Ficha técnica

Título: El enemigo declarado | Autor: Jean Genet | Editorial: errata naturae | Colección: La muchacha de dos cabezas | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-937889-7-1 | Páginas: 424 | Formato:  14 x 21,5 cm. | PVP: 24,50 € | Publicación: 29 de Noviembre 2010

El enemigo declarado

ERRATA NATURAE

Se cumplen ahora cien años del nacimiento de Jean Genet, y Errata naturae publica por vez primera en castellano este importante volumen, que recoge todos sus artículos, en-trevistas, declaraciones, prefacios, manifiestos o discursos de 1964 a 1986. Tanto la originalidad de los planteamientos y enfoques, como el tono empleado por su autor convierten estos textos en una suerte de testamento ideológico y vital, verdadero corazón de la obra literaria de uno de los escritores más revolucionarios e innovadores del siglo XX. Su testimonio, sobre muchos problemas que siguen siendo hoy actuales, se alza sobre una extraña paradoja: Genet fue, sin duda, uno de los escritores más solitarios y apartados de la vida en sociedad y, al mismo tiempo, uno de los más comprometidos con la realidad de su época.

Del París de Mayo del 68 a Yale, en cuya universidad pronunció su famoso discurso a favor de los Panteras Negras; de los campos de refugiados de Sabra y Chatila a la Convención del Partido Demócrata en Chicago, este libro refleja como pocos, y con una intensidad literaria tan vehemente como poderosa, la vida en las fronteras del Imperio, una vida que Genet vivió siempre del lado de los excluidos y los rebeldes. Una obra clave, sin duda, para entender y situar el pensamiento de una figura intelectual que fue mucho más que un escritor. 

 

EL ENEMIGO DECLARADO  

J. G. busca, o rebusca, o querría descubrir, pero nunca descubrirlo, al delicioso enemigo desarmado, cuyo equilibrio es inestable, de perfil incierto, de aspecto inadmisible, al enemigo al que un soplo tumba, al esclavo ya humillado que se tira por la ventana cuando se le hace una señal, al enemigo vencido: ciego, sordo, mudo. Sin brazos, sin piernas, sin vientre, sin corazón, sin sexo, sin cabeza, en suma, al enemigo completo, que lleva en sí mismo las marcas de mi bestialidad, que ya nunca -es demasiado perezosa- se ejercerá. Querría el enemigo total, que me odiaría sin medida y con toda espontaneidad, pero el enemigo sumiso, vencido por mí antes de conocerme. Y, en todo caso, irreconciliable conmigo. Nada de amigos. Sobre todo, nada de amigos: un enemigo declarado, pero no desgarrado. Neto, sin falla. ¿De qué colores? Que fuese de un verde muy suave a un violeta efervescente, como una cereza. ¿Su estatura? Entre nosotros, que se presente ante mí de hombre a hombre. Nada de amigos. Busco un enemigo que desfallece, que se dirige a la capitulación. Le daré todo lo que pueda: bofetadas, tortas, patadas, haré que le muerdan zorros hambrientos, le obligaré a comer comida inglesa, a asistir a la Cámara de los Lores, haré que se le reciba en Buckingham Palace, que folle con el príncipe Felipe, que el príncipe se lo folle, lo haré vivir un mes en Londres, que se vista como yo, que duerma en mi lugar, que viva en mi lugar: busco al enemigo declarado.

    En septiembre de 1975, se pensó publicar este texto en un libro colectivo de homenajes a William Burroughs y Brion Gysin: finalmente, Genet descartó esa posibilidad. Pero en las pocas líneas que debían servir de introducción al texto, Brion Gysin, pintor y poeta americano, recuerda las circunstancias de su redacción. Las añadimos a continuación como presentación, puesto que explican el status de este texto ambiguo, a un tiempo divertido, cruel y grave, que toma prestadas las fórmulas del pastiche (especialmente las de los «anuncios por palabras»), para desviarlas por vías más sutiles:

    «En 1970, en Tánger, Jean Genet me preguntó qué había ocurrido con el periódico underground inglés International Times. Cuando le respondí que los editores estaban en una situación difícil ante la ley inglesa debido a los anuncios por palabras en los que se buscaban amistades particulares, exclamó: «¿Amistades? ¡Yo lo que busco es un enemigo que esté a mi altura!». Y escribió estas líneas…».

    Que Genet desease que la publicación que compilaba sus textos políticos estuviese precedida por este texto conlleva una indicación, que es imposible ignorar, no sólo acerca de la identidad de su autor, en parte similar a un personaje de ficción («J. G. busca o rebusca…»), sino también sobre cómo han de leerse los diferentes escritos de esta compilación, de los que se nos da aquí, de golpe, el tono general y la clave secreta.

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