Ficha técnica

Título: El ojo en la nuca | Autores: Ilan Stavans y Juan Villoro | Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas hispánicas | ISBN: 978-84-339-9775-3 |Páginas: 176 | Precio: 15,90 euros

El ojo en la nuca

ANAGRAMA

En tiempos de las redes sociales la conversación es un arte en decadencia. Se trata de una pérdida significativa. Para Borges, la cultura se originó gracias a «unos cuantos griegos conversadores». Quien dialoga se sirve de la inteligencia en forma libre y gratuita; aplaza las certezas, las opiniones definitivas, la voluntad de tener razón, y descubre con asombro ideas propias.

A contrapelo de la celeridad contemporánea, Ilan Stavans y Juan Villoro se han servido de internet para dialogar dilatadamente, como lo hubieran hecho en un café, explorando su pasión común por la literatura y las circunstancias en que ocurre.

Nacido en México, Stavans vive en Estados Unidos, donde escribe en español, inglés y espanglish. Por su parte, Villoro entiende los viajes como una oportunidad de volver a México. Las diferencias de formación y el hecho de que los autores se hubiesen frecuentado poco, permitió que el intercambio fuera un sorprendente proceso de conocimiento mutuo.

El ojo en la nuca es una conversación en tono suelto, atrevido, que incluye las hipótesis, las confesiones, los desahogos, las bromas, las anécdotas y las interpretaciones que no siempre llegan a la versión definitiva de los textos pero los sustentan en secreto. En este singular y fascinante intercambio de perspectivas, el ojo sólo podía estar en la nuca.

PRÓLOGO

Ilan Stavans: Me gusta la expresión «el ojo en la nuca». Por varias razones, la primera es que la palabra nuca suena peculiar. Pensar que se trata de la parte posterior de la cabeza no se ajusta a sus sonidos. Pero eso no es lo que quiero contarte. Me gusta la expresión porque hay algo monstruoso en ella. Tener un solo ojo como el cíclope o tres o más ojos sería inquietante, aunque no tanto como la posición de uno de esos ojos en la retaguardia. Nos permitiría ver lo que nunca vemos, entender nuestra situación vital de otra forma. Ese ojo me hace pensar en uno de los monstruos soñados por Edgar Allan Poe, Lewis Carroll o H. P. Lovecraft.

     Confieso que la sugerencia de que los escritores tenemos un ojo de más, la capacidad de ver lo que otros no ven, de entender las cosas con mayor profundidad, me incomoda. Yo creo -siempre he creído- que los escritores somos como todos los demás. Aunque cada vez que digo esto, hay un pensamiento que me surge y que niega esta aseveración. Pienso en una famosa frase que dijo Abba Eban sobre los judíos: que los judíos son como todo mundo aunque un poco más. Quizás deba yo decir lo mismo del oficio literario: los que lo emprendemos somos exactamente como el resto de los mortales aunque un poco más… 

Juan Villoro: Encontraste una magnífica imagen para empezar el diálogo. La parte que nunca vemos de nosotros mismos es la nuca. En cambio, es lo que los demás ven cuando nos alejamos. En la literatura representa el sitio vulnerable, donde alguien siente la respiración o la pistola del enemigo.

     De niño, me encantaban los espejos contrapuestos de las peluquerías. Era una prefiguración del infinito. Fue mi primer contacto con la «puesta en abismo», la realidad que se representa a sí misma una y otra vez. Lo extraño ahí era tener nuca, contemplar esa parte ignorada del cuerpo, y verla reflejada varias veces. 

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