Ficha técnica

Título: El robo de la Mona Lisa. Lo que el arte nos impide ver | Autor: Darian Leader | Traducción: Elisa Corona Aguilar | Editorial: Sexto Piso | Colección: Ensayo Sexto Piso | Páginas: 192 | Género: Ensayo | Formato: 15×23 | ISBN: 978-84-15601-64-7 |Precio: 20,00 euros 

El robo de la Mona Lisa. Lo que el arte nos impide ver

SEXTO PISO

Cuando la Mona Lisa fue robada del Louvre en 1911, pasaron veinticuatro horas antes de que nadie supiera que había desaparecido. Después, miles de personas acudieron a ver el espacio vacío donde había estado colgado el lienzo. Muchas de ellas no habían visto nunca la pintura.

En El robo de la Mona Lisa. Lo que el arte nos impide ver, Darian Leader aborda la intrigante historia del robo del cuadro y la reacción del público a dicho acontecimiento como punto de partida para explorar la psicología de la observación del arte visual. ¿Qué esperamos ver en una pintura, y qué es lo que esconde de nosotros? ¿Por qué algunos artistas se sienten obligados a vivir de un modo más colorido que sus propias obras? ¿Y por qué la policía equivocó su larga investigación sobre el robo de la obra maestra de Leonardo? ¿Es la obra de arte una suerte de pantalla que cubre aquello que está inmediatamente detrás: la muerte, el vacío, el horror, la Cosa lacaniana?

El psicoanalista Darian Leader combina, con un gran sentido narrativo, el relato de anécdotas maravillosas, la observación perspicaz y el análisis sutil de ejemplos tomados del arte clásico y contemporáneo para crear una teoría sorprendente y audaz de lo que vemos y no vemos en el arte. De cómo a menudo lo esencial es lo ausente, aquello que por definición queda más allá de toda representación, y que la obra de arte señala (o conjura) al abrir un vacío positivo.

«Inteligente e ingenioso, lleno de excelentes anécdotas… Este libro dice cosas sobre el arte que nunca antes se habían pensado». Time

«Altamente recomendable para cualquier lector. Es realmente difícil encontrar un libro sobre arte que consiga ser divertido, exponer muy bien sus ideas y que esté muy bien escrito». The Guardian

PÁGINAS DEL LIBRO

La mañana del 21 de agosto de 1911, un hombre delgado vestido con una bata blanca se escabulló por una de las entradas laterales del Louvre y desapareció entre las multitudes de la rue de Rivoli. Su paso no era ligero, ya que debajo de la bata llevaba un panel de madera que tenía que ocultar y proteger a la vez. Cuando regresó a su pequeño y escasamente amueblado cuarto en la rue Hôpital Saint-Louis, deslizó el lienzo con cuidado en un hueco oculto a la vista por montones de leña. Muy pronto estaría cómodamente encajado en el fondo falso de un baúl construido expresamente para coincidir con sus dimensiones. Nadie parpadeó siquiera cuando Vicenzo Peruggia apareció en su trabajo dos horas tarde. ¿Cómo iban a saber, después de todo, que ese pintor de brocha gorda, callado y discreto, acababa de robar una de las obras de arte más famosas del mundo?

     El robo en sí fue de igual forma callado y discreto: la ausencia de la Mona Lisa se advirtió sólo unas veinticuatro horas después. El 21 era lunes, después llegó el martes, el día en que el Louvre cierra y las obras suelen retirarse a un anexo para tomarles fotografías. Un trabajador que miró hacia la pintura alrededor de las siete de la mañana mientras pasaba por el Salon Carré notó que una hora después ya no estaba allí, pero interpretó su ausencia como un signo de seguridad: «Vaya, vaya -le dijo a sus colegas-. Tienen miedo de que alguien la robe».

     Al día siguiente, el Louvre se había convertido en una comisaría. Más de sesenta detectives y policías registraron las salas y corredores en busca de pistas. Los funcionarios y el personal volvieron de sus vacaciones de verano a la escena del crimen. Se convocaron ruedas de prensa y las primeras páginas de los diarios casi no hablaban de otra cosa. Era imposible escapar a la imagen de la dama secuestrada. Ahí estaba: en los noticiarios, en las cajas de bombones, en postales y cartelones. Su fama icónica se transformó de súbito en la celebridad de la que gozan las estrellas de cine y los cantantes. Las multitudes se apiñaban en el Louvre para contemplar el espacio vacío donde alguna vez estuvo colgada la pintura. Muchos de estos emocionados espectadores jamás habían pisado el Louvre, y de hecho nunca habían visto la pintura.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]