Ficha técnica

Título:  Elisabeth | Autor: Paolo Sortino | Traductor: Juan Manuel Salmerón | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas |ISBN: 978-84-339-7850-9 |  páginas: 240 | Precio: 17,90 euros | Publicación: noviembre 2012   | e-book: 13,99 euros

Elisabeth

ANAGRAMA

Amstetten, capital de provincia de la Baja Austria. En agosto de 1984, Josef Fritzl rapta a su hija de dieciocho años y la encierra en un búnker nuclear proyectado por él y construido en los cimientos de su propia vivienda. Mantendrá prisionera a Elisabeth durante casi veinticuatro años, y de las repetidas relaciones incestuosas a las que la obligará nacerán siete hijos.

La turbadora primera novela de Paolo Sortino reconstruye uno de los casos de la crónica de sucesos más atroces de estos últimos años, injertando en la espina dorsal de una historia verdadera e increíble una capacidad de fabulación que se convierte desde las primeras páginas en el sistema nervioso de la narración, el laberíntico recorrido obligado a través del cual es posible explorar todos los aspectos de este horror doméstico velado por complejos claroscuros.

El autor invade la crónica (las actas del juicio al «monstruo de Amstetten» están bajo secreto de sumario) reinventando algunos episodios, mientras que otros prefiere relatarlos tal y como ocurrieron, gracias a una voz narrativa que no formula juicios ni atribuye culpas. Elisabeth, a la que se mantiene prisionera igual que a un animal alimentado en el calor de la madriguera, es la protagonista absoluta de una historia que agarra al lector y lo lanza de lleno hasta el búnker, sin permitirle nunca la salida.

Lo que queda es una historia de amor y locura, de terror y deseo: pero el valor de las simples palabras que pertenecen al mundo «de arriba» -incapaces, por sí solas, de descifrar lo que de verdad ocurrió en ese búnker- está destinado a desaparecer.

«Los méritos literarios de la novela están todos en la fuerza con que Sortino alcanza un inestable equilibrio entre el doble tabú incesto-muerte y el lenguaje adoptado para expresarlo, una lengua que se hace vertiginosa y cargada de grave sensualidad, como si quisiera arrastrarse directamente sobre el cuerpo de la muchacha, como si la intención del autor fuera la de hacernos bajar poco a poco al pozo sin fondo de Fritzl» (Luigi Pingitore).

«Narrar, para Sortino, se convierte en la necesidad de encontrar de nuevo el hilo de Ariadna mientras el Minotauro, que tiene el ojo seráfico del buen vecino de casa, nos lo esconde y respira pesadamente en un rincón oscuro» (Aldo Nove, La Repubblica).

«Ningún juicio preestablecido ni atenuación sentimental: violencia, dureza, hedor a excrementos, presencia obscena de los dioses en una cosmogonía en la que la ética no tiene presencia» (Walter Siti, La Stampa).

«La novela de Paolo Sortino tiene la valentía inconsciente y perfecta de un incendio que devora los cuerpos y el tiempo» (Giorgio Vasta, Il Manifesto).

«Paolo Sortino elige un estilo sublime, traza asociaciones refinadas, su escritura es tan impermeable a las modas literarias que da miedo. Cada palabra de esta novela es perspicaz. El dolor se transforma en placer, igual que en un Sade del alma. Un escritor de raza» (Alcide Pierantozi, Rolling Stone).

 

1. JOSEF

EL VIAJE 

     Eran los últimos días y no lo sabía.

     Ese año también acababa la escuela y daba paso al primer verano sin su padre, que por eso se presentaba luminoso. Hablaban de que se fuera con la familia de Rosvita, quien ya a principios de marzo la había invitado a acompañarla a las cortas vacaciones que sus padres pensaban pasar lejos, no sabía dónde. Desde entonces las dos amigas se miraban y se hacían guiños en clase. Reían de lo dulce que era esperar el viaje que por fin se realizaba.

     De momento, pues, Elisabeth iba contenta a clase. Recuperaba un espacio aún libre que empezaba donde la casa terminaba. Aunque no estaba acostumbrada a salir, aunque tenía la impresión de que no sabría cómo hacerlo, bajaba el último escalón de la puerta dando un brinco de alegría. Se sentía bien. Lo bastante bien para querer vivir. Aún se le veían en la cara sonrisas inasibles.

 

     Será que la juventud habla por sí misma, pero allí, en la escuela, donde, aunque callada, siempre participaba en los juegos, en las carreras, encontraba el principio de su segunda iniciación. Ahora que el padre ya no la esperaba en la verja desde antes de la hora de salir, pasaba todo el rato que podía junto a los muros que separaban las aulas de los jardines. Se acurrucaba allí, y con el calor del sol en la cara saboreaba aquellos momentos de soledad, que por fin era bella, e interminable.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]