Ficha técnica

Título: En el río del amor | Autor:  Joseph Delteil  | Traducción: Laura Salas Rodríguez   | Editorial: Periférica | Colección: Largo recorrido | Páginas: 136 | ISBN: 978-84-16291-56-4 | Fecha: octubre 2017 | Precio: 15 euros 

En el río del amor

PERIFÉRICA

Esta primera novela de Delteil se desarrolla durante la Revolución rusa, y la consiguiente guerra entre los bolcheviques y los zaristas. En ella, dos jóvenes oficiales, Borís y Nicolái, que habían sellado un pacto para vivir juntos todas sus aventuras, ven a orillas del río Amur, cómo la comandante de una tropa de mujeres, Ludmila Androv, embarca con su ejército de mujeres zaristas. Idealizada y mitificada su figura, y absolutamente enamorados ambos de la posibilidad remota de amor salvaje que ven en esa imagen, ella se convertirá de pronto en su destino, y en el principio de un viaje, siguiéndola por mar y tierra hasta ver cumplidos sus deseos.

Estamos ante un singular clásico contemporáneo francés lleno de imágenes casi pictóricas, «construido -como dijera el poeta Max Jacob- con apasionantes ingredientes»: incesto, adulterio, exotismo, fatalidad… Donde las descripciones de la naturaleza, tan de época en su adjetivación, simbolizan la tragedia del amor y de la muerte.

«¿Y acaso no sabían que, si bien la carne acepta compartir, el amor -que, al igual que la República Francesa, es uno e indivisible- rebate formalmente ese hecho?»

«Una pasión distinta entre mucho más que tres.» Henry de Montherlant

«Inimitable y seductora.» Louis Aragon

 

I. A CABALLO ANTE EL OCÉANO PACÍFICO

Toda la tropa de Semiónov bullía sobre el muelle de Nikoláyevsk. Algunos ostiacos flacuchos erraban sin cesar alrededor del dique de adobe con la vista clavada en bellas mongolas de miel que amamantaban a niños amarillentos. Un pope declamaba ensalmos, agachado ante un mojón. Algunos mensajeros con los ojos arrasados en lágrimas pasaban montados en pequeños caballos de los Urales.

     Los bolcheviques, vencedores en la batalla de Stambulaska, habían arrojado a Semiónov al mar. Y a lo lejos, detrás de Nikoláyevsk, se oía ya a la vanguardia roja volando con dinamita las monumentales puertas de la ciudad.

      El vapor ruso Arthur-VI, que se hallaba en la rada con la misión de recoger a las tropas vencidas, llevaba las máquinas a todo trapo.

       El regimiento de ostiacas de Ludmila Androv montaba guardia ante el puerto. De veinte en veinte metros, aquellas mujeres altas y gruesas, de imaginaria con la lanza de cuero en mano, perfilaban en el fondo del agua sus decorativas siluetas, vestidas con dolmanes rojo sangre con trencillas y alamares color yema de huevo.

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