Ficha técnica

Título: El espejo roto | Autor: Elias Khoury | Traducción: Jaime Ferrer Carmona | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Formato: Tapa blanda con solapa | Medidas: 150 X 240 mm | Páginas: 480 | ISBN: 9788420417226 | Precio: 19.50 euros | Ebook: 9,99 euros

El espejo roto

ALFAGUARA

Ganador del Premio Palestina, el Premio Oueis de literatura en lengua árabe y el Premio IMA para novela árabe. En la noche de su cuarenta cumpleaños el médico libanés Karim Chammás aguarda un taxi que lo llevará al aeropuerto para volver a Montpellier, donde vive con su mujer francesa y sus hijas.

Después de diez años fuera del Líbano, había regresado a Beirut aceptando la propuesta de su hermano Nasim de dirigir un hospital. Durante ese viaje vive dos historias de amor y, sobre todo, ve cómo la relación con Nasim empeora sin remedio. El país sigue sumido en una guerra cruenta y sus antiguos compañeros de izquierdas han sacrificado sus ideales y están dispuestos a negociar con los grupos islamistas. Los constantes disparos acompañan su espera. El Líbano ya no es su país, pero ¿regresará finalmente a Francia?

La crítica ha dicho…

«Una de las voces más interesantes e innovadoras de la escena internacional.» Eduardo Lago, El País

«Khoury maneja con maestría el suspense. Y ahí está Beirut, sensual y cruel.» Corriere della Sera

«Los Ángeles tiene a Joan Didion y Raymond Chandler; Estambul, a Orhan Pamuk. La hermosa y fuerte ciudad de Beirut pertenece a Khoury.» Los Angeles Times

«La obra reúne todos los ingredientes para convertirse en un éxito literario: romance, política, la guerra civil del Líbano, fundamentalismo islámico…» Álvaro Abella, La Atalaya del Traductor

«Elias Khoury seduce a través de su prosa vibrante, conmovedora y humorística.» Le Monde des livres

«Las historias de Elias Khoury son a veces tiernas, otras crudas, violentas o apasionadas, pero siempre profundamente literarias.» Yasmina Jreissati, L’Orient littéraire

«La historia del Líbano y su impenetrable mosaico de comunidades religiosas y facciones políticas coexisten en un territorio diminuto situado entre Israel y Siria, como un caleidoscopio que gira enloquecidamente. Esta deslumbrante novela de Elias Khoury es una introducción poderosísima en todos los sentidos.» La Cause littéraire

«Brillante. Elias Khoury es un artista que da voz a exiliados humildes y refugiados cautivos, a fronteras que se disuelven e identidades que cambian, a exigencias radicales y nuevos lenguajes. Desde esta perspectiva, la obra de Khoury le da a Mahfuz una inevitable aunque profundamente respetuosa despedida.»  Edward Said

[Comienzo del primer capítulo]

Karim Chammás se agachó y sacó el equipaje del maletero del taxi, un Mercedes negro que debía llevarlo al aeropuerto de Beirut para coger el avión de vuelta a Montpellier.

Eran casi las cinco y media de la mañana, estaba amaneciendo y el sol se teñía de polvo y tinieblas.

El día anterior había llovido. Así solía ser, que los truenos anunciaran la llegada del invierno, pero esta vez venían acompañados del estruendo de los bombardeos que sin rumbo fijo recorrían la ciudad.

Esa iba a ser la última noche de Karim Chammás en el Líbano y no había podido conciliar el sueño. Sentado en el sofá, bebió más de la cuenta, encadenó bostezos y esperó a que amaneciera escuchando el rumor cadencioso de la lluvia y el estallido de los truenos.

Acababa de cumplir cuarenta años en la más absoluta soledad. Gazale se había esfumado, Muna estaba en Canadá, labrándose un futuro, y él se había quedado solo. Bernadette lo había llamado dos días antes y le había pedido que regresara para el 4 de enero. Su esposa quería celebrar en familia el primer día de su quinta década de vida. Karim se excusó. No había encontrado plaza en ningún vuelo hasta el día 5. Bernadette murmuró algo, hizo ver que le creía y colgó el teléfono.

Estaba solo, y decidió que había llegado el momento de recomponer su vida ante un vaso de whisky, un plato de almendras saladas y tostadas y las tinieblas que lo envolvían. No había luz, y la vela bailaba transformando los objetos en sombras fantasmales que se proyectaban en las paredes. Sin electricidad, Karim tuvo que beberse el whisky sin hielo, y al poco rato el estómago le ardía.

Su vida era un espejo roto. Había mentido mucho y le habían mentido mucho, y al final había cometido el error de regresar a Beirut con la idea de construir un hospital junto a su hermano. Aquella decisión había desbaratado y desencajado toda su historia, con lo cual iba a ser muy complicado recoger los fragmentos y devolver parte de la coherencia a una vida que se había desgarrado.

Esperaba y bebía porque tenía el convencimiento de que ella llamaría. Pero el teléfono no sonaba y ella no llamaba, y cuando decía ella, ya no sabía muy bien a quién se refería. Después de lo ocurrido, ¿a quién esperaba?

¿A Gazale? ¿A Muna? ¿Para qué? ¿Para cerrar los ojos y dormirse escuchando sus amoríos con un italiano? También veía a Hind, veía sus ojos grises y su indisimulado sonrojo, su tez morena y su cara alargada y triste, y recordaba aquel amor que el miedo mató, el amor que se tuvo que hacer secreto y del que era imposible hablar.

La ciudad se precipitaba en un valle de tinieblas, sus voces lo rodeaban y delante de él se dibujaban las palabras de su hermano. Veía la ciudad, al borde del valle, y sentía que resbalaba en un abismo sin fondo. El carguero había ardido en alta mar, le contó Nasim, y lo había perdido todo de golpe. No podría continuar con el proyecto del hospital e incluso tendría que vender la casa para saldar las deudas. Karim no necesitaba recibir la noticia de que el barco cargado de combustible había naufragado para darse cuenta de que el proyecto no saldría adelante y de que tendría que volver a Francia, fracasado y frustrado. Antes, con Gazale, ya había descubierto que en Beirut todo era frágil e inestable, y con la historia de la muerte del padre, Nasri, había acabado de comprender que el proyecto de Nasim no era más que una ilusión.

Sentado, esperaba, pero no sabía a quién, porque no hay modo de identificar las emociones cuando el amor se convierte en una simple espera del amor.

¿Por qué se había metido en aquel lío? ¿Podía considerar que había sido infiel a su esposa? Karim no había sentido nunca antes que la engañara. En Francia había entablado relaciones pasajeras con enfermeras, con pacientes francesas y marroquíes, pero nunca sintió que nada de aquello se asemejara a la traición, quizás porque nunca había amado a Bernadette y su piel blanca. O quizás, al contrario, no lo había sentido porque la amaba. No lo sabía. Solo en Beirut sintió los puñales de la traición: Gazale lo había traicionado con un joven miliciano de nombre extraño; Muna lo había traicionado con su esposo, el arquitecto que había decidido emigrar a Canadá; Hind, con sus recuerdos, lo había traicionado.

Estaba sumido en la oscuridad, absorto en la recomposición de su vida, cuando de repente sonó el teléfono. Descolgó y escuchó la voz de su esposa salida de algún lugar lejano, profundo, que lo despertaba de la espera ilusoria. Karim gritó: «¡Diga! ¡Diga!»,pero la línea se cortó abruptamente.

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