Ficha técnica

Título: El día del oprichnik | Autor: Vladimir Sorokin | Edición española: Alfaguara, enero de 2008 | ISBN: 978-84-204-7347-5 | Precio: 17 €

El día del oprichnik

EDITORIAL ALFAGUARA 

En el siglo XVI, el déspota ruso Iván el Terrible estableció la oprichnina, una especie de estado de emergencia que otorgaba al zar poderes absolutos. Una ola de terror y de sangre invadió Rusia. Los oprichniks, todopoderosos integrantes de la guardia personal de Iván, llevaban a cabo su voluntad sembrando el miedo y la muerte… Todavía en el siglo XXI este período histórico ejerce una peligrosa fascinación. Vladimir Sorokin, el más provocativo y mordaz autor de la Rusia contemporánea, ha sido el único que se ha atrevido a reflejar en la literatura las alarmantes realidades políticas de la Rusia actual. El resultado es esta aturdidora novela, corta, concentrada, sarcástica. El carácter profético de la ucronía de Sorokin la sitúa al lado de las más angustiosas visiones de Orwell y Zamiatin.

 

Extracto del libro:

Me despierta el toque suave de la azafata.

-¡Señor oprichnik! Hemos tomado tierra.

Magnífico. Echo un trago de agua mineral natural Altay y abandono el avión. La cinta semoviente me lleva al enorme edificio del flamante aeropuerto Ermak Timofeevich, de reciente construcción china. En tres ocasiones lo he visitado. Y cada vez por la misma turbia causa y en busca de la misma clarividente ayuda.

Junto al enorme monumento al paladín cosaco con su espada iluminada me esperan dos cachas del servicio de seguridad de la gran adivina. Pese a que ambos me sacan una cabeza y me doblan en anchura, al lado de la bota de granito de quien dio Siberia a Iván IV parecen dos ratoncitos en caftanes rojos de juguete.

Me acerco. Me saludan con las pertinentes reverencias y me acompañan hacia el coche. Durante el trecho siento las dentelladas del aire siberiano, más frío aún que en Orenburgo, que ya es decir. Treinta y dos bajo cero. Que se coman con patatas los agoreros foráneos esa dichosa cantinela suya del efecto invernadero global. Queda todavía nieve y frío en Rusia para ar y vender, señores míos, no lo duden.

Me acomodan en el poderoso todoterreno chino Chu Pa Chie, cuyo frontal recuerda a un morro porcino. Hoy en día estos cacharros se ven por doquier en Siberia. Fiables son, infalibles, tanto en medio del frío más atroz como del calor más tórrido. Los siberianos los llaman «jabalíes». Vamos primero por la autovía, salimos luego al camino real. Me manda aviso el líder de los pipiolos de Moscú: todo está listo para el apagamiento de la estrella, el concierto es a las 20.00. ¡Vale, estupendo, pues no me queda a mí aún tela que cortar!

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