Ficha técnica

Título: En el piso de abajo. Memorias de una cocinera inglesa en los años 20 | Autora: Margaret Powell |  Traducción: Elena Bernardo Gil | Editorial: Alba | Colección: Trayectos   | Género: Memorias | ISBN: 97884-84288381 | Páginas: 216 | Encuadernación: Rústica | PVP: 19,50 € | Publicación: 2012

En el piso de abajo

ALBA

En la primera casa en que entró a trabajar como pinche de cocina, a los quince años, Margaret Powell se quedó atónita cuando le dijeron que, entre sus tareas, figuraba la de planchar los cordones de los zapatos. La señora de la casa le prohibió, además, entregarle en mano cualquier cosa: siempre tenía que ser «en bandeja de plata». Era la Inglaterra de los años 20, y en ella una chica empleada en el servicio doméstico tenía que mentir a los chicos si quería encontrar novio: ellos las llamaban «esclavas».

En el piso de abajo son las memorias de una mujer sedienta de educación que no comprende que, cuando pedía un libro de la biblioteca de sus señores, éstos la miraran incrédulos y espantados. Con el tiempo, aprendió por su cuenta y en 1968 publicó este libro, que ha sido la fuente reconocida de inspiración de series como Arriba y abajo y Downton Abbey, pero mucho más incisiva e intencionada que ellas. En el sótano, a «ellos» (como llamaban a los señores), se les hacía «una especie de psiconálisis de cocina, sin cabida para Freud. Creo que nosotros sabíamos de la vida sexual ajena mucho más de lo que él llegó a saber nunca».

Penetrante en su observación de las relaciones entre clases, libre y deslenguada en la expresión de sus deseos, Margaret Powell nos cuenta qué significaba para los de abajo preparar las cenas de seis platos de los de arriba. Un documento excepcional. 

«Estas memorias, divertidas y conmovedoras, airadas y llenas de encanto, me obsesionaron hasta que, muchos años después de leerlas, intenté captar a la gente que describe delante de una cámara. Lo cierto es que le debo mucho a Margaret Powell.» JULIAN FELLOWES, creador de Downton Abbey

«Si le han gustado Downton Abbey y Arriba y abajo, disfrutará con estas memorias de una mujer luchadora.» EILEEN ATKINS, cocreadora de
Arriba y abajo 

 

8

Empecé a trabajar a la semana siguiente de dejar el colegio. Fue sirviendo en una casa de una sola planta, con un matrimonio. La mujer era una señora mayor, medio inválida, paralizada de cintura para abajo. Yo trabajaba desde las siete de la mañana hasta la una de la tarde, domingos incluidos, por diez chelines semanales. No me daban de comer, porque para eso me marchaba a la una, justo cuando ellos empezaban a comer, pero sí el desayuno.

     Lo más gracioso de esos desayunos -aunque por entonces no pensaba en ello- es que me daban cualquier cosa que hubiera sobrado la noche anterior. A veces era arroz con leche, a veces macarrones con queso, y a veces pastel de carne. Pero a mí me daba igual. Yo me lo comía todo, porque sabía que cuanto más comiera allí, menos comida tendría que darme mi madre. La comida estaba empezando a ser un problema constante para mí, porque aunque solo tenía trece años, era una chica grandona y tenía mucho apetito. Además, cuanto más trabajaba, más hambre tenía, por supuesto. Mi madre se enfadaba a menudo por culpa de aquellos desayunos; decía que darme esas cosas era como hacer trampa, que me tenían que dar huevos y panceta, y no sobras. Pero la verdad es que a mí no me preocupaba nada, me importaba un comino lo que comiera, siempre y cuando pudiera comer.

     No me quedé mucho tiempo en aquel trabajo, sobre todo porque empezaron a dolerme las piernas. Creo que fue porque estaba entrando en la pubertad. Me acuerdo de una mañana en que las piernas me dolían tanto que le dije al señor de la casa: «Hoy no puedo seguir trabajando. Me duelen muchísimo las piernas». Él me dio una botella de linimento para que me las frotara y me dijo que me iba a venir muy bien porque era un linimento para caballo. Eso me molestó muchísimo. Yo casi no podía ni andar. Así terminó ese trabajo.

     Aquel primer año debí tener unos doce trabajos distintos. Eran trabajillos del mismo estilo. Yo era muy joven, así que me pagaban un jornal microscópico y, como por otro lado tenía aspecto de ser robusta, se esperaba mucho de mí.

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