Ficha técnica

Título: El financiero | Autor: Theodore Dreiser | Editorial: Capitan Swing | Presentación: César de Vicente | Traducción: Mª Luisa R. Tapia | ISBN: 978-84-938985-9-5 | Tamaño:  13x21cm  | Páginas: 568 | PVP: 20,5 € 

El financiero

 
 
Frank Cowperwood (personaje inspirado de forma evidente en el magnate Charles Tyson Yerkes) es un hombre de negocios ferozmente ambicioso, la encarnación misma de la codicia, que busca satisfacción de forma despiadada en la riqueza, las mujeres y el poder. Negocia, trampea, traiciona y a su vez es traicionado. Su auge y caída representan la historia del éxito americano, desnudándolo hasta su realidad más brutal: una lucha por los despojos sin escrúpulos ni piedad.

Maestro del naturalismo más descarnado, Dreiser explora en El financiero la corrupción del sueño americano. Publicado en 1912, sigue siendo una crítica social implacable, así como un devastador análisis de uno de los más inolvidables hombres de negocios de la literatura del siglo XX. Sinclair Lewis afirmó: «Dreiser, más que ningún otro escritor, ha borrado todo rastro de timidez y amaneramiento en la narrativa norteamericana […] Sin su ejemplo pionero, me pregunto si cualquiera de nosotros, a menos que quisiera terminar en la cárcel, podría tratar de expresar la vida, la belleza y el terror».

 

  CAPÍTULO I

 

La Filadelfia en la que nació Frank Algernon Cowperwood era una ciudad de más de 250.000 habitantes. Estaba llena de bellos parques, notables edificios y recuerdos históricos. Muchas cosas de las que conocemos, de las que conoció él después, no existían todavía entonces: el telégrafo, el teléfono, los envíos urgentes, el transatlántico de vapor, el correo urbano. No había sellos ni cartas certificadas. El tranvía no había aparecido aún. En su lugar había multitud de ómnibus y, para viajes más largos, la red de ferrocarril, que iba desarrollándose poco a poco y estaba aún muy unida a los canales.

El padre de Cowperwood era empleado de banca cuando nació Frank, pero diez años más tarde, cuando el niño estaba ya empezando a arrojar una mirada sensible y enérgica sobre el mundo, el señor Henry Worthington Cowperwood, debido al fallecimiento del presidente del banco y la consiguiente subida en el escalafón de los demás empleados, heredó la plaza dejada por el pagador recién ascendido, con el salario, para él espléndido, de 3.500 dólares al año. Lo primero que decidió, y así se lo dijo a su mujer lleno de júbilo, fue trasladar a su familia del 21 de la calle Buttonwood al 124 de la calle Market, un barrio mucho mejor, en el que había una bonita casa de ladrillo, de tres pisos, en lugar de su vivienda hasta entonces, de dos. Existía la probabilidad de que algún día tuvieran algo mejor, pero, por el momento, aquello era suficiente. Se sintió sumamente satisfecho.

 

 

 

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