Ficha técnica

Título: El elefante desaparece | Autor: Haruki Murakami | Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés | Editorial: Tusquets | Colección: Andanzas | Formato: 14,8 x 22,5 cm. | Presentación: Rústica con solapas | Fecha: mar/2016 | Páginas: 352 | ISBN: 978-84-9066-241-0 | Precio: 19,90 euros | Ebook: 12,99 euros

El elefante desaparece

TUSQUETS

Un hombre que se obsesiona con la insólita y misteriosa desaparición del elefante de un zoo, un abogado en paro que recibe el encargo de su mujer de encontrar a su gato, una pareja de recién casados que deciden atracar un MacDonald’s en plena noche, una curiosa digresión sobre los canguros, un enano diabólico que baila, un joven empeñado en burlarse de su futuro cuñado, un pirómano confeso…

Los protagonistas de todos los relatos que componen este volumen esperan algo. Un accidente, un hecho azaroso. Al contrario que esta obra, donde nada, absolutamente nada, queda al azar. Alternando páginas inquietantes e hilarantes, El elefante desaparece es una prueba más de la capacidad de Murakami para cruzar la frontera entre lo cotidiano más realista y lo fantástico, transformando así la trivialidad de nuestras vidas.

[Comienzo del libro]

Supe por el periódico que el elefante de la ciudad había desaparecido de su recinto. El despertador había sonado a las 6.13 de la mañana, como todos los días. Fui a la cocina para preparar café, hice unas tostadas, sintonicé una emisora FM en la radio y extendí el periódico de la mañana sobre la mesa mientras me comía la tostada. Acostumbro a leer el periódico desde la primera página, por lo que tardé un tiempo considerable en llegar a la noticia del elefante. La primera página publicaba un artículo sobre las tensiones comerciales con Estados Unidos, luego había otros sobre la SDI, sobre política nacional, internacional, economía, una tribuna libre, una crítica literaria, varios anuncios de agencias inmobiliarias, titulares de deportes y, en un rincón, una llamada a las noticias locales.

El artículo sobre la desaparición del elefante abría la sección local: ELEFANTE DESAPARECIDO EN UN DISTRITO DE TOKIO, decía. Más abajo, el subtítulo, en un cuerpo más pequeño, continuaba: «Se extiende la inquietud entre los ciudadanos, que exigen responsabilidades». Publicaba una foto en la que se veía a un grupo de policías investigando dentro del recinto del elefante. Sin su ocupante, la imagen de la jaula resultaba poco natural, como un gigante disecado al que le hubieran quitado los intestinos.

Sacudí las migas de pan que habían caído encima del periódico y leí atentamente el artículo. Al parecer, la gente había notado su ausencia el 18 de mayo, es decir, el día antes, sobre las dos de la tarde. El encargado de suministrar la comida llegó con el camión, como de costumbre, y se dio cuenta de que el recinto estaba vacío. (La dieta principal del animal eran los restos de la comida de los niños de un colegio público de los alrededores.) Los grilletes de hierro de sus patas tenían la llave puesta, como si él mismo se los hubiera quitado. No solo había desaparecido él, también su cuidador.

Según el artículo, la última vez que los habían visto fue el día antes (el 17 de mayo) pasadas las cinco de la tarde. Había ido un grupo de cinco niños del colegio a dibujar el elefante y se marcharon a esa hora. Fueron los últimos en verlo a él y al cuidador. Nadie más los vio después. El personal del zoo cerró el acceso al recinto a las seis y ya no entró nadie más.

Nadie observó nada anormal, ni en el elefante ni en su cuidador. Al menos eso dijeron los niños. El elefante estaba en mitad del recinto tan tranquilo como de costumbre. De vez en cuando balanceaba la trompa a izquierda y derecha y entornaba sus ojos rodeados de arrugas. Estaba tan viejo que le costaba moverse, y quienes lo veían por primera vez sentían que en cualquier momento podía derrumbarse, dejar de respirar.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]