Ficha técnica

Título: En busca de Muhammad Ali. Historia de una amistad | Autor: Davis Miller  | Traducción:  Miguel Ros González   | Editorial: Errata Naturae | Colección: Fuera de colección | Formato: 14 x 21,5 | Páginas: 296 | Fecha: Sep-2016 | ISBN: 978-84-16544-22-6 | Precio: 19,90 euros

 

En busca de Muhammad Ali

ERRATA NATURAE

Este libro no es una biografía de Muhammad Ali. Tampoco es, en realidad, un libro sobre boxeo. Es otra cosa: más bella, más universal, algo que, como editores, nos ha fascinado. ¿Pero de qué hablamos entonces? Hablamos de que Muhammad Ali fue uno de los grandes héroes de nuestro tiempo y una inspiración para millones de personas, tanto en el ámbito del deporte como en el de la política, la lucha por los derechos civiles o la espiritualidad. A algunos, incluso, Ali les salvó literalmente la vida. Es lo que hizo con Davis Miller, autor de este libro (pero de momento no les contaremos esa historia, no haremos el spoiler). Miller es luchador aficionado, escritor y uno de los grandes críticos deportivos de las últimas décadas. Y cuando por fin se decidió a buscar a Ali para darle las gracias, se encontró con un boxeador retirado, enfermo de párkinson y supuestamente millonario, pero que vivía largas temporadas en una caravana aparcada en el jardín de la modesta casa de su madre. Aquel día comenzó entre ambos una amistad extraña, duradera, poderosa. Así, a través de Miller descubrimos a un verdadero mito que, sin embargo, vive por y para los demás, que regala su fortuna a los indigentes y los trofeos a sus fans, que camina kilómetros cada día para sentarse en un McDonald’s y ofrecer su ayuda a cualquier desconocido, o que esconde de manera inexplicable su enfermedad neurodegenerativa para jugar a boxear con cientos de niños. Pero que tiene también aspectos oscuros y contradictorios…

Sobre Muhammad Ali han escrito grandes autores: Norman Mailer, Hunter S. Thompson, Tom Wolfe… Pero ninguno lo ha hecho con tanta intensidad e intimidad como Davis Miller. Nadie hasta ahora había hecho un retrato tan cercano y sorprendente de la vida del Campeón más allá del boxeo. A medio camino exacto entre la mejor literatura y el mejor periodismo, Miller nos propone una serena y bellísima reflexión sobre el paso inexorable del tiempo y la corruptibilidad de todas las cosas, al tiempo que nos relata la historia secreta y fascinante de una leyenda.

 

NOTA DEL AUTOR

«Es la hora de las confidencias, cosas
que no contaría a todo el mundo, pero a ti sí».

Walt Whitman

A finales de 1993, Muhammad Ali y yo estábamos sentados en la gruesa tapia de piedra que bordea el camino a su casa de Berrien Springs, Michigan, cuando se giró hacia mí y dijo: «No hablo mucho, ya no es mi estilo. Pero tú eres un tipo sabio, serio; puedo sentir ese rugido en tu interior. Tú me haces pensar, y hablar». Aunque no me tenía por una persona sabia (y ahora, a mis sesenta y tres años, sé con toda certeza que no lo soy), estando ahí, sentado sobre esos bloques de arenisca, sentí que todo mi cuerpo se henchía de orgullo. Y hoy, sentado frente al ordenador, vapuleado y espoleado por las experiencias de un último cuarto de siglo de desventuras literarias, sigo pensando que aquél fue el mayor elogio que me han hecho en la vida.

     Mi historia con Ali es larga y variopinta. Desde la primera vez que lo vi, a principios de 1964, cuando era un chiquillo enclenque de once años atenazado por el dolor tras la reciente, inesperada e inexplicable muerte de mi madre, sentí una conexión profunda, casi intrínseca, con el Campeón. A finales de los sesenta, el adolescente esmirriado y casi catatónico que yo era vivía a través de Ali, y mi admiración por él me salvó la vida. A los veinte años, inspirado por Ali, me convertí en un buen deportista. Y ya en la treintena, mientras me las veía y me las deseaba para ganarme la vida trabajando en un videoclub, mi amistad incipiente con él me permitió hacer por fin realidad un sueño que llevaba décadas latente: con Ali como musa y mentor, empecé a escribir; primero artículos y memorias para una revista, y más tarde libros. Excepción hecha de mis padres, mis esposas y mis hijos, durante más de cincuenta años Ali ha sido, en muchos sentidos, el planeta más grande de mi sistema solar, una constante astronómica, mi amigo y mi gran tema.

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