Ficha técnica

Título: El último tren a la zona verde | Autor: Paul Theroux | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 360 | Medidas: 150 X 238 mm | ISBN: 9788420410814 | Precio: 19,90 euros | Ebook: 9,99 euros

El último tren a la zona verde

ALFAGUARA

Hace ya una década, Paul Theroux narraba su épico viaje por tierra desde  El Cairo hasta Ciudad del Cabo, y nos ofrecía una visión privilegiada  del África moderna. Ahora regresa para descubrir cómo han cambiado en estos años tanto él como el continente africano.

Entre townships  y safaris a lomos de elefantes, entre paraísos naturales, tradiciones  perdidas y zonas devastadas por la guerra y la avaricia desmedida de sus  gobernantes, el autor parte de Ciudad del Cabo, se dirige al norte a  través de Sudáfrica y Namibia, y se adentra en Angola para tropezarse  con un entorno cada vez más apartado de las rutas turísticas y de las  esperanzas de los movimientos poscoloniales de independencia.

La crítica ha dicho…

«El aclamado novelista y escritor de relatos de viajes narra su recorrido por África como turista, aventurero, pensador y crítico esperanzado. Theroux encarna el autor de viajes de pura cepa.» Kirkus

«Una lectura cautivadora, escalofriante, que describe una realidad con  apariencia a veces más propia de una ficción apocalíptica de alguien como Cormac McCarthy.» Robin McKie, The Guardian

«Potente y conmovedor. Un libro fascinante.» Financial Times

   

1. Con la gente irreal

En la ardiente sabana del nordeste de Namibia me encontré con un nido de termitas en un montículo de arena suave, pulverizada por las hormigas, y, con solo esa mínima elevación bajo las suelas de mis zapatos, el paisaje se abrió en un abanico majestuoso, como las páginas agitadas de un libro aún por leer.

Reanudé el paso detrás de una fila de hombres y mujeres menudos, casi desnudos, que caminaban deprisa bajo un cielo cubierto de fuego dorado a través de la seca corteza de lo que en otros tiempos se conocía en afrikáans con el burdo nombre de Boesmanland (la tierra de los bosquimanos) -mujeres risueñas con bolsas de canguro en el pecho, un niño pequeño con la cabeza como un fruto peludo que sobresalía de una de las bolsas, hombres con vestimentas de cuero que llevaban lanzas y arcos, nueve en total contándome a mí-, y pensé, como pensaba desde hacía años durante mis viajes por la tierra entre seres humanos: los mejores llevan el culo al aire.

Feliz una vez más, de vuelta en África, el reino de la luz, estaba trazando un nuevo camino a pie por este antiguo paisaje, gozando de «un pasado palpable, imaginable y visitable, con las distancias más cortas y los misterios más claros». Iba esquivando espinos en compañía de unas personas esbeltas de piel dorada que eran el pueblo más antiguo del mundo, con un linaje que se remonta al oscuro abismo del tiempo en el Pleistoceno Superior, hace unos treinta y cinco mil años: nuestros ancestros indudables, los auténticos aristócratas del planeta.

Nos detuvo el bufido de un animal oculto y sobresaltado. Luego, el roce de sus ancas en la maleza. Luego, el ruido de sus cascos en las piedras.

-Un kudú -susurró uno de los hombres mientras se inclinaba para oírlo alejarse sin volver la mirada, como si pronunciara el nombre de alguien conocido. Volvió a hablar y, aunque no le entendí, escuché como si fuera una música nueva; tenía un lenguaje absurdo y eufónico.

Esa mañana, en Tsumkwe, el pueblo más próximo -más que un pueblo, un cruce de caminos abrasado por el sol, lleno de cabañas y unos cuantos árboles de sombra-, había oído en mi radio de onda corta: Convulsión en los mercados financieros mundiales, que se enfrentan a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Los países de la eurozona se acercan al precipicio y se espera que Grecia caiga en la bancarrota, después de que el gobierno haya rechazado un préstamo de 45.000 millones de dólares para reducir su deuda.

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