Ficha técnica

Título: El padre infiel | Autor: Antonio Scurati  | Traducción: Xavier González  | Editorial: Libros del Asteroide | PVP: 19,95 euros | ISBN: 9788416213214 | Tamaño: 12,5 x 20 cm | Páginas: 240  | Ebook

El padre infiel

LIBROS DEL ASTEROIDE

«Tal vez no me gustan los hombres.» El día en que tu mujer rompe de repente a llorar en la cocina se produce un pequeño cataclismo: tu existencia se desmorona pero, a la vez, empieza a entenderse. Es entonces cuando el narrador de la novela, Glauco Revelli -chef en un famoso restaurante, de cuarenta años de edad y padre de una hija de tres años- comienza a ver cómo es realmente su vida. Al tiempo que narra sus experiencias vitales, como el acceso al mundo laboral, el enamoramiento, la construcción de una familia, Revelli va reflexionando también sobre los cambios de roles y valores que se han producido en nuestra sociedad con el cambio de siglo, cambios que cuestionan radicalmente los esquemas mentales con los que había crecido: «Nuestro error había sido querer ser felices. Las generaciones que nos habían precedido nunca habían sometido el matrimonio a esa clase de hipoteca».

Finalista del Premio Strega 2014, El padre infiel retrata la educación sentimental de toda una generación. Una novela que se lee con avidez, como si fuese una larga confidencia, y que confirma a Scurati como uno de los más destacados autores italianos contemporáneos.

«Es difícil imaginar que sucesos como un embarazo, los dolores del parto, los problemas de un recién nacido y sus primeros tres años o la lenta disolución del vínculo conyugal puedan todavía inspirar una novela capaz de asombrar, encandilar y seducir con un texto que lleva a ver estos acontecimientos de una manera nueva.» Umberto Eco

«Glauco Revelli, el padre infiel de la novela de Scurati, es uno de esos personajes llamados a marcar una época, alguien con el que a partir de ahora la literatura italiana deberá ajustar cuentas.» Sandro Veronesi

«La novela convence por esa mezcla feliz de registro aforístico, tono fabulador, comentario de costumbres y confesión íntima.» Valerio Magrelli (La Repubblica)

«La nueva novela de Antonio Scurati es el mejor libro italiano que se ha publicado recientemente, confirma el talento de un escritor que es de los pocos que sabe qué es la escritura y cómo ser lúcidamente incómodo, aunque, en este caso, con un cauto optimismo pedagógico.» Goffredo Fofi

«La sociología es el gran riesgo de la narrativa italiana contemporánea. En esta novela Scurati se ha arriesgado, justamente igual que otros, pero en este caso la literatura vence, arrasando con un ejemplo feliz todo lo que de frío y mecánico lleva implícito esa tendencia.» Daniele Giglioli (Il Corriere della Sera)

Prólogo

Ayer por la mañana, de improviso, mi mujer rompió a llorar en la cocina. Eran las diez en punto. Lo sé porque el reloj musical de pared, colgado justo al lado de la campana extractora, acababa de dar la hora reproduciendo el canto enlatado del pájaro carpintero. Un sonido inconfundible, casi idéntico a una carcajada prolongada.

       En ese preciso instante, como si hubiera convenido una señal con un director de cine oculto, Giulia rompió en un llanto convulso. Durante larguísimos segundos sería completamente inútil preguntarle cuál era el motivo. Por otro lado, me abstuve de hacerlo. Mi mente, al principio indecisa entre las dos líneas rítmicas, el llanto y el repiqueteo del pájaro, se decantó de inmediato por la segunda. De manera que sintonicé con el sonido emitido por el pico de escoplo mientras, para delimitar su territorio, tamborileaba sobre las ramas muertas.

      Giulia, entre tanto, sollozaba con aquella apnea que yo siempre había considerado patrimonio exclusivo de la infancia. ¿Sabéis cuando los niños lloran hasta faltarles el aliento, abocando a los padres a un breve intervalo de terror culposo? Esa apnea chantajista la había observado algunas veces en Anita, nuestra niña de tres años, y siempre me había parecido una versión embrionaria y benigna del suicidio demostrativo: el mundo -es decir, mi madre y mi padre- ha sido cruel conmigo y yo, de forma ostensible, les devuelvo la moneda quitándome la vida por autoahogamiento.

       Pero Giulia es una persona seria, siempre lo ha sido, y yo la he querido también por eso. Por desgracia, no estaba actuando. De los dos, el más melodramático soy yo. Tras unos instantes más de llanto sincopado, agotada, dijo: «Quizá no me gustan los hombres».

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