Ficha técnica

Título: El espejo de un hombre | Autor: Stephen Greenblatt | Traducción: Juan Rebasseda Gascón y Teófilo de Lozoya | Editorial: Debolsillo | Colección: Ensayo-biografía | Formato: Bolsillo | Páginas: 544 | Medidas: 142 X 217 mm | ISBN: 9788466329255 | Fecha: 01/2016 | Precio: 14.95 euros | Ebook: 12,99

El espejo de un hombre

DEBOLSILLO

Son muchos los que consideran a William Shakespeare el mejor escritor de todos los tiempos por su ingenio, la universalidad de sus conflictos, la profundidad de los personajes, la revolución sin precedentes que supuso su obra… Pocos autores han marcado un antes y un después de forma tan incuestionable. Sin embargo, casi nada se sabe con certeza de su vida. Durante siglos se han sucedido especulaciones de todo tipo, sin que ninguna arrojara luz convincente sobre el gran misterio.

Stephen Greenblatt, uno de los mayores expertos en Shakespeare, propone aquí una original hipótesis arropándose en la obra misma del dramaturgo y en la de sus coetáneos. De un modo similar a la manera en que Hamlet observaba la efigie de su padre («Una combinación y una forma sin duda / en las que cada dios parece / haber puesto su sello / para mostrar al mundo el espejo de un hombre»), así mismo es este libro mucho más que una biografía. También es un riguroso estudio de los escritos de Shakespeare y, sobre todo, un magnífico retrato de la Inglaterra isabelina.

Reseñas:
«Asombrosamente bueno. Es el libro más inteligente y sofisticado, y también el estudio más colosalmente apasionado que he leído jamás sobre la vida y obra de Shakespeare.» Adam Gopnik, The New Yorker

«Un libro de lectura compulsiva, original como pocos. Greenblatt ha conducido la investigación más empática posible sobre el modo en que las experiencias vitales de Shakespeare penetraron en sus obras.» Stanley Wells

«Tan absorbente, lúcido y coherente que su llegada no es solo bienvenida sino motivo de celebración.» Dan Cryer, Newsday

«Elocuentemente escrito, ricamente detallado y revelador desde el primero hasta el último capítulo […]. Es inevitable que logre un lugar entre los estudios esenciales de losmejoresescritores.» William E. Cain, Boston Sunday Globe

«Una magnífica hazaña.» Denis Donoghue

«Una deslumbrante e ingeniosa biografía.» Richard Lacayo, Time

«Greenblatt evoca con concisión y vívidamente el mundo isabelino.» Mitchiko Kakutami, The New York Times

 

PREFACIO

Un joven de una pequeña ciudad de provincias – un hombre sin fortuna personal, sin contactos familiares importantes y sin educación universitaria- se traslada a Londres a finales de la década de 1580 y, en un tiempo considerablemente breve, se convierte en el mejor dramaturgo no tan solo de su época, sino de todos los tiempos. Sus obras causan sensación entre los individuos cultos y los analfabetos, entre el sofisticado público urbano y las gentes de provincias que asisten por primera vez a una representación teatral. Consigue que el público ría y llore; convierte la política en poesía; combina arriesgadamente la payasada vulgar y la sutileza filosófica. Sabe adentrarse con la misma penetración tanto en la vida privada de los reyes como en la de los mendigos; en un momento dado parece haber estudiado derecho, en otro teología, en otro historia antigua, y tiene al mismo tiempo la virtud de imitar los acentos de los pueblerinos y de deleitarse con cuentos de viejas. ¿Cómo explicar un éxito de tal magnitud? ¿Cómo Shakespeare se convirtió en Shakespeare?

El teatro, tanto en tiempos de Shakespeare como en los nuestros, es una forma de arte sumamente social, no un juego de abstracciones aburridas. Había un tipo de obra teatral en la época de Isabel y Jacobo que no se mostraba en público; los llamados closet dramas no se componían para ser representados, y a veces ni para ser impresos. Estaban destinados a ser leídos en la privacidad de un pequeño cuarto, preferiblemente sin ventanas. Pero las obras de Shakespeare se anunciaban siempre públicamente: estaban, y están, en el mundo; y pertenecían, y pertenecen, al mundo. Shakespeare no se limitaba a escribir una serie de actos para una despiadada industria comercial del entretenimiento; también escribía guiones que reflejaban claramente las realidades sociales y políticas de su tiempo. Difícilmente habría podido hacer otra cosa: para mantenerse a flote, la compañía teatral de la que era accionista debía atraer diariamente entre mil quinientos y dos mil clientes – dispuestos a pagar su entrada- hacia el corral de paredes de madera en el que tenían lugar las representaciones, y la competencia con las otras compañías rivales era feroz. La clave no era tanto la actualidad – con la censura del gobierno y con las compañías de repertorio reciclando, a menudo con éxito, los mismos guiones año tras año, habría sido muy arriesgado ser rabiosamente actual -como la intensidad del interés. Shakespeare tenía que contactar con los deseos y los miedos más profundos e íntimos de su público, y el insólito éxito que alcanzó en su propia época indica que lo logró con brillantez. Prácticamente todos los dramaturgos que intentaban hacerle sombra se vieron abocados a la miseria; Shakespeare, en cambio, acumuló dinero suficiente para adquirir una de las mejores casas de su localidad, a la que se retiró a sus cincuenta y tantos, convertido en un hombre hecho a sí mismo.

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