatura del absurdo de Ivan Vyskočil. Esto, que en ocasiones conduce a cierto caos y desorden, no va, sin embargo, en detrimento del componente argumental de la obra, que se alimenta, sobre todo, de vivencias y experiencias personales del autor anteriores a la Revolución de Terciopelo, pero que, a la vez, no excluye la presencia de elementos extravagantes, grotescos y fantásticos (por influencia de J. L. Borges y, según recuerdan algunos críticos, de E. T. A. Hoffmann). Los abigarrados relatos de Kratochvil están plagados de misterios, laberintos, conjuras secretas y quimeras; sus personajes, a menudo, están dotados de poderes sobrenaturales o, cuando menos, de facultades hipertrofiadas.

La novela En mitad de la noche un canto se desarrolla mediante una doble narración especular acerca de la infancia, la pérdida del padre y, ante todo, la búsqueda de la identidad en un mundo caótico; ambas líneas argumentales confluyen y se cierran en un final sorprendente y abierto a interpretaciones múltiples.

«Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos asfixiante de los lanzacohetes katiusha como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz.» Así comienza En mitad de la noche un canto, una alegoría universal sobre la infancia, la pérdida, la búsqueda del padre y de la propia identidad en la Checoslovaquia comunista. En el marco de una fantasmagórica ciudad de Brno, bajo la constante vigilancia de un kafkiano Ellos, nos introducimos en un laberinto de vidas al límite que se entreveran con los convulsos acontecimientos históricos que atravesará el país a lo largo de esas décadas. Fantasía y realidad, comedia y tragedia, lo mítico y lo grotesco se entremezclan en la historia de un hijo natural cuya vida está marcada por la necesidad de averiguar la identidad de su padre y, al mismo tiempo, en la historia paralela de un muchacho cuyo padre emigró durante su infancia y cuyos rastros también se perdieron. 

«Las obras en prosa de Jiří Kratochvil son el mayor evento ocurrido en la literatura checa desde 1989.» Milan Kundera

«Kratochvil intensifica la frágil poética de un Bohumil Hrabal con la abrupta rudeza de un Günter Grass; combina el cinismo de un Milan Kundera con la ensoñación de un Bruno Schulz.» Andreas Breitenstein, Neue Zürcher Zeitung, acerca de En mitad de la noche un canto.

 

INTRODUCCIÓN

JIRÍ KRATOCHVIL
O LOS MUNDOS POSIBLES

Hay muchas historias que pueden ser contadas,
pero sólo algunas de ellas pueden ser verdaderas   

ALEKSANDAR HEMON

Aveces la memoria no es más que un viejo álbum de fotografías color sepia o tomadas con una Lomo de fabricación rusa. O una maleta desvencijada repleta de objetos huérfanos que descansan, agazapados en el ostracismo, junto a un uniforme del movimiento de pioneros. O un cajón lleno de cartas, mensajes en una botella lanzados al vacío. Sobre ellos, la capa de polvo de lo que algunos han dado en llamar Historia, con mayúsculas. Y al abrir ese álbum, esa maleta, ese cajón, en definitiva, esas historias con minúsculas (no por ello menos verdaderas que la oficial), se levantan remolinos de Historia que nos producen lagrimeo, cosquilleo o irritación, según el momento y la densidad de la polvareda. Así es, a grandes trazos, cómo concibe el crítico Zbyněk Fišer la obra del novelista checo Jiří Kratochvil, y eso mismo, el color sepia del recuerdo y la omnipresencia polvorienta de la Historia en cada rincón, es lo que enraíza a este autor en la prolífica y escurridiza (por difícilmente definible y clasificable) saga de escritores centroeuropeos contemporáneos, junto a Danilo Kiš, György Konrád o Angel Wagenstein, entre otros.

   El teórico Jiří Trávníček afirma que «Europa Central no puede ser definida, pero puede ser narrada. […] Europa Central no se encuentra en los conceptos, sino en las historias»; y es que difícilmente se puede aprehender la esencia inestable de un territorio de fronteras y regímenes cambiantes, fluctuantes como la marea, sino a través del destino de aquellos hombres que, zozobrando, tuvieron que hacer frente al oleaje de la Historia. Imposible huir de ella, imposible librar con ella una lucha en igualdad de condiciones. El superviviente es perfectamente consciente de ello, de que, en el mejor de los casos, se puede afrontar la derrota con la escasa dignidad que permite esta gran broma que es la vida (La broma, Milan Kundera)… O con el humor delirante, no exento de cierto fatalismo, necesario para relativizar el absurdo (Las aventuras del buen soldado Švejk durante la Guerra Mundial, Jaroslav Hašek). Queda, no obstante, una tercera opción: la de los Palabristas de Bohumil Hrabal, la de ese

«cuarto estado, toda esa gente corriente, aparentemente vulgar, que […] todavía es capaz de reírse y llorar ante el sentido del mundo, que a lo largo de su vida, nada fácil, ha revivido la literatura con su invasión bárbara y ha dotado de sentido a las frases célebres de los filósofos. […] Gente que mediante su palabrismo es capaz de celebrar, de un modo totalmente romántico, el tiempo presente, porque no todo, sino sólo cierto tiempo presente es para ellos hermoso y todo tiempo pasado es para ellos piadosamente ruin, gente que es capaz de bordar su día a día, hasta el más sombrío, con el gran ornamento del humor, aunque sea negro, gente que porta e introduce su blasón palabrista allá donde va. Palabristas que ejercen su influjo en los demás… ¿con qué? En realidad con nada, como la música, que tiene, sin embargo, el poder de dar en ocasiones plenitud y sentido a la vida entera de sus oyentes».

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