Ficha técnica

Título: El invisible | Autor: Ge Fei  | Traducción: Miguel Ángel Petrecca | Editorial: Adriana Hidalgo  | Colección: Narrativas |  Páginas 168 | ISBN: 978-987-3793-94-3 | Precio: 16,50 euros  |  Fecha:  febrero 2017 |

El invisible

ADRIANA HIDALGO

Esta novela breve y contundente, es la primera del aclamado autor chino Ge Fei que se traduce al castellano.

El protagonista de El invisible vive en la Beijin contemporánea, donde todo el mundo está ocupado en ascender por la escalera del éxito soportando una carga cada vez mayor de bienes de consumo. Entrado en los cuarenta años, divorciado y sin hijos, vive con su hermana en un departamento en el borde de la ciudad, tratando de mantenerse a flote financiera y emocionalmente en una sociedad fuera de cualquier escala humana. En la segunda mitad de la década de 1980, en plena «fiebre cultural», Ge Fei creó una serie de obras de ficción breve con un elevado carácter experimental y vanguardista que ha sido considerada como una de las más complejas y reveladoras de la literatura china reciente.

«Hoy en día es difícil profundizar en la escena artística china sin haber entrado en el mundo de Ge Fei, uno de los escritores más radicalmente literarios de Oriente.» Enrique Vila-Matas

 

KT88

     A las nueve de la mañana puntual llegué a la puerta de un edificio de apartamentos del barrio Heshi. Este barrio, que está situado al este del antiguo Palacio de Verano y limita al norte con el viaducto del quinto anillo, en una época fue muy conocido a raíz del caso Zhou Liangluo, que tanto ruido hizo. Era, sin embargo, mi primera vez ahí. Le había instalado a un cliente del edificio ocho un amplificador valvular KT88 para incrementar la potencia de unos altavoces Acapella. El modelo Campanile de Acapella con bocina en trompo no es para nada raro en Pekín (los altos al emitir sonido titilan con un arco de luz azul que tiene algo de misterioso); pero a este modelo nuevo de altavoces de biblioteca sólo lo había visto en una fotografía en una revista de hi-fi. Para fabricar un amplificador a su altura había trabajado día y noche durante dos semanas. Aunque en mi fuero interno, a decir verdad, no tenía ninguna certeza de que funcionaría.

      El otoño estaba avanzado y, tras la lluvia, ese día el cielo comenzaba despejarse. El aire era de una rara transparencia, parecía que con sólo tender la mano se podían tocar las copas de los fustetes que sobresalían de los muros del parque y la pagoda sobre el monte Baiwang. En cuanto cayera un poco más de escarcha los arces en las laderas de las colinas del oeste se pondrían rojos. Mi ánimo sin embargo no encajaba con ese clima tan bueno. Apenas cinco minutos atrás había recibido una llamada de mi hermana Cui Lihua: su marido había bebido de más la noche anterior y le había pegado una patada letal con un borceguí. Esa mañana había meado sangre. Su lloriqueo era insoportable pero como de costumbre no dije nada. No era que no quisiera consolarla, era que percibía que detrás de ese lamento se escondía otra cosa. En efecto, al final, de golpe me dijo:

      «Realmente no aguanto más. Te lo pido por favor. No me gusta que sea así, pero por el afecto que nos tenemos como hermanos, apiádate de mí. Digamos que te lo ruego…»

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