Ficha técnica

Título: Elogio de la bondad | Autores: Adam Philips y Barbara Taylor | Traducción: Antonio-Prometeo Moya |  Prólogo: Czeslaw Milosz | Editorial: Duomo Ediciones | Colección: Perímetro  | Género: Ensayo | ISBN: 9788492723201 | Páginas: 128 | Publicación: 8 de Febrero 2010 |

Elogio de la bondad

DUOMO EDICIONES

¿Por qué hoy en día la bondad es vista más como un signo de debilidad que de fortaleza? ¿Por qué ha perdido su condición de virtud para convertirse en una práctica inocente y estéril? ¿Habrá que resignarse ante el imperio de la crueldad y el egoísmo? ¿O todavía podemos confiar en su capacidad para transformar la sociedad en que vivimos?

Desde una perspectiva histórica y psicoanalítica, en este libro se abordan las diversas maneras en que se ha tratado el fenómeno de la bondad a lo largo de los siglos, desde la exaltación que de ella han hecho filósofos como Séneca y Rousseau hasta el carácter innecesario que le han otorgado pensadores como Thomas Hobbes y Adam Smith, que la han reservado exclusivamente a un ámbito privado, femenino y filial.

Así, a partir de la relectura de textos clave de Freud, los autores analizan las consecuencias que ese cambio ha producido y nos invitan a pensar en la bondad como un placer prohibido, un comportamiento sospechoso que, sin embargo, sigue siendo primordial para el desarrollo de nuestra felicidad personal y colectiva.

«En una sociedad competitiva, estresada, paranoica, cínica, obsesionada con las celebridades y aplastada por el crédito, ésta filosofía puede parecer insustancial; pero, tal como Phillips y Taylor demuestran de manera clara, coherente y sin sentimentalismos, se trata de un modo de pensar completamente trascendental.» David Robinson The Scotsman

«Uno de los propósitos de este breve libro es reivindicar la bondad como algo necesario para nuestra felicidad personal y nuestro bien común. Un ensayo que se concentra en un tema tan profundo y tan importante, tiene un inmenso valor.» Mary Warnock The Observer

 

1. Contra la bondad  

LA BONDAD O LA FALTA DE ELLA han recibido mucha prensa últimamente. Los gurúes mediáticos se quejan del egoísmo de nuestra época y los periódicos suelen publicar reportajes como el de aquel adinerado agente de bolsa que, en el punto más álgido de su trayectoria profesional, decidió pasar todos los fines de semana trabajando gratis con niños que tenían problemas. Incluso él se mostraba asombrado de su reacción. «Ayudar a los niños me hace muy feliz. Me siento una persona distinta.» Este asombro se refleja en los informes de primera plana que hablan de estudios académicos sobre «lo que hace feliz a la gente» y que muestran que en la escala de la felicidad, la bondad se encuentra en un lugar más alto que la conducta centrada en uno mismo. Un informe reciente describía un experimento llevado a cabo por el psicólogo estadounidense Martin Seligman (autor de Authentic happiness), que seleccionó a un grupo de universitarios con el fin de poner a prueba el planteamiento «filantropía frente a diversión». ¿Adivinan qué les produjo más placer?, preguntaba riendo el periodista. «Yo también he sentido ese gustazo, cada vez que he invitado a alguien a una jarra…»
 
   Al leer estos artículos nos preguntamos por qué la gente se sorprende hoy de lo que es tan evidente. ¿Por qué nos asombra que la bondad produzca placer? ¿Y por qué las anécdotas protagonizadas por la bondad suelen ser cursis o idiotas, y trivializan las cosas que más importan a la mayoría?
 
   El placer de la bondad era muy conocido en el pasado. En nada se complacen más las personas que en ser buenas, afirmaba Marco Aurelio, y durante siglos los pensadores y los escritores han repetido sus palabras. Pero en la actualidad son muchas las personas que no parecen creer en esta complacencia o que sospechan abiertamente de ella. Nos hemos forjado una imagen de la naturaleza humana en la que apenas hay generosidad natural. Casi todos aquellos que parecen creer que, en el fondo, ellas y las demás están locas, son malas y es peligroso conocerlas; que, como especie, los humanos nos hemos enemistado entre nosotros profunda y radicalmente, que nuestros motivos son muy egoístas y que nuestras simpatías son formas de protegernos.
 
   El presente libro explica cómo y por qué se ha llegado a esta mentalidad y sostiene que ser afectuosos -vivir identificándonos instintivamente con las debilidades y preferencias de los demás- es la forma de vida por la que deberíamos inclinarnos, y ciertamente la que vivimos a menudo, ocultándonos lo a nosotros mismos. La gente es buena continuamente, de manera secreta, pero no tiene un lenguaje con que expresarlo y carece de apoyos culturales a este fin. Imaginamos que si vivimos de acuerdo con nuestras simpatías nos debilitaremos o nos sentiremos desbordados; la bondad sabotea la vida triunfal. Necesitamos saber por qué hemos acabado por creer que la vida óptima supone sacrificar lo mejor de nosotros mismos; y por qué hemos acabado creyendo que hay placeres mayores que la bondad. En este libro se sostiene que la bondad -y no la sexualidad, ni la violencia ni el dinero- es nuestro placer prohibido. ¿Qué tiene nuestra época para que la bondad se presente como peligrosa?

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