Ficha técnica

Título: El vendido | Autor: Paul Beatty   | Traducción: Iñigo García Ureta | Editorial: Malpaso Páginas 368 | ISBN: 978-84-16665-69-3 | Formato: 14 x 21 cm.  | Formato: Tapa dura  Precio: 22 euros  Fecha: mayo 2017

El vendido

MALPASO

Una sátira mordaz sobre la educación de un hombre aislado y el juicio racial que lo envía al Tribunal Supremo, El vendido de Paul Beatty exhibe a este genio de la parodia en su punto más álgido. Ganadora del Man Booker Prize 2016, del National Book Critics Circle Award y del premio literario John Dos Passos, esta novela desafía las sagradas doctrinas de la constitución estadounidense, la vida urbana, el movimiento por los derechos civiles, las relaciones paterno-filiales y el Santo Grial de la igualdad racial.

Tras el asesinato de su padre a cargo de dos policías, el protagonista de El vendido se embarca en un controvertido experimento social: reintroducir la esclavitud en una comunidad afroamericana de la California contemporánea. Con todo, no le falta tiempo para hacer de la segregación racial para con los blancos un arma de motivación, inspiración y superación para la comunidad afroamericana del lugar y de sus vecinos mexicanos, a quienes les une un profundo desprecio por un enemigo común del que ya no tienen noticias.

Sobre tan disfuncional y variopinta estampa arranca esta desternillante novela que hizo las delicias del jurado del Man Booker Prize. Una escandalosa tragicomedia que explora el legado de la esclavitud y las desigualdades raciales de la América actual.

«El lector tiene la constante sensación de estar traspasando las fronteras de lo posible y lo permisible. La poesía de sus frases resuena con un vigor que nace de un riguroso autoescrutinio.» The Guardian

«La novela sobre las razas más perversa publicada en la América de Obama.» The Daily Beast 

 

PRÓLOGO

Tal vez cueste creerlo viniendo de un negro, pero lo cierto es que nunca he robado nada. Nunca he hecho trampas, ni en la declaración de la renta ni a las cartas. Nunca me he colado en el cine ni he dejado de devolverle el cambio extra a un cajero de supermercado ajeno a las formas del mercantilismo y las tristes perspectivas del salario mínimo. Nunca he desvalijado una casa ni he atracado una licorería. Nunca me he montado en un autobús atestado o en un vagón de metro para ocupar un asiento reservado a los ancianos, sacar mi enorme pene y masturbarme a placer con una expresión depravada, aunque algo alicaída, en el rostro. Y, sin embargo, aquí estoy, en las cavernosas estancias del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, con el coche aparcado de manera ilegal (y algo irónica) en Constitution Avenue, las manos esposadas a la espalda y el derecho a guardar silencio hace tiempo declinado (adiós, muy buenas). Aquí estoy, sentado en una silla acolchada que, como este país, es menos cómoda de lo que parece.

     Convocado por un sobre de aspecto oficioso con un ¡IMPORTANTE! estampado en grandes letras rojas, no he dejado de sufrir desde que llegué a la ciudad. 

 

Estimado señor (decía la carta):

¡Enhorabuena, acaba de ganar un premio extraordinario! Su caso ha sido escogido entre cientos de apelaciones para ser visto por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América. ¡Qué magnífico honor! Es muy recomendable que se presente con al menos dos horas de antelación. La audiencia está fijada para las 10.00 horas del día 19 de marzo del año de nuestro Señor…

La carta concluía con instrucciones precisas para llegar al edificio del Tribunal Supremo desde el aeropuerto, la estación de tren o la autovía I-95, y llevaba una cartilla de cupones de descuento para varias atracciones, restaurantes, hoteles y similares. No iba firmada; terminaba simplemente así:

     Atentamente,

El Pueblo de los Estados Unidos de América 

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