Ficha técnica

Título: El relojero ciego | Autor:  Richard Dawkins |  Editorial: Tusquets | Colección: Metatemas MT-133   | Páginas: 352 | ISBN: 978-84-9066-108-6 | Precio: 21,15 euros (IVA no incluido)

El relojero ciego

TUSQUETS

Este libro deshace una buena parte de los equívocos que normalmente se proyectan sobre el evolucionismo; y sobre todo es un intento serio de explicar basándose en la teoría de Darwin cómo han podido llegar a existir formas de vida tan increíblemente complejas como nosotros mismos, a partir de los más simples materiales. En sus páginas, Dawkins rebate discursos teológicos acerca de la figura de Dios como creador de vida y explica cómo se puede conseguir la complejidad mediante la evolución. En la parte final del libro, el autor cuestiona otras teorías que han tratado de explicar la variedad de formas de vida y que van desde el creacionismo hasta el lamarckismo.  

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EXPLICAR LO MUY IMPROBABLE

      Nosotros, los animales, somos las cosas más complejas del universo conocido. Nuestro universo, por supuesto, es un pequeño fragmento del universo real. Puede haber objetos más complejos que nosotros en otros planetas y es posible que algunos sepan ya de nuestra existencia. Pero esto no altera la idea que quiero exponer. Las cosas complejas merecen siempre una explicación muy especial. Queremos saber cómo empezaron a existir y por qué son tan complejas. Es probable que la explicación, como se verá más adelante, sea la misma en términos generales para todas las cosas complejas de cualquier parte del universo; la misma para nosotros, que para los chimpancés, los gusanos, los robles y los monstruos del espacio exterior. Por contraposición, no será así para lo que llamaré cosas «simples», como rocas, nubes, ríos, galaxias y estrellas. Éstas son materia de la física. Los chimpancés, los perros, los murciélagos, las cucarachas, la gente, los gusanos, las flores, las bacterias y los seres de otras galaxias lo son de la biología.

     La diferencia radica en la complejidad del diseño. La biología es el estudio de las cosas complejas que dan la impresión de haber sido diseñadas con un fin. La física es el estudio de las cosas simples que no nos incitan a invocar un diseño deliberado. A primera vista, objetos hechos por el hombre, como los ordenadores y los coches, parecen excepciones. Son complejos y están, obviamente, diseñados con una finalidad, sin embargo carecen de vida y están hechos de metal y plástico en lugar de carne y hueso. En este libro los trataré como objetos biológicos.

     La reacción del lector a este planteamiento puede consistir en preguntar: «Sí, pero ¿son realmente objetos biológicos?». Las palabras están a nuestro servicio, no al revés. Por diferentes razones, nos resulta conveniente utilizar palabras con distinto sentido. La mayoría de los libros de cocina clasifican la langosta como un pez. Los zoólogos se quedarían pasmados al leerlo, y señalarían que las langostas podrían llamar peces a los humanos con mayor justicia, ya que los peces son una especie más cercana a los humanos que a ellas. Y, hablando de justicia y langostas, he oído que un tribunal tuvo que decidir recientemente sobre si las langostas eran insectos o «animales» (el tema surgió al discutir si se debería permitir que la gente cociese vivas a las langostas). Desde un punto de vista zoológico, las langostas ciertamente no son insectos. Son animales, pero también lo son los insectos y nosotros. No tiene especial interés ponerse a discutir sobre la forma en que las distintas personas utilizan las palabras (aunque en mi vida no profesional estoy bastante dispuesto a discutir con quienes echan las langostas vivas en el agua hirviendo). Los cocineros y los abogados necesitan usar las palabras con un estilo propio especial, igual que yo en este libro. No importa si los coches y los ordenadores son «realmente» objetos biológicos. La idea es que si encontráramos cualquier cosa con tal grado de complejidad en un planeta, no dudaríamos en concluir que allí existe vida, o que existió en algún momento. Las máquinas son productos directos de los seres vivos, su complejidad y diseño derivan de ellos, y son indicios de la existencia de vida en un planeta. Lo mismo vale para los fósiles, esqueletos y cadáveres.

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