Ficha técnica

Título: El mar es tu espejo. Historias de tripulaciones abandonadas en el Mediterráneo   | Autora: Catalina Gayà  | Ilustrador:  Pau Gasol Valls  | Editorial: Libros del K.O. | Fecha: febrero 2017  | Género: Novela | ISBN: 978-84-16001-66-8 |  Formato: 14 x 21,5 cm. | Presentación: Rústica  | Páginas: 164 | Precio: 15,90 euros

El mar es tu espejo

LIBROS DEL K.O.

En 2009, la periodista Catalina Gayà Morlà conoció a Faisal, un marinero paquistaní que llevaba más de un año viviendo a bordo de un carguero abandonado en el puerto de Barcelona. 

A raíz de aquel encuentro, Catalina emprendió un viaje para contar la existencia desesperada de aquellas tripulaciones que, en plena crisis, fueron abandonadas por sus empresas en los puertos, sin recursos para volver a sus países ni para alimentarse. 

En los puertos de Barcelona, Estambul, Ceuta, Gibraltar, Civitavecchia y Suez, la periodista convivió con estos hombres derrotados, cuya vida fue devastada por el capitalismo más salvaje, y visitó sus barcos, siempre impregnados con la herrumbrosa pátina del abandono. 

Catalina ha escogido un verso de Baudelaire para nombrar su viaje al abismo: »El mar es tu espejo».

 

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BARCELONA

Faisal se quedó solo, a merced de la locura, en un barco que chirriaba de día y de noche. El Stratis II era un buque de carga, un hormiguero de pasillos largos, un colosal estómago de acero. Y aquella inmensidad amplificaba los efectos del ruido y de la soledad.

     El buque de Faisal llevaba casi un año atracado en el puerto de Barcelona, inmóvil. Desde la cubierta, el marino observaba de qué manera los estibadores encajaban los contenedores. Durante años, había formado parte de ese mismo engranaje, sabía leer aquella realidad. Este puerto no era solo un atracadero. Le constaba que estaba repleto de vida, pero carecía de fuerzas para dialogar con ella. Se limitaba a observarla como un sonámbulo.

     Contemplaba al estibador de los tatuajes en los brazos, al que parecía marroquí, al que manejaba una grúa amarilla como si jugara a la PlayStation a cuarenta y dos metros de altura. El de la grúa debía tener la edad de su hermano, al que le había regalado una PlayStation tras un viaje a Hong Kong. Una de las ventajas de ser marino es que se encuentra tecnología barata en los puertos asiáticos. En Barcelona, sin
embargo, Faisal no tenía dinero ni para cigarrillos.

     En una ocasión, se le acercó un estibador para preguntarle si necesitaba algo. Faisal temblaba de frío, pero no dijo nada. Para los estibadores, Faisal y su barco formaban parte del paisaje del muelle, de su escenografía metálica, eran una anomalía temporal, como lo había sido el barco de cubanos al que habían acercado comida cada semana.

     En otra ocasión, Dimitri, un camionero ruso, trató de explicarle que él había vivido en una casa en construcción durante un año mientras conseguía los papeles. Pero, precisamente, Faisal no quería quedarse. Su único deseo era regresar a su casa en Paquistán, abrazar a su mujer, a la que sentía que había fallado, y olvidar esta pesadilla.

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