Ficha técnica

Título: El mejor humor inglés | Autor: Varios autores | Editorial: Anagrama | Edición: Jorge Herralde | Traducción: Varios | Páginas: 168 | Formato: 14 x 22 cm. | Encuadernación: Rústica | Primera edición: mayo 2009 | ISBN: 843-70-09299-56-2

El mejor humor inglés

Varios autores
Edición: Jorge Herralde

EDITORIAL ANAGRAMA

 

En esta antología del humor inglés parecía obligado empezar por un clásico indiscutido, P. G. Wodehouse, el gran maestro (con la tarjeta de visita de Bertie Wooster y Jeeves, un dúo inmejorable), seguido por el inquietante Saki y el  aceradamente irónico Evelyn Waugh. Luego Tom Sharpe, con uno de los memorables interrogatorios que el inspector Flint inflige a Wilt, el más célebre personaje del autor, Roald Dahl, con un cuento de negrísimo humor que ha inspirado a Alfred Hitchcock y a Pedro Almodóvar, así como el gran Alan Bennett, algo tardíamente descubierto por los lectores españoles. De las generaciones posteriores no podían faltar tres autores ahora tan consagrados como Julian Barnes, con su inigualable don del understatement, Martin Amis y Ian McEwan (con dos relatos con episodios sexuales «para mayores con reparos», como recomendaba en su día la censura), ni tampoco una muestra de los desternillantes «autoestopistas galácticos» de Douglas Adams ni una impagable demostración de la pasión por la música pop de Nick Hornby. En resumen, un gozoso placer para los muchos lectores adictos a tan estupendos y regocijantes escritores: casualmente once, un equipo imbatible.

 

«DE ACUERDO, JEEVES»

P. G. WODEHOUSE

I

-Jeeves -dije-. ¿Puedo hablarle con franqueza?

-Desde luego, señor.

-Lo que he de decirle puede ofenderle.

-En absoluto, señor.

-Bien, en tal caso…

No, esperen…, el diálogo queda interrumpido.

No sé si a ustedes les sucede lo mismo que a mí. Cuando quiero contar una historia, choco, infaliblemente, contra el obstáculo de no saber cómo comenzar. Un paso en falso basta para echarlo todo a perder. Me explicaré: si al principio contemporizan demasiado, intentando crear lo que suele llamarse atmósfera, y se entretienen en excesivas sutilezas, corren el riesgo de no producir el efecto deseado, fatigando la atención de los oyentes.

Si, por otra parte, superan el límite impuesto con un salto digno de un gato escaldado, el auditorio se desconcierta.

Por ejemplo, al empezar, con el breve diálogo anterior, la narración de las complicadas aventuras de Gussie Fink-Nottle, de Madeline Bassett, de mi prima Angela, de mi tía Dahlia, de mi tío Thomas, del joven Tuppy Glossop y del cocinero, Anatole, comprendo que he cometido el segundo de estos errores.

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