Ficha técnica

Título: El Funambulista | Autor:  Jean Genet  | Traducción: Regina López Muñoz | Editorial: Errata Naturae | Colección: El pasaje de los panoramas | Formato: 14 × 21,5 | Páginas: 56 | ISBN: 978-84-16544-11-0 | Fecha: nov/2016 | Precio: 8,50 euros

El Funambulista

ERRATA NATURAE

A mediados de los años cincuenta, Jean Genet, de cuarenta y cinco años, conoce al jovencísimo acróbata de suelo y malabarista Abdallah Bentaga. Muy pronto lo convierte en su amante y en su protegido, incitándolo a transformarse en un funambulista, es decir, el acróbata de más prestigio, el artista de circo de mayor gracia y elegancia, pero también el más cercano a la muerte.

Vive con él una bellísima historia de amor y un periodo enormemente creativo. Y para él escribe este texto, un largo poema de amor en prosa y, además, una suerte de teoría estética: variaciones sobre una dramaturgia del circo, el teatro y la danza; reflexiones sobre el artista en el mundo, la soledad y la ambivalencia del actor; el ir y venir entre el olvido y la gloria, la luz y la sombra, la apariencia y la realidad.

Como el cable de acero del funambulista, Genet tensa las palabras, las hace brillar, las destila para su amante, y escribe uno de sus textos más perfectos.

Tras una grave caída en un espectáculo, Abdallah abandonó la acrobacia y, al poco, Genet, en cierto modo, lo abandonó a él.

Sintiéndose fracasado, el joven funambulista se suicidó en 1964. Genet, que se consideraría responsable el resto de su vida, fue precisamente quien encontró el cadáver junto a la policía, alertada por los vecinos… y sólo después del entierro, cuando volvió a su hotel, pudo llorar. Hacía treinta años que no lloraba.

 

Prólogo

Cuentan que Zaratustra, al cabo de su milenario exilio, regresó entre los hombres para comunicarles su renovada inocencia. Y cuentan también que cuando llegó a la ciudad más próxima, aprovechó que la multitud estaba reunida en la plaza, esperando la actuación de un volatinero, para mostrarles el espacio donde el hombre debía conquistar su señorío y su grandeza. El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre: una cuerda sobre un abismo. Y cuentan que señaló con su índice el alambre.

Horizonte de tensa realidad, hasta el punto de que apenas nada en él es real, siendo tan sólo el filo de todos los espacios posibles: el alambre. ¿Cómo habitar un territorio así?

Y, sin embargo, ¿cómo no hacerlo? ¿Acaso le es posible al hombre ponerse en pie sobre otra cosa sino sobre el riesgo? Mil peligros y una promesa; mil amenazas y apenas un estribo: frente a frente, los ejércitos del azar y el empeño de una aventura.

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