Ficha técnica

Título: El dictador, los demonios y otras crónica | Autor: Jon Lee Anderson | Editorial: Anagrama | ISBN: 978-84-339-2587-9 | Traducción: Antonio-Prometeo Moya | Colección: CR 87 | Año publicación: 2009 | Precio: 21,5 |
Páginas: 384 | Ilustración: foto © Christopher Anderson, Magnum Photos / Contacto

El dictador, los demonios y otras crónicas

EDITORIAL ANAGRAMA

 

El dictador, los demonios y otras crónicas es una colección de reportajes, publicados previamente en la revista The New Yorker y compilados expresamente para Anagrama, sobre personajes y paisajes políticos de España y Latinoamérica que no sólo reflejan un oficio y una capacidad de síntesis depurados por el tiempo y la experiencia, sino que pueden proponerse como modelos de un estilo periodístico y una forma de contar el presente. Por estas páginas desfilan el rey Juan Carlos en la España de los bandazos, Augusto Pinochet antes de saber lo que le preparaba el juez Baltasar Garzón, el solitario y espectacular Hugo Chávez en una Venezuela plagada de contrastes y miseria, el decrépito Fidel Castro en una Cuba que no parece tener salida satisfactoria para nadie, el envejecido García Márquez en el polvorín colombiano, los restos de Federico García Lorca en un tira y afloja entre lo político y lo sentimental, y el asombroso paisaje de las favelas brasileñas, donde florece la extraña mística del delito entre la corrupción administrativa y la miseria.

Aunando la larga tradición de la semblanza crítica fundada por los clásicos grecolatinos y el periodismo en directo en la línea de John Reed y George Orwell, Jon Lee Anderson pinta retratos que se caracterizan por la sencillez y concisión de las descripciones, la agudeza política de los comentarios, el hábil trazado de los contextos, la atención por el detalle iluminador y la concepción literaria del discurso periodístico.

Su método de investigación es rigurosamente empírico, busca el testimonio directo de los protagonistas y el lugar exacto de los hechos, comprueba el rumor y procura cotejar los temas polémicos con diversos interlocutores. En este sentido, Anderson tiene un olfato especial para localizar testigos representativos, aunque a costa de sudores y con multitud de contratiempos técnicos, como él mismo ha contado en entrevistas y seminarios sobre periodismo.

 

I. CARTA DESDE ANDALUCÍA: LA TUMBA DE LORCA

En Granada hay una calle estrecha que rebasa las arboladas rampas de la Alhambra y sube por una colina hasta el cementerio de la cumbre. La tierra de los alrededores es de un rojo subido y los olivos que motean las suaves terrazas son verdigrises y muy viejos. La tapia del cementerio, de ladrillo enyesado, es alta, larga y del mismo color que la tierra, y está coronada por tejas. Hay en todo una agradable simetría.

En la esquina de abajo por la izquierda de la tapia, en un tramo de unos seis metros de anchura, hay unos boquetes del tamaño de un huevo, impactos de proyectiles que dan fe de los fusilamientos que se perpetraron allí en el verano de 1936. Murieron más de mil personas, conducidas al cementerio por la noche en camiones descubiertos. Los turistas norteamericanos que se alojaban en las pensiones camino abajo hablaron después del horror de ser despertados antes del alba por los chirriantes cambios de marcha de los camiones que subían con su lúgubre cargamento, y minutos después por los inconfundibles estampidos de las descargas. Uno de los fusilados del cementerio fue el socialista Manuel Fernández-Montesinos, que acababa de ser elegido alcalde de Granada. Fue fusilado el 16 de agosto con otras doscientas treinta personas. Aquel mismo día detuvieron en la ciudad a su cuñado, el poeta Federico García Lorca, ya internacionalmente conocido. Dos días después fue asesinado en una ladera solitaria, en un barranco en las afueras de Alfacar, un pueblo situado a unos kilómetros de Granada. 

 

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