Ficha técnica

Título: El congreso de literatura | Autor: César Aira | Editorial: Mondadori | Colección:  Literatura Mondadori| Género: Novela | ISBN: 9788439725107 | Páginas: 128 | Formato:  13,5 x 23 cm.| Encuadernación: Tapa blanda con solapa |  PVP: 14,90 € | Publicación: 22 de Marzo de 2012

El congreso de literatura

MONDADORI

César es un escritor que se gana la vida haciendo traducciones y que lleva una vida secreta de científico loco. Poco después de ganar una fortuna resolviendo el enigma centenario que encerraba el extraño monumento conocido como el Hilo de Macuto, es invitado a un congreso de literatura en la pequeña ciudad de Mérida. Camuflado bajo el aspecto de un inofensivo escritor, en realidad se propone llevar a  cabo un plan maestro: clonar a Carlos Fuentes y crear un ejército de intelectuales poderosos para así dominar el mundo. Algo que no le sale exactamente como esperaba.

«Uno de los tres o cuatro mejores escritores que escriben en español actualmente.» Roberto Bolaño

«César Aira es uno de los novelistas más provocativos e idiosincrásicos de la literatura en castellano. No hay que perdérselo.» Natasha Wimmer, The New York Times 

 

PÁGINAS DEL LIBRO

 

En un viaje que hice recientemente a Venezuela tuve la ocasión de admirar el famoso «Hilo de Macuto», una de las maravillas del Nuevo Mundo, legado de anónimos piratas, atracción del turismo y enigma sin respuesta. Un extraño monumento de ingenio que atravesó los siglos indescifrado y en el proceso se volvió parte de una Naturaleza que en esas latitudes es tan rica como todas las renovaciones que promueve. Macuto es una de las localidades costeras que se suceden a los pies de Caracas, vecina de Maiquetía, donde está el aeropuerto al que yo había llegado. Me alojaron provisoriamente en Las Quince Letras, el moderno hotel levantado frente al parador y restaurante del mismo nombre, sobre la costa misma. Mi habitación daba al mar, el Caribe enorme y a la vez íntimo, azul y brillante. El «Hilo» pasaba a cien metros del hotel; lo descubrí desde la ventana y fui a verlo.
 
   En mi infancia, como todo niño americano, yo me había empapado en vanas especulaciones sobre el Hilo de Macuto, en el que se hacía real, tangible, vestigio vivo, el mundo novelesco de los piratas. Las enciclopedias (la mía era El Tesoro de la Juventud, que nunca como en esas páginas merecía su nombre) traían esquemas y fotografías, que yo reproducía en mis cuadernos. Y en mis juegos desataba los nudos, descubría el secreto… Más tarde vi documentales sobre el Hilo en la televisión, compré algún libro sobre el tema, y tropecé con él muchas veces en mis estudios de la literatura venezolana y caribeña, donde es un leit motiv. También seguí, como todos (aunque sin un interés especial), las noticias que traían los diarios sobre nuevas teorías, nuevos intentos de descifrar el enigma… El hecho de que siempre fueran nuevos era indicio suficiente de que los anteriores habían fracasado.

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