Ficha técnica

Título: El show de Berlusconi | Autor: Simone Barillari | Editorial: Errata Naturae | Colección: Fuera de colección| Formato: 14 × 21,5 | Páginas: 256 | Precio aprox.: 19,90 euros | Traducción: Miguel Ros González | ISBN: 978-84-15217-22-0

El show de Berlusconi

ERRATA NATURAE

 

Un delirante libro de chistes que es al mismo tiempo un inesperado volumen de sociología crítica?

¿Una antología de la gran bufonada política que destapa la forma perversa en que el poder se ha apropiado de la comedia?

¿Un libro que puede leerse con igual propiedad sentado en el cuarto de baño o en el sillón de orejas?

De forma tan imprevista como dramática, la Era Berlusconi ha terminado. Ha llegado el momento de reflexionar críticamente sobre uno de los dirigentes políticos más excéntricos y controvertidos de nuestro tiempo, pero ¿por qué hacerlo de forma austera y ceñuda? Como seguramente sabrá el lector, Silvio Berlusconi comenzó a ganarse la vida cantando y contando chistes en cruceros y, muchos años después, tras crear un imperio empresarial y ser elegido primer ministro, convirtió la política en la más obscena de las comedias. Para ello utilizó estratégicamente el humor como una forma de poder e hizo del chiste una de sus municiones políticas de mayor alcance. Como él mismo afirmó con cierto espíritu categórico: «Yo no cuento chistes sin más. Hago uso de los chistes para esculpir conceptos».

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Puede que esa carnavalesca época de la historia de Italia que comenzó en la primavera de 1994 con el debut de Silvio Berlusconi en el teatro de la política, y con su súbita irrupción en el escenario del Palazzo Chigi, haya concluido por fin, como muchos afirman, en otoño de 2011, cuando el propio Berlusconi se vio obligado a abandonar ese escenario y a presentar su dimisión como primer ministro1. Puede que la Segunda República -que pese a durar menos de la mitad que la Primera ha pasado con mayor lentitud, como siempre ocurre con los espectáculos demasiado largos, y que ha coincidido plenamente, no sólo en su duración, sino también en su naturaleza, con la persona y la interpretación de Berlusconi y con ese continuo y repetitivo curso de actuación para la masa que ha sido el berlusconismo- haya tocado a su fin. Y el hecho de que una azafata de televisión, nombrada diputada del Parlamento por Berlusconi, fuera quien, con su voto contrario en una moción de confianza, motivara la caída del último Gobierno Berlusconi es sin duda un apropiado final para esta época de teatreros de la política. Si esto es cierto, y siempre y cuando uno de los hombres de Berlusconi no salga elegido en las próximas elecciones para que éste pueda manejarlo y hacerlo hablar como haría un ventrílocuo con su muñeco, podremos volver a decirle a Roma, diez siglos después, y rescatando las últimas palabras de un emperador moribundo: plaudite, amici, comoedia finita est.

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