Ficha técnica

Título:  El Rey del Juego | Autor: Juan Francisco Ferré |   Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas hispánicasPáginas: 280  | ISBN: 978-84-339-9799-9 | Precio: 18,90 euros 

El Rey del Juego

ANAGRAMA

El protagonista y narrador de esta novela, Axel Bocanegra -escritor cuarentón, divorciado, con una hija y que no está precisamente en su mejor momento-, aparece en la primera escena en su casa, viendo porno en el sofá mientras se bebe más de media botella de Jack Daniels. Estamos en la España de 2014, y dos admiradores de su obra -dos hermanos o supuestos hermanos- lo convocan en el Bar de Bringas para charlar de fútbol y otros asuntos filosóficos. Con argucias y engaños, lo arrastran hasta un centro cultural abandonado llamado Reino de la Ruina y Axel Bocanegra, como si fuera una Alicia que cae al fondo de la madriguera del conejo, se hunde en un país que no es exactamente el de las Maravillas.

Los falsos hermanos, que resultarán ser agentes de un secretísimo servicio secreto, lo entregan a una enana y un viejo científico loco que lo someten a torturas varias y le hacen tragarse una pastilla que lo hundirá todavía más en este mundo de pesadilla. Protagonista de una alucinación inducida, Axel Bocanegra transita por un territorio kafkiano en el que asoman conspiraciones, dobles del rey de España, una chica llamada Marta y el mismísimo Rey del Juego, el que maneja los hilos y convierte a Axel en un títere, una marioneta…

Esta novela desaforada, enloquecida y trepidante se puede leer como un thriller alucinógeno, un cómic sin viñetas o un videojuego literario que funciona sin necesidad de mandos. Una vez más, Juan Francisco Ferré aborda la realidad sociopolítica -en este caso, española- huyendo del realismo -sea éste garbancero o no- y elabora un artefacto (explosivo) que es un aquelarre narrativo, un capricho goyesco, un esperpento valleinclanesco, un delirio lúcido que mezcla ciencia ficción, erotismo, parodia, elucubraciones filosóficas, guiños culturales, teorías de la conspiración y juegos de naipes y de vídeo. Siguiendo la senda abierta con Providence (Finalista del Premio Herralde de Novela 2009) y Karnaval (Premio Herralde de Novela 2012), el autor continúa el que es uno de los proyectos narrativos más ambiciosos, radicales y fascinantes de la actual literatura española y lleva la novela a una nueva dimensión desconocida.

«Una historia alocada, imprevisible, tumultosa, zigzagueante. Una suerte de gloriosa astracanada para leer con los ojos muy abiertos» (José María de Loma, La Opinión de Málaga).

«El Rey del juego es una lectura muy divertida (sobre todo en su primera mitad), espídica, desbordante de mala intención (que es la mejor)… Esto es un videojuego de acción y todo gamer, sabe que el gran placer de las partidas modernas ya no es tanto pasar de pantalla como destruir cosas, felices y anárquicos. (Nadal Suau, El Mundo-El Cultural).

I

      Ya está todo dicho. Hay poco que añadir. La cosa se repite hasta la náusea.

     Aquella noche de junio, para evadirme de las malas noticias, estuve viendo porno hasta altas horas de la madrugada en un canal privado de televisión al que acababa de abonarme, me bebí más de media botella de Jack Daniels, me hice una paja lenta y desganada imaginando que mi ex mujer se lo montaba con otro más joven y me quedé dormido en el sofá Divatto mientras en la pantalla LED de 60 pulgadas los acróbatas del sexo prolongaban el carrusel de posturas y actos indecibles más allá del amanecer.

     Al despertar, con la tele aún encendida, tenía la sensación de haber sobrevivido a una catástrofe aérea y estar en una isla misteriosa y paradisíaca en compañía de mucha gent desconocida. Era falso. Como tantas otras cosas en mi vida reciente.

      Todas las mañanas de los últimos años el mismo ritual para restablecer el contacto con el mundo perdido durante la noche.

      Visto desde fuera: yo era una taza enorme de café humeante en la mano izquierda como una salvaguarda contra el sueño indeseable, un batín rojo como único disfraz y un aire de atontamiento estratégico calculado al milímetro para engañar al posible observador.

      Visto desde dentro: yo era una cabeza llena de telarañas, un estómago vacío como precaución dietética y el alma aún más vacía, como un globo desinflado, a la espera de emociones positivas para reavivarse.

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