Ficha técnica

Título: El material humano | Autor: Rodrigo Rey Rosa | Editorial: Anagrama | Páginas: 192 | Formato: 14 x 22 cm. | Encuadernación: Rústica | Primera edición: mayo 2009 | ISBN: 978-84-339-7191-3 | PVP: 16 euros

El material humano

 EDITORIAL ANAGRAMA

 

El nuevo libro de Rodrigo Rey Rosa se presenta como una novela, pero se desarrolla en las arenas movedizas entre lo ficticio y lo histórico. Con la forma suelta y aparentemente ligera del diario de apuntes y notas, Rey Rosa elude la novela de personajes, y la narración funciona como un gran fresco histórico o alegoría sobre la represión sanguinaria que ha sufrido Guatemala a lo largo de los últimos siglos. La certera elección del género le permite acomodar los hechos de su vida personal, contaminada por la violencia de Estado, y combinarlos con una dudosa investigación en un vasto y caótico archivo policial. Esta posibilidad de atacar el mismo problema desde varias perspectivas y en un texto aparentemente libre de toda obligación para con una sola línea argumental también abre camino para dosificar la ambigüedad, que constituye lo más logrado de su novela y que es característica de las ficciones de este extraordinario autor.

 

INTRODUCCIÓN

Poco tiempo antes de que se conociera la existencia del célebre Archivo del que he querido ocuparme, la madrugada del 17 de junio del 2005, un incendio y una serie de explosiones destruyeron parcialmente un polvorín del Ejército Nacional situado en un establecimiento militar de una zona marginal en la ciudad de Guatemala, donde se almacenaba alrededor de una tonelada de proyectiles de diversos calibres, residuos del material bélico utilizado durante la guerra interna que comenzó en 1960 y terminó en 1996. Un agente de la Procuraduría de los Derechos Humanos fue delegado para investigar la existencia de otros almacenes de explosivos que podían representar un peligro parecido. Para esto, visitó las instalaciones de La Isla, que está en el extremo norte de la ciudad y es un complejo de edificios policíacos que incluye la Academia de la Policía, un centro de investigaciones criminales, un vasto depósito de vehículos accidentados, la perrera policíaca, un hospital abandonado, y el polvorín. Misteriosamente, los artefactos explosivos (candelas de dinamita, granadas, morteros) que se suponía que estaban almacenados ahí desaparecieron la víspera de la investigación. Sin embargo, en un edificio adyacente, que tal vez funcionó como hospital, pero que según los investigadores de la Procuraduría fue usado como centro de torturas -con las ventanas de casi todas las habitaciones condenadas con ladrillos o bloques de cemento-, el delegado de la Procuraduría descubrió un cuarto lleno de papeles, carpetas, cajas y sacos de documentos policíacos. Y así lo estaban casi todos los cuartos y salas del primer y segundo piso del edificio y otras construcciones adyacentes.

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