Ficha técnica

Título: El pequeño libro rojo del activista en la red | Autora: Marta Peirano | Editorial: Roca | Páginas: 144 | Género: Ensayo | Encuadernación:  Trade TB con solapa | ISBN: 978-84-9918-777-8 | Precio: 9,90 euros

El pequeño libro rojo del activista en la red

ROCA EDITORIAL

Bradley Manning es un soldado raso que no quiso aceptar los crímenes de guerra como daños colaterales. Julian Assange es un informático que ha decidido hacer un trabajo al que los grandes periódicos han renunciado. Edward Snowden es un técnico informático que, ante la evidencia de un abuso contra los derechos de sus conciudadanos, decidió denunciar. Los tres son ciudadanos ordinarios que, enfrentados a circunstancias extraordinarias, decidieron cumplir con su deber civil. Las consecuencias para ellos no podrían ser más graves ni más reveladoras: son víctimas de una campaña internacional de descrédito personal cuya intención es convencer a los espectadores de que lo importante son las apariencias y no los hechos.

En cada oficina hay cientos de personas como ellos. Por sus manos pasan documentos secretos, algunos de los cuales necesitan salir a la luz. El pequeño Libro Rojo del activista en la Red es un manual para proteger sus comunicaciones, cifrar sus correos, borrar sus búsquedas y dispersar las células de datos que generan sus tarjetas de red, en el caso de que, al igual que ellos, usted decida arriesgarlo todo por el bien de su comunidad.

PRÓLOGO

por EDWARD SNOWDEN

Nuestra habilidad para entender el mundo en que vivimos depende fundamentalmente de los intercambios no autorizados y no vigilados entre los periodistas de investigación y sus fuentes. La vigilancia persistente del periodismo de investigación debilita las libertades básicas que proporciona la libertad de prensa, socavando estructuras democráticas elementales.

     Sin embargo, los periodistas no son expertos en seguridad. Las escuelas de periodismo no ofrecen cursos para aprender a usar herramientas de seguridad diseñadas para proteger la información y las comunicaciones. Y, cuando una fuente decide soltar la liebre y exponer el abuso de un gobierno, los periodistas ya no tienen tiempo de ponerse a aprender las medidas básicas de seguridad. La revelación de los programas indiscriminados de vigilancia de la NSA en Estados Unidos, la GCHQ en Inglaterra y otras agencias de seguridad gubernamentales a lo largo de los últimos años nos ha demostrado que la privacidad digital no es algo que se pueda dar por hecho, especialmente si eres un periodista de investigación.

     Gracias a los avances de la tecnología, los sistemas de vigilancia masiva de hoy pueden registrar en tiempo real todos los metadatos de todas las comunicaciones que se estén dando en cualquier país, todo con un coste y un grado de complejidad tan accesible que está al alcance de literalmente cualquier gobierno del planeta. Esa acumulación de metadatos puede revelar una red completa de vínculos y asociaciones humanos, exponiendo cualquier interacción que pueda ser percibida como una amenaza para el régimen de poder establecido.

     Como consecuencia, la vigilancia masiva representa un arma contra aquellos pocos que deciden convertirse en fuentes de información periodística, porque revela sus identidades, sus estructuras de apoyo y sus lugares de residencia o de refugio. Es información que los gobiernos pueden usar para eliminar el riesgo de futuras revelaciones por parte de esa fuente. Sus métodos pueden variar: una citación judicial en Estados Unidos puede hacer el mismo trabajo que una bala en Quetta o Chechenia. Pero el impacto sobre la fuente y el periodismo de investigación es el mismo.

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