Ficha técnica

Título: El papel de mi familia en la revolución mundial | Autor: Bora Ćosić | Editorial: Minúscula | Traducción: Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek | Páginas: 152 | Formato: 12 x 16,5 cm. | Encuadernación: Rústica |  Primera edición: mayo 2009 | ISBN: 978-84-95587-52-7 | PVP: 13,50 euros

El papel de mi familia en la revolución mundial

EDITORIAL MINÚSCULA

 

Bora Ćosić publicó El papel de mi familia en la revolución mundial en 1969. Era una edición artesanal; apenas un mes más tarde, la novela obtenía el más importante premio literario yugoslavo y se convertía en libro de culto. En esta crónica disparatada un niño cuenta con humor corrosivo cómo el fascismo, la guerra y el comunismo se integran en la vida cotidiana de una familia de Belgrado durante los años cuarenta. Inspirado en el estilo de las narraciones escolares cobra vida un delirante collage de personajes: un abuelo cáustico, una madre hipocondríaca, un padre que empina el codo y unas tías enamoradas de Tyrone Power y de todo aquel que se le parezca. Auténtico tour de force que retrata una época de caos y miedo pero marcada también por cambios históricos, este libro irradia hoy la misma frescura subversiva que cuando fue escrito.

 

EL PAPEL DE MI FAMILIA EN LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

I

Mamá cosió una bolsa. En la bolsa bordó las palabras «Papel de periódico.» También bordó a papá sentado en la taza del retrete con los pantalones bajados y leyendo. El bordado tenía tres colores: uno para papá, otro para los pantalones y el tercero para los periódicos. Papá se parecía mucho al de bolsa, salvo que, sin ninguna relación con la realidad, en el bordado era calvo, quizá por venganza. En la bolsa guardaban el papel de periódico cortado con un gran cuchillo de cocina. El papel lo cortaba el abuelo, y solo había periódicos que papá ya hubiera leído. Yo lo escribí en una redacción que nos pusieron de deberes, «Nuestra vida en el retrete y en otros lugares». Mamá dijo: «¡Pero qué clase de escuela es esta que saca todo a la luz!

¡Qué horror!» Y yo le respondí: «¡Como si a mí me pidieran opinión!»

Mamá estaba encaramada a la ventana con un trapo en la mano y limpiaba los cristales. Allí colgaba sobre un abismo de tres pisos. En casa todos gritaban, el abuelo quiso sujetar la por las piernas, una de mis tías se desmayó. Papá pregun tó: «¿Tienes que colgarte así para limpiar?» Mamá dijo: «¡Sí!» Mamá hacía el tomate frito en una gran olla de las que se utilizan para lavar la ropa; el tomate hervía a borbotones. Mamá se ponía de pie sobre un taburete desde donde removía la salsa con una larga cuchara de madera, manteniéndose a distancia. Mi tío, el hermano de mi madre, dijo: «¡Anda que como se caiga en la olla…!» La salsa de tomate salpicaba por todas partes, manchaba la pared y nos quemaba los dedos. Mamá se justificó: «¡Qué le voy a hacer!» La vida estaba llena de peligros.

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