Ficha técnica

Título: El genuino sabor | Autora: Mercedes Cebrián | Editorial: Literatura Random House | Formato: Tapa blanda con solapa | Medidas: 135 X 230 mm | Páginas: 160 |ISBN: 9788439728542 | Precio: 17,90 euros |Libro electrónico: 10,99 euros

El genuino sabor

LITERATURA RANDOM HOUSE

Desde pequeña Almudena soñaba con ser mujer de diplomático y viajar por el mundo. Su modelo era Teresa Villaseñor, una amiga de su madre casada con un diplomático, cuyo único quehacer era organizar las diferentes casas en los países a los que eran destinados. Con el tiempo esta idea perdió fuerza, pero no así su interés por vivir en otros países. Así que Almudena estudia idiomas, filología hispánica y hace un máster en gestión cultural.

Sus primeros pasos profesionales le llevan a trabajar para una empresa de exportación de jamón ibérico, dar clases de español para extranjeros y otras actividades relacionadas siempre con la exportación de la «marca España».

Con un tono fresco y divertido la autora hace un repaso de la vida de la protagonista en el extranjero especialmente de su estancia en Londres. Su afición por la comida caducada o directamente recogida de la calle, la dificultad para encontrar amigos en las nuevas ciudades que visita, la sensación de sentirse empobrecida al ser incapaz de usar el idioma con la precisión de su lengua nativa o sus estrategias para pasar el tiempo son algunos de los temas que trata y que ayudan a trazar un retrato de la vida en la ciudad. Acompañando las anécdotas aparece el diccionario enciclopédico de la presencia española en Londres» que escrito por Almudena ofrece en cada una de las entradas un pequeño resumen de la vida de las personas que va incorporando a su día a día.

El genuino sabor es una novela fresca, rupturista con la tradición, de una de las autoras españolas con mayor proyección de nuestro catálogo.

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EL CONTINENTE

El Ministerio de Asuntos Exteriores asigna destinos a los miembros del cuerpo diplomático, y, pum, cada uno de los seleccionados sale disparado rumbo a la ciudad que le toca según sus méritos y años de servicio. Comienza un carrusel de gestiones para ellos, pues al diplomático le permiten, o más bien le ordenan, acarrear su vida entera a otro sitio, llevarse consigo sus libros, sus muebles más queridos, su ropa de cama y mesa, e incluso a su propia familia. Hay que contratar camiones de mudanza, hacer un inventario de lo que uno decide transportar, supervisar el proceso de empaquetado, ver dónde se guarda lo que uno deja atrás.

La esposa de un diplomático de carrera sabe que esto le esperará repetidas veces a lo largo de su vida; lo sabe y lo paladea («¿Qué hacemos con los juegos de sábanas de hilo; compramos allí unos nuevos?», «¿De verdad quieres que nos llevemos las dos mesillas de noche?»). Igual que haberse casado con un torero no es, pero casi: al principio al diplomático lo destinan a enclaves difíciles y conf lictivos que nadie elegiría motu proprio: Kinshasa, Abiyán, Islamabad… A países donde hay que vestir el uniforme del no-parecer para mezclarse con los lugareños sin sobresaltos: unos vaqueros, una cazadora negra, unas botas marrones discretas o, en lugares de primavera perpetua, unas sandalias de cuero. Aun así, una f lecha invisible se desplazará junto a ellos señalándolos en todo momento, designándolos inevitablemente como forasteros.

La cosa mejora años después: tras el periplo por Argel o Nairobi, los destinos les acercan más a una Europa periférica -Letonia, Hungría, Malta- o a países importantes de América Latina como México, Argentina o Brasil. Pero no será hasta mucho tiempo después, una vez que sus hijos hayan concluido su educación en los Lycées Français o American Schools de todo el planeta, cuando los destinos más golosos les serán ofrecidos. Los lugares exentos de males endémicos, de mosquitos transmisores de enfermedades; las metrópolis oficiales del mundo, desbordantes de arte y de cultura: Londres, Berlín o Nueva York, esas que están siempre en la mente de todos.

«Qué bien vive esta gente», es el comentario casi inevitable de muchos cuando la conversación gira en torno a embajadores y cónsules.

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