Ficha técnica

Título: El imperio de la neomemoria | Autor: Heriberto Yépez | Editorial: Almadía | Colección: Estuario | Género: ensayo | ISBN: 978970985431-2 |  Páginas: 126 |  PVP: 149 pesos  mexicanos | Encuadernación: rústica, cosido y pegado | Tamaño: 13.5 x 21 cms.

El imperio de la neomemoria

EDITORIAL ALMADÍA

 

Heriberto Yépez propone en estas páginas una forma de hacer ensayo poco vista en el panorama literario en español. La figura central de este libro es el polémico escritor Charles Olson, especialista de Melville, padre de los poestas beats y el primero en emplear el concepto ahora tan manido de post-modernidad. Su historia bien podría sintetizar la del imperio que lo vio nacer: Estados Unidos de Norteamérica. Desde la perspectiva privilegiada que le confiere el observatorio fronterizo de Tijuana, Yépez disecciona el sistema de recuerdos colectivos que le permite a una nación de migrantes mantener la ilusión de unidad. Si algo distingue la obra de Yépez es la soltura y agilidad de su prosa, por no hablar de la irreverencia y la originalidad de su voz. Estamos frente a la deslumbrante nueva entrega entrega de un autor que se vuelve imprescindible. Leerlo en estos tiempos representa un nocaut urgente y necesario para nuestras certezas.

 

 

I

América
Pseudo-patriarcado
PANTOPÍA

 

Εδιζησαμην εμεωυτον

Heráclito (b 101)

 

Going postal

 

Todo comienza con un hombre queriendo entregar una carta. Un hombre pesquisando direcciones; el segundo de esta estirpe. Lleva consigo un saco lleno de palabras de otros. Palabras que desconoce. Todo comienza con este hombre tocando tu puerta. Historia de un pantopista.

¿Puede una biografía explicar un imperio? Si hay una metafísica compartida, posiblemente. Y si nada explica, ¿se puede tachar de error a la locura? En la obranza de un hombre, encontrar la obranza de un imperio, merced el co-control por analogía. No contaré la historia de un individuo. Dejaré abrir la relación entre vida e imperio. Tocaré las fibras de una corpografía. Tocaré la estructura telefísica de un gobierno.

Nacido en 1910, en Worcester, Massachussets, Charles era hijo de Karl Joseph, un inmigrante sueco, que en América se convirtió en cartero. Probablemente desde ahí quedó marcada la vitalicia relación de Charles Olson con los epistolarios. Se trataba de un hombre que solamente parecía pensar mediante la correspondencia. Era un hombre partido, que sólo en diálogo sanaba, bajo la fantasía de que el otro era una parte suya, un rompecabezas curado. Este hombre es el emisario alocado.

El emisario de los dioses agonizantes de Oxidente y del imperio naciente de Estados Unidos. El poeta a quien casi unánimemente le ha sido atribuida la paternidad de los llamados «New American Poets» -la generación de los beatniks y la contracultura- y quien, al igual que Pound, Stein o Ginbsberg, es vaso comunicante para contemplar toda una civilización. Los pasos de Olson son una pista que conduce a los avatares del imperio. Biocrítica de la geopolítica.

Sus mejores ideas, este mensajero las lanzó o contrajo en cartas; aun sus ensayos y poemas son correos. Vida de Hermes herido: todo en él era remitencia y postal espera.

(Quién y carta son dos emisiones que se co-fantasean, que se co-rrealizan. Llegará el momento en que no habrá yo que pueda sustentarse sin su carácter de destinatario y remitente. Todo será postal; es este el sentido pleno de «Going Postal». Esta postalización fundamentará las nuevas relaciones del siguiente imperio).

¿Tan lejos se sentía Olson del mundo que la más cercana comunicación requería la insondable distancia de la carta íntima-perorática? Durante toda su vida permaneció convencido de que las personas vivas y los documentos del pasado eran cartas recibidas, cartas para él. (En la panalogía todo se mira desde la perspectiva del destino o la sincronía. Todo ha devenido analogía arácnida). Entre él y su más inmediato prójimo siempre había siglos de distancia. Era ya miembro de una estirpe que a sí misma se encontraba mediante reunión de fantasmas.

Para Pound, el poeta era la antena de una época; para Olson, su buzón desesperado.

Olson idealizaba a su padre. Su vida, en muchos sentidos, fue una continuación de la vida de Karl. (Eso ocurre cuando un padre no ha terminado su propia vida. Sus vástagos la continúan, pero para hacerlo, tendrán que dejar su propia vida incompleta; incompletud imposible de reparar, incompletud que será heredada, para que continúe el co-control transfamiliar, el juego invisible de la energía mermada, de la trasmisión de la intermitencia). Fue su padre quien instaló en Olson el deseo de convertirse en un estudiante destacado y fue él quien lo hizo interesarse en historemas de Worcester y Gloucester -historemas que luego se convertirían en epicentrismos de su obra poética-. Paradójicamente, su padre veía en su hijo Charles todo lo que él imaginaba que hubiera querido ser y Charles veía en su padre todo lo que él debía comprender. Cuando Olson lo recuerda en «The Post Office» (1948) menciona que para su progenitor «la educación eran los periódicos». Curiosamente, para Olson la poesía siempre fue reportaje. Quizás ningún poeta norteamericano antes de él haya sido tan influido por la información periodística como Olson. Su poesía madura, basada en anecdotarios, cifras y personajes locales, es representativa de una época cuya forma sería otorgada por la información.

 

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