Ficha técnica

Título: El cojo y el loco | Autor: JAIME BAYLY | Editorial: Alfaguara | Páginas: 152 | PVP: 17 euros | Publicación febrero de 2010

El cojo y el loco

EDITORIAL ALFAGUARA

 

 

 Éste es el relato brutal y vertiginoso de las vidas de dos jóvenes de la clase alta limeña, el cojo y el loco, víctimas de la crueldad y las vejaciones de sus padres, quienes los convierten en dos sujetos sin escrúpulos, dispuestos a dinamitar todo lo que encuentren en su camino. Su marginalidad proviene, en última instancia, del desajuste entre sus rasgos físicos -la cojera, la tartamudez- y los valores típicos de su clase, donde lo distinto es considerado deforme, anormal, y, por tanto, es ocultado como una infamia.

El cojo no nació cojo, pero se quedó así cuando a los ocho años padeció osteomielitis y, como consecuencia, una pierna le quedó más corta que la otra. Su padre, don Bobby, un inmigrante irlandés afincado en Perú y casado con una chilena en Lima, se enorgullece de haber obtenido éxito y dinero con sus negocios, pero se avergüenza de la defectuosa criatura que ha engendrado. Por tal motivo, apenas encuentra la oportunidad de hacerlo, lo envía a un internado en Londres. En el barco el cojo es abusado brutalmente por la tripulación. A partir de entonces se propone nunca más dejarse humillar, y pasa de ser víctima a victimario, expresando una sed de venganza irrefrenable, alimentando un espíritu desalmado en su interior que no hace más que crecer y generar desgracias con cada uno de los pasos malditos y mal dados que el cojo da en su vida, donde lo único que en él despierta interés son las motos y las armas de fuego.

El loco, Pancho, nació feo, tartamudo y desde pequeño pareció estar poseído por una lujuria incontrolable. Cuando sus padres lo envían a una alejada hacienda campestre para desembarazarse de su pesada carga, el loco conoce a Lucy, una «gringa» que vive en una propiedad cercana. Junto a ella procrea tres hijos y hasta se casa, pero justo entonces, cuando la mala suerte parecía dejar de atormentarlo, la reforma agraria lo obliga a regresar a Lima. En la capital peruana no logra adaptarse, se hace adicto a la marihuana y se niega a trabajar, abandona a su mujer -después de sorprenderla manteniendo relaciones sexuales con su padre-, a sus hijos, roba un banco y se traslada a la montaña con el propósito de desaparecer y buscarse una identidad nueva que lo aleje de su fatídico destino.

Jaime Bayly nos narra la historia de las vidas paralelas que llevan estos dos marginales de clase alta peruana, dos jóvenes marcados por una suerte ominosa. Dos malditos humillados y vejados en su niñez que se transforman en verdaderas bestias, malignas y salvajes, en una novela que retrata el lado perverso de una Lima burguesa y que, sin duda, es la más brutal de todas las escritas por el narrador peruano.

 

Primera parte

El cojo no nació cojo. Nació jodido, pero eso no lo sabían sus padres ni, por supuesto, él mismo. No nació jodido porque sus padres fuesen pobres o no lo quisieran; sus padres tenían dinero y lo esperaban con amor. Nació jodido porque su destino era el de ser cojo, cojo desde niño, y que sus padres se avergonzaran de él y lo escondieran de sus amigos y lo trataran como a un apestado. Eso, tener una pierna más corta que la otra y ser un indeseable en su propia familia, le jodió la vida.

Pero cuando nació todo era felicidad porque era el hijo mayor, el que llevaba el nombre de su padre, y porque era robusto, rollizo y varón, como sus padres deseaban, y porque lucía saludable y apuesto, a pesar de que sus padres no eran precisamente guapos. Su padre, don Bobby, era alto, flaco, enjuto, el gesto adusto, la mirada severa, la flema británica, la disciplina de hierro para hacer dinero en esa ciudad sudamericana, Lima, a la que había emigrado desde Dublín. Su madre, doña Vivian, de origen chileno, era baja y gordita, y tenía debilidad por el trago y los juegos de naipes. Se habían conocido en el casino de Valparaíso y poco después se habían casado en una iglesia de Lima.

Al cojo le llamaron Bobby porque así se llamaba su padre irlandés y así se había llamado su abuelo irlandés. Le decían Bobby o Bobby the Third o Bob. Su padre le hablaba en inglés y su madre en un español suavizado por la dulce  musicalidad del acento chileno. 

 

 

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