Ficha técnica

Título: El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 | Autor:  Josep Fontana  | Editorial:Crítica | Fecha de publicación:  febrero 2017 | Páginas: 808 | Idioma: Español | ISBN: 978-84-16771-50-9 | Código: 10175940 | Formato: 15,5 x 23 cm. | Presentación: Tapa dura con sobrecubierta | Colección: Serie Mayor

El siglo de la revolución

CRÍTICA

El periodo que va de 1914 a nuestros días ha sido un siglo de luchas de liberación, de un gran enfrentamiento de clases. La revolución que se inició en Rusia en 1917 ha marcado el siglo entero. La amenaza de subversión del orden establecido determinó la evolución política de los demás, empeñados en combatirlo y, sobre todo, en impedir que se extendiera por el mundo. La culminación de esta dinámica se produjo después de la segunda guerra mundial, cuando, tras la derrota del fascismo, se organizó por una parte la guerra fría, mientras, por otra, los avances sociales del estado de bienestar servían como antídoto para evitar la penetración de sus ideas en las sociedades del mundo desarrollado. Fue así como se alcanzó aquella situación excepcional de los años que van de 1945 a 1975, cuando en los países desarrollados se registraron las mayores cotas de igualdad hasta entonces conocidas.

A lo largo de los años setenta, sin embargo, al tiempo que se hundía el poder soviético y que el comunismo dejaba de ser una amenaza interna, esa trayectoria cambió para dar paso a la reconquista del poder por las clases dominantes y a una fase de retroceso social que nos ha llevado al triunfo actual de la desigualdad. El siglo no ha sido, pues, un «siglo revolucionario», puesto que las propuestas de 1917 acabaron derrotadas, pero ha sido «el siglo de la revolución», en la medida en que estas propuestas, en su doble papel de esperanzas para unos y de amenazas para otros, han marcado toda su historia.

 

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LA GRAN GUERRA (1914-1918)

     La paz que reinaba en Europa a comienzos de 1914 estaba cargada de amenazas que derivaban de una compleja dinámica de tensiones y enfrentamientos entre las grandes potencias: pugna en los Balcanes entre Austria-Hungría y Rusia por apoderarse de los territorios europeos del Imperio otomano (en la que también participaban, por su propia cuenta, Serbia, Bulgaria, Rumania y Grecia); enfrentamiento en África entre Alemania, Francia y Gran Bretaña por el dominio de las colonias (Alemania había llegado tarde al reparto del mundo: en 1900 los británicos tenían 367 millones de súbditos coloniales y los franceses 50 millones, mientras que los alemanes apenas llegaban a 12, menos que los holandeses o los belgas); deseo de revancha de Francia, a la que la derrota ante Prusia en 1870- 1871 le había dejado una herida permanente…

     En todas partes, además, los gobiernos veían con temor el desarrollo del movimiento obrero y el ascenso de los partidos socialdemócratas que los representaban en los parlamentos. Alarmado ante la revolución rusa de 1905, el emperador alemán -el Káiser, como se le llamaba- había escrito a Bernhard von Bülow, que era entonces su canciller, o sea, su jefe de gobierno: «Antes que nada hay que acabar con los socialistas, decapitarlos e impedir que puedan perjudicar, aunque sea por medio de matanzas. Y después hacer una guerra exterior. Pero no antes y no enseguida».

     Que hubiese de acabar habiendo una guerra parecía seguro. En espera de que estallara las potencias europeas se habían agrupado en dos grandes bloques defensivos: la Triple Alianza (Austria-Hungría, Alemania e Italia) y la Triple Entente (Francia, Rusia y Gran Bretaña), y todas se preparaban para un futuro enfrentamiento en una fecha imprevisible. 

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