Ficha técnica

Título: El libro de Jonah | Autor: Joshua Max Feldman  | Editorial: Libros del AsteroideTraducción: Damià Alou  | Páginas: 424  | Formato: 14 x 21,5 cm  | ISBN: 9788416213160   | Precio: 24,95 euros  | Ebook: 14,99

El libro de Jonah

LIBROS DEL ASTEROIDE

Jonah Jacobstein es un joven abogado de Manhattan que tiene todo cuanto podría desear: dinero, una carrera prometedora y dos mujeres dispuestas a pasar su vida con él. Pero justo cuando está a punto de convertirse en socio del despacho en el que trabaja, tiene una extraña visión en medio de una fiesta que lo cambiará todo. Aunque Jonah hace todo lo posible por olvidarla, será solo la primera de unas cuantas alucinaciones que pondrán su vida patas arriba. Cuando está intentando recuperar la cordura, conoce casualmente a Judith Bulbrook, una mujer inteligente y profunda con una vida marcada por la tragedia, y sus destinos quedarán extrañamente ligados.

Ambientada en el mundo de los jóvenes ejecutivos que forman la élite laboral neoyorquina, esta novela, una versión moderna y gamberra del Libro de Jonás, examina al hombre contemporáneo y lo enfrenta a una cuestión antiquísima, ¿es posible que exista Alguien cuya llamada condicione nuestra existencia?

Una divertida novela sobre el amor y el fracaso que se atreve a plantear cuestiones que la ajetreada vida moderna tiende a olvidar.

«El argumento, infundido con una energía duradera, coge cada vez más ímpetu y culmina con un enigmático, inesperado final… Merece nuestro aplauso.» Carmela Ciuraru (The New York Times)

«Un debut cautivador. (…) Feldman es un escritor fascinante. Su sátira no es tan amarga como para quitarle el corazón a la novela y su empeño en plantearse grandes preguntas convierte al libro en una lectura rara e inteligente.» Ron Charles (The Washington Post)

«Es raro que una novela contraponga el mundo contemporáneo y el bíblico de una manera tan clara. El libro de Jonah es una lectura absorbente, una inteligente deconstrucción de la vida moderna vista a través de una lente antigua.» Abraham Verghese

«Con hábiles referencias, personajes perfectamente perfilados y un gran pulso narrativo, Feldman extrae nuevas e inventivas maravillas de un molde antiguo.» Malcolm Forbes (Minneapolis Star Tribune)

«Un atractivo debut.» Publishers Weekly

«Feldman es muy astuto en su utilización de la historia de Jonás, y su novela posee la misma calidad extraña y enigmática que el original.» Kirkus 

Prólogo. La pizca

Jonah conocía la estación de metro de la calle Cincuenta y nueve lo bastante bien como para no tener que levantar la mirada de su iPhone mientras se abría paso por los pasillos entre los viajeros en dirección a las vías. Después de bajar las escaleras hasta el andén, se sintió afortunado al ver que llegaba un tren; se subió a él sin interrumpir el paso, se sentó junto a la puerta del vagón casi vacío y siguió tecleando. En la siguiente estación entró un tropel de gente, pero Jonah se dijo que aquel día se le había hecho muy largo y no tenía por qué ceder el asiento. Pero una mujer mayor -vestida de cualquier manera, con el pelo azul, una cara dulce de abuelita y una nariz que parecía una minúscula campanilla- acabó de pie justo delante de él, y Jonah decidió hacer lo correcto y levantarse. No estuvo en el tren mucho tiempo, pero cuando se apeó vio que muchas de las personas con las que se cruzaba en el andén estaban empapadas, con el pelo apelmazado en la frente y la ropa traslúcida y arrugada. De todos modos, Jonah se dijo que aguantaban con entereza: caminaban estoicos apretando la boca y mirando al frente, como si cada tarde se empaparan en el camino de vuelta a casa. Pero cuando llegó a la escalera que subía a la calle se encontró con un grupo de veinte o treinta personas que formaban un semicírculo al pie de los peldaños, sin avanzar. Jonah prosiguió unos cuantos pasos. Caía una lluvia torrencial sobre las escaleras de cemento, como una lámina continua, con lo que la luz que entraba en la estación era pálida y brumosa, como si todos se hubieran reunido detrás de una cascada. Los que formaban parte del grupo se miraban entre sí encogiéndose de hombros ante el apuro: punteaban sus smartphones o simplemente miraban la lluvia plácidamente, al parecer admirando la pasajera transformación del mundo exterior. Algunos, tras permanecer allí unos momentos, se subieron el cuello de la chaqueta o abrieron el paraguas y se lanzaron escaleras arriba con un valor rayano en lo temerario. Los que entraban en la estación -el paraguas inclinado y el pelo goteando- observaban perplejos aquella reunión, como si encontrarse en el metro un gentío que no se movía y no empujaba -y al que incluso no parecía molestarle estar allí- convirtiera aquel entorno en algo un tanto irreconocible.

     Jonah ya había salido tarde de la oficina, pero sabía que en las veladas de QUEST siempre había mucha gente; que tardara otros cinco o diez minutos en llegar al cóctel pasaría prácticamente desapercibido. En otras palabras, tenía tiempo para quedarse allí a esperar a que amainara, y descubrió que le alegraba esa momentánea interrupción de su jornada. Llevaba casi una vida viviendo en Nueva York, y le gustó descubrir que, de vez en cuando, la ciudad aún podía sorprenderle.

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