Ficha técnica

Título: El gigante enterrado | Autor: Kazuo Ishiguro | Traducción:  Mauricio Bach | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas |  Páginas: 368  |  ISBN: 9788433979667 | Precio: 20,90 euros  | Código: PN 935 | Fecha:  noviembre 2016 |

El gigante enterrado

ANAGRAMA

Inglaterra en la Edad Media. Del paso de los romanos por la isla sólo quedan ruinas, y Arturo y Merlín -amados por unos, odiados por otros- son leyendas del pasado. Entre la bruma todavía habitan ogros, y británicos y sajones conviven en unas tierras yermas, distribuidos en pequeñas aldeas. En una de ellas vive una pareja de ancianos -Axl y Beatrice- que toma la decisión de partir en busca de su hijo. Éste se marchó hace mucho tiempo, aunque las circunstancias concretas de esa partida no las recuerdan, porque ellos, como el resto de habitantes de la región, han perdido buena parte de la memoria debido a lo que llaman «la niebla».

En su periplo se encontrarán con un guerrero sajón llamado Wistan; un joven que lleva una herida que lo estigmatiza; y un anciano Sir Gawain, el último caballero de Arturo vivo, que vaga con su caballo por esas tierras con el encargo, según cuenta, de acabar con un dragón hembra que habita en las montañas. Juntos se enfrentarán a los peligros del viaje, a los soldados de Lord Brennus, a unos monjes que practican extraños ritos de expiación y a presencias mucho menos terrenales. Pero cada uno de estos viajeros lleva consigo secretos, culpas pendientes de redención y, en algún caso, una misión atroz que cumplir.

Sumando el viaje iniciático, la fábula y la épica, Kazuo Ishiguro ha construido una narración bellísima, que indaga en la memoria y el olvido acaso necesario, en los fantasmas del pasado, en el odio larvado, la sangre y la traición con los que se forjan las patrias y a veces la paz. Pero habla también del amor perdurable, de la vejez y de la muerte. Una novela ambientada en un pasado remoto y legendario que vuelve sobre los grandes y eternos temas que inquietan a los seres humanos.

«Consigue lo que consiguen los grandes libros: permanece en la cabeza mucho después de haberlo leído, negándose a ser olvidado, forzándonos a volver a él una y otra vez… Excepcional» (Neil Gaiman, The New York Times).

«Ishiguro nos presenta, tras mucho trabajo, una hermosa fábula con un potente mensaje en su interior… Y toma nota, Peter Jackson, de las novelas de Ishiguro salen películas maravillosas» (John Sutherland, The Times).

«En el corazón de El gigante enterrado, brillando entre los dragones y los caballeros en combate, hay un retrato profundamente conmovedor del amor conyugal y de cómo incluso los recuerdos más queridos pueden acabar siendo vulnerables» (Tom Holland, The Guardian).

«Emocionante y perturbadora» (Jason Cowley, Financial Times).

«De lectura apasionante… Reverbera poderosamente en la mente del lector» (Theo Tait, The Sunday Times).

«No sólo es muy original, sino que posee una peculiar, incluso hipnótica, belleza» (David Sexton, The London Evening Standard).

«Es Juego de tronos con consciencia, es Merlín el Encantador para la época de la industria del trauma. Un libro hermoso y desgarrador sobre el deber de recordar y la necesidad de olvidar» (Alex Preston, The Observer).

 

CAPÍTULO UNO

     Podríais haber pasado un buen rato tratando de localizar esos serpenteantes caminos o tranquilos prados por los que posteriormente Inglaterra sería célebre. En lugar de eso, lo que había entonces eran millas de tierra desolada y sin cultivar; aquí y allá toscos senderos sobre escarpadas colinas o yermos páramos. La mayoría de las vías que dejaron los romanos ya estaban en aquel entonces destrozadas o en mal estado, en muchos casos devoradas por la naturaleza. Sobre los ríos y ciénagas se posaban neblinas heladas, que eran propicias a los ogros que en aquel entonces todavía poblaban esas tierras. La gente que vivía en los alrededores -uno se pregunta qué tipo de desesperación les llevó a instalarse en unos parajes tan lúgubres- es muy probable que temiese a estas criaturas, cuya jadeante respiración se oía mucho antes de que sus deformes siluetas emergiesen entre la niebla. Pero esos monstruos no provocaban asombro. La gente entonces los veía como uno más de los peligros cotidianos y en aquella época había otras muchas cosas de las que preocuparse. Cómo conseguir comida de esa tierra árida; cómo no quedarse sin leña para el fuego; cómo detener la enfermedad que podía matar a una docena de cerdos en un solo día y provocar un sarpullido verdoso en las mejillas de los niños.

     En cualquier caso, los ogros no eran tan terribles, siempre que uno no les provocase. Aunque había que dar por hecho que de vez en cuando, tal vez como consecuencia de alguna trifulca de difícil comprensión entre ellos, de pronto una de esas criaturas se adentraría erráticamente en una aldea, presa de una incontenible ira, y aunque se la recibiese a gritos y blandiendo ante ella armas, en su furia destructiva podía llegar a herir a cualquiera que no se apartase lo suficientemente rápido de su camino. O que cada cierto tiempo un ogro podía llevarse consigo a un niño y desaparecer entre la niebla. La gente de aquel entonces tenía que tomarse con filosofía estas atrocidades.

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