Ficha técnica

Título:  El día que la Virgen llegó a la luna | Autor: Rolf Bauerdick|  Traducción:  Paula Aguiriano Aizpurua | Editorial: Salamandra | Colección:  Narrativa | Género: Novela | ISBN: 978-84-9838-418-5| Páginas: 448 | Encuadernación: Rústica |  PVP: 20,00 € | Publicación: 2012

El día que la Virgen llegó a la luna

SALAMANDRA

Un mundo insólito, multirracial y legendario, poblado por ancianos de desbordante sabiduría, gitanas valientes y funcionarios implacables, es el escenario escogido por el periodista y fotógrafo alemán Rolf Bauerdick para su exitoso debut como novelista. Con un profundo conocimiento de la cultura rumana, Bauerdick sorprende con su admirable maestría para combinar una historia de suspense con el drama y las consideraciones filosóficas en un contexto histórico real, en el que los aspectos trágicos ceden paso al humor punzante gracias a una galería de personajes que permanecerán largo tiempo en la memoria del lector.

En noviembre de 1957, la batalla por la conquista espacial está en pleno apogeo. Mientras el bloque soviético celebra el triunfal paseo de la perrita Laika a bordo del Sputnik 2, en Baia Luna, una pequeña aldea en el corazón de los Cárpatos, la apacible vida de los lugareños se ve perturbada por una secuencia de inquietantes acontecimientos. La maestra del pueblo, la arisca Angela Barbulescu, desaparece misteriosamente de su casa en plena noche. Casi al mismo tiempo, el párroco es encontrado muerto en su casa junto a su ama de llaves. Y poco después, también desaparece la estatua de la Virgen de la iglesia de Baia Luna, cuya llama perpetua se había apagado, inexplicablemente, unos días antes. Para el jovencísimo Pavel Botev, nieto del tabernero del pueblo y alumno de Angela, existe una relación indudable entre todos estos sucesos y está dispuesto a llegar a donde haga falta para desentrañar el misterio. Así, Pavel se encuentra proyectado a un escenario de turbias intrigas, fiestas desenfrenadas y fotos escabrosas; una maraña de corrupción que empieza en la Segunda Guerra Mundial, se extiende a los años de la guerra fría y no se resuelve hasta la muerte del dictador Ceaucescu en 1989.

 

Prólogo 

Todos en Baia Luna sabían que las visiones de Ilja Botev no eran producto del don de la clarividencia profética, sino el simple delirio de una razón trastornada. Y yo, su nieto Pavel, más que nadie. En mi juventud aún había considerado las ilusiones de mi abuelo extravagantes quimeras, consecuencia de la influencia que ejercía sobre él el gitano Dimitru Gabor, el cual se mofaba alegremente de las leyes de la razón y la lógica. Más adelante, sin embargo, a medida que el raciocinio que sostenía a mi abuelo cedía bajo sus pies, fui en buena parte responsable de que el anciano se enredara de manera cada vez más cruel en la maraña de sus fantasmas. Por supuesto, nunca fue mi intención que se convirtiera en el hazmerreír de la gente, en un pobre tonto. Pero ¿qué pensaría cualquiera de un tabernero que parte en misión confidencial montado en un carro de caballos? Convencido de que debe advertir al presidente de Estados Unidos acerca del ingeniero balístico Wernher von Braun, acerca de un sospechoso cuarto poder y acerca de un desastre político de proporciones planetarias. Y provisto de un dossier secreto, una ridícula disertación sobre el misterio de la ascensión celeste del cuerpo de María, Madre de Jesús, escrito a mano y triplemente cosido al forro de un chaquetón de lana.

      Hoy veo a mi abuelo Ilja y a su amigo gitano Dimitru con los ojos benévolos de la edad. Soy consciente de mi culpa y también de lo que les debo, a pesar de que su recuerdo poco a poco va apa gándose en Baia Luna. Hoy en día se mira hacia delante. Aquel que se detenga y eche la vista atrás es considerado un perdedor. Es el reino de la democracia. Ningún Conducator desafía ya al sol, ningún partido exige ya lealtad ciega, y la Securitate ya no encierra a los individuos rebeldes en celdas. Cualquiera puede pensar y creer lo que le plazca. Ya nadie redacta los panfletos incendiarios que antiguamente circulaban de forma clandestina. Las fronteras están abiertas. Somos ciudadanos libres. Nuestros hijos crecen en un país libre.

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