Ficha técnica

Título: Elogio del bistrot | Autor: Marc Augé | Traducción: Delfín G. Marcos | Editorial: Gallo Nero | Colección:  piccola | Páginas: 120 | Formato: 11 x 16 | ISBN:  978-84-1652941-4 | Precio: 12,00 euros  |  Fecha:  abril 2017 |

Elogio del bistrot

GALLO NERO

«Cuando yo era joven, ir solo al bistrot era uno de los primeros gestos de independencia.»

Marc Augé explora el gran teatro del bistrot y sus actores: camareros y clientes. Visto con los ojos del etnólogo, el bistrot es el reino de las relaciones «superficiales», aquellas en las que la acción del intercambio importa mucho más que su finalidad. Un gran bistrot en su hora punta es un lugar rebosante de vida y de emociones en el que se habla para no decir nada, gestos apenas esbozados, miradas pasajeras. Espacio relacional pero también literario, como modelo de civilización que Francia ha exportado a todo el mundo, el bistrot no es solo una imagen, es un objeto del paisaje urbano que reivindica su propia historia, una geografía y a partir de ahora también su etnología.
 
 
Un espacio novelesco
 
El aldeano de París se publicó en 1926. Por aquel entonces, el Certa que describe Aragon se había trasladado a la calle de Isly, al lado de la place Blanche. Cuando esto ocurrió, los amigos de André Breton se empezaron a reunir en la brasserie Cyrano (en el 82, boulevard de Clichy, al lado del Moulin Rouge, en el arrondissement XVIII). En el lugar que ocupaba el Cyrano hoy podemos encontrar un Quick, local de comida rápida (fast food en lengua internacional). La memoria puede ser fiel y no serlo al mismo tiempo, como bien sabemos. Si uno se mete en internet puede pensarse que el Certa y el Cyrano todavía existen. La Guía de los mejores brunch invita al público a venir a tomar un «brunch histórico» al Certa, que se encuentra efectivamente en la calle de Isly desde hace mucho tiempo, pero para ello recurre a la descripción que hacía Aragon del primer Certa, aquel del passage de l´Ópera. Y hoy podemos encontrar cerca de la place de Clichy, en el xvii, un bistrot que se llama Cyrano, con aire pintoresco y anciano, que una guía gastronómica define como la auténtica «sede de los surrealistas» de André Breton, Aragon y compañía, la de principios del siglo xx. En resumidas cuentas, es emocionante ver que los bistrot reivindican, deformando ligeramente la realidad, una filiación con Breton y Aragon, cuerpos celestes desaparecidos cuyo resplandor, siempre y cuando le prestemos el ojo, aún puede percibirse en algunas guaridas secretas del universo parisino.
 
     La imaginación funciona como una memoria artificial. Un gran número de cafés actuales nos recuerdan que fueron frecuentadas por escritores, por poetas, por artistas o por pensadores de primera plana. En la Closerie, donde Lenin jugaba al ajedrez, una pequeña placa metálica en la esquina de una mesa recuerda a quien se sienta allí que está ocupando el mismo lugar que Verlaine o Hemingway; la web de Deux Magots recuerda, a su vez, que Mallarmé, Verlaine y Rimbaud paraban a menudo por allí.

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