Ficha técnica

Título: El elixir de la inmortalidad | Autor: Gabi Gleichmann | Traducción:  Cristina Gómez Baggethun | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Páginas: 672 | ISBN 978-84-339-7903-2 | Precio: 24,90 euros  | Ebook: 16,99 euros

El elixir de la inmortalidad

ANAGRAMA

Un hombre sin hijos, Ari Spinoza, agoniza en Oslo en 1999. Su muerte supondrá la desaparición de la historia de la familia Spinoza, que sólo podrá mantenerse viva por medio de sus relatos. Por eso Ari se ha propuesto escribir dicha historia tal como se la contó en Budapest su tío abuelo Fernando cuando él era un chiquillo.

Ari plasma los fantásticos destinos y misterios de su familia en una narración que comienza en Lisboa en el siglo XII y serpentea a través de Europa y de los siglos. Durante generaciones, los primogénitos varones de la familia judía Spinoza han guardado el secreto de la fabricación del elixir de la inmortalidad y también han tenido vidas intrincadas, muertes súbitas y unas narices descomunales.

A lo largo de ocho siglos cada conocedor del secreto se encontrará con un destino increíble y marcará la historia de Europa, atravesando así la Inquisición, el Siglo de las Luces, la Revolución Francesa, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el comunismo. Anécdotas, narraciones de todos los géneros, cuentos, consideraciones religiosas…, en lo que constituye un repaso a toda la historia del continente. En él encontramos al judío errante Salman de Espinoza, el único que ingiere el elixir y que llega a cumplir trescientos cincuenta años; a Voltaire, incapaz de resistirse a los encantos de la joven Shoshana, de sólo diecisiete años; a Hitler y a Stalin, inmersos en una partida de ajedrez; y a Freud diagnosticando a un paciente a distancia…

Una ópera prima muy inusual, con mucho humor y que de un modo mágico y colorido relata el destino de tan singular familia.

«Ambiciosa novela, de estructura fragmentaria, que hilvana pequeñas historias desde el siglo XII hasta el XX y que mezcla una encomiable imaginación novelesca con asuntos y personas reales» (Toni Montesinos, La Razón).

«Un libro extraordinario… Es uno de esos libros que hacen que uno exclame: ¡qué gran editor el que se atrevió a publicarlo!» (Juan Cruz, TVE «La noche en 24 horas»).

«Gabi Gleichmann hace su debut literario con una reescritura apasionante de la historia de Europa en los últimos ocho siglos a través de una familia judía y un secreto… En ese fascinante viaje, Gleichmann nos lleva desde Espinosa, de donde era originario Baruch, el Bendito, a la Lisboa del rey Alfonso Enríquez, el refinado reino de Granada, la Córdoba donde las tres culturas ya estaban dejando paso a una sola, la de la Inquisición, y de ahí a la Diáspora, el exilio en Amsterdam, después Roma, París, Viena o la Alemania nazi para acabar recalando en el Budapest comunista y terminar en Oslo, donde no por casualidad reside el propio escritor, hijo de padres judíos. Una familia y un libro, una familia y un destino, pero también una familia y sus múltiples pequeñas historias» (Isabel Gómez Melenchón, La Vanguardia).

PRÓLOGO

Durante mucho tiempo las palabras no quisieron comparecer. Mi madre yacía en la cama ante mí, callada y encerrada en sí misma, vestida sólo con un fino camisón y con la mirada congelada en un punto invisible del techo. Respiraba con ligereza y tenía el cuerpo casi inmóvil. Yo mantenía su mano en la mía, esperando que me diera un apretón, pero su mano permanecía fría e inerte.

Fue un día de noviembre de hace diez años bajo un infinito cielo azul. El viento soplaba a ratos y una fina capa de nieve recién caída se había posado sobre Oslo. Aunque brillaba el sol, el aire tenía una punzada de frío invernal y allá abajo, en el continente, la gente derribaba con sus manos el muro que había dividido Europa en dos.

Por una vez, mi padre había llamado por la mañana temprano y, con entonación contenida, me había dicho que mi madre no se encontraba bien y que, dadas las circunstancias, era mejor que me abstuviera de visitarla. Mi primera reacción fue de alivio.  

Que mi madre no estaba bien, que los dolores eran insoportables y que estaba agonizando, era lo que llevaba oyendo todos los días desde hacía quince años. En lo que respecta al dolor no se puede decir que mi madre fuera discreta. Para soportar sus incesantes y cada vez más amargos lamentos, yo había adoptado una estrategia algo frívola. Me limitaba a no escuchar una sola palabra de lo que decía. Con el tiempo logré sentir cierta indiferencia y me convencí a mí mismo de que mientras fuera capaz de quejarse, no había motivos para preocuparse por su salud. Probablemente debería haber sido más considerado y haberme implicado más.

En el mismo momento en que mi padre se apresuró a añadir que estaba demasiado mal para ponerse al teléfono, comprendí, con una fuerza y un peso que no había sentido en muchos años, que mi madre nos estaba abandonando. Hasta ese momento no me di cuenta de lo poco preparado que estaba para la situación y supe que me iba a arrepentir el resto de mi vida.

Ignorante de la verdad -que a mi madre sólo le quedaba media hora del tiempo que le había sido destinado-, pulsé el timbre del hogar de mis padres y mi padre me recibió con un gesto apesadumbrado que subrayaba la solemnidad e importancia del momento. Me senté a la vera de mi madre en la cama y la contemplé. Tenía el rostro blanco, casi transparente, y el pelo despeinado caía sobre su frente otorgándole un aspecto algo aniñado.

¿Quién era en realidad la mujer que yacía ahí? Me era tan conocida, tan cercana, y a la vez tan distante. Mientras la miraba, buscaba frenéticamente imágenes de ella en mi memoria. Pero era en vano, no la encontraba por ninguna parte.

De pronto entendí que había sentido vergüenza cuando mi madre se aisló del mundo y se encerró en su dormitorio para que nadie perturbara su trato con los demonios de los más oscuros paisajes de su imaginación. Comprendí que por eso la había apartado de mí tan concienzudamente que incluso había reprimido los recuerdos más cálidos que tenía de ella. Me asustó mi egoísmo y quise hablar francamente con ella sobre todas esas cosas que nunca nos habíamos dicho. Pero por mucho que me esforcé, las palabras se negaron a salir.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]