Ficha técnica

Título: El luminoso regalo | Autor: Manuel Vilas | Editorial: Alfaguara | Colección: Hispánica | Género: Novela | ISBN: 9788420414157 | Páginas: 250 | Formato:  15 x 24 cm.| Encuadernación: Rústica | PVP: 18,50 € | Publicación: 20 de marzo de 2013

El luminoso regalo

ALFAGUARA

«El luminoso regalo vendrá del Universo y arrasará el mundo. Puedo verlo.»

Víctor Dilan es un escritor de éxito que campa a sus anchas por una España prosaica y vulgar. Devoto del sexo y poseedor de un don maligno, un luminoso regalo, un irresistible magnetismo que atrae irremediablemente a las mujeres hasta su cama, su vida da un giro tras su encuentro con Ester, la Bruja, «una incandescencia carnívora que vuelve locos a los hombres». Esta milagrosa aparición lo pone frente a un reflejo de sí mismo, más duro y más perverso, y es el inicio de una relación apocalíptica que lo conducirá a una ansiada y profética destrucción.

El lector, convertido en voyeur, descubre los recovecos más oscuros e íntimos de un puñado de personajes desbocados, procaces y entregados al sexo. Entrelazando diversos niveles de ficción, Manuel Vilas revisa de forma paródica la naturaleza del amor y el erotismo, que cobran una dimensión mística. Con banda sonora de Dylan (quien inspira el nombre artístico del protagonista) y una lúcida invocación de grandes obras como 2001. Una odisea del espacio o Cumbres borrascosas, la historia de la locura de Víctor Dilan parece la más sincera y desgarrada de las confesiones. ¿Una visión lúcida o alucinada del mundo?

Manuel Vilas abre un nuevo camino, de corte realista, en su narrativa al contar una historia al modo tradicional.

«El gran signo que diferencia al autor de sus coetáneos de nuestra actual narrativa innovadora, el alejamiento de impostados cosmopolitismos y un enraizamiento español sin complejos, lúcido, crítico y de alcance universal.» Santos Sanz Villanueva, El Cultural de El Mundo

«Vilas es un gran poeta y, como tal, es inmortal, vive dentro del tiempo. Esta condición le permite relacionarse de tú a tú con artistas que también lo son, como Kafka, Van Gogh y Picasso.» Jordi Puntí, El Periódico de Catalunya

«Alabados sean Vilas y su máquina trituradora de géneros literarios. Alabadas sean sus parodias y sus caricaturas, su esperpento y su sátira. Porque Los inmortales es, sobre todo, heredero de la literatura humorística española. (…) Vilas lo explota todo, se atreve con todo. Cree en lo que hace porque tiene fe en la literatura.»Ángel Gracia, El Heraldo de Aragón

«Los inmortales es una novela arriesgada en el mejor sentido de la palabra. […] Un inteligente diálogo de locos en busca de la no menos excitante felicidad inalcanzable.» J. Ernesto Ayala-Dip, Babelia

«Los inmortales es sin duda uno de los libros más inteligentemente cómicos que he leído en los últimos años.» Marco Kunz, Quimera

«(…) Esto es lo que se encuentra en Los inmortales, dentro de una escritura brillante con registros profundos. A pesar de las apariencias, es una literatura que no se entrega a la facilidad ni a lo facilón. Aquí además hay valores literarios y conocimiento de la cultura, rigor e imaginación, y una coherencia que hace pensar que nos dirigimos a algún lado.» Alejandro Gándara

«Manuel Vilas es probablemente el escritor más peligroso que hay ahora mismo en España. Peligroso en el sentido de singular, independiente e irreductible a todas las convenciones.» Javier Calvo, Quimera

«Decir Manuel Vilas es nombrar al rey de la fiesta, la libertad y la diversión. Un alocado cuentista que hace novelas como si fueran otra cosa y haría lo que fuera por no morir de aburrimiento.» Peio H. Riaño, Público

«Uno de los narradores más creativos en la parcela del humor que hoy tenemos en español.» J.M. Pozuelo Yvancos, ABC Cultural

«Nadie puede negarle a Vilas, además de un pulso narrativo de atleta de élite, un buen humor y un desparpajo generosos, pero bien nutridos de tradición.» Manuel de la Fuente, ABC

 

Capítulo 1: Ester  


Enero de 2014

Había una fuerza allí abajo, había algo allí que no podía ser detenido. ¿Quiénes eran esos seres que tenían lo que ella deseaba? Eran odiosos. Ella los odiaba, pero los necesitaba, los necesitaba tanto que enloquecía. Enloquecía con solo pensarlos desnudos, a su lado, haciéndole todo. ¿Haciéndole todo? Tomando su cuerpo, rompiéndolo. También quería amarlos, pero no sabía cómo hacerlo. Estaban allí desde siempre. Desde que cumplió catorce años, desde que aquel hombre la besó y le tocó los pechos y le penetró la carne con su ofrecido y con su lúcido y feliz consentimiento. Desde ese día la lista comenzó a crecer, la lista se hizo interminable. Como las pruebas del VIH, también interminables. Como sus trastornos obsesivo-compulsivos que su psiquiatra intentaba quitarle con terapia y muy poca medicación, demasiado poca.

     Ella quería amar a alguno de ellos, a alguno de esos hombres. Lo quería con devoción, pero de ninguno conseguía enamorarse. Moriría sin saber por qué, por qué no amó nunca a ningún hombre. Moriría sola, odiando a los hombres, odiándolos, además, de manera inconsciente. 

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